Compostura

26 julio 2014

41ANxGsdMvLMientras contemplaba un retrato de Philip Alexius de László, pensaba que un porte aristocrático se adquiere a base de fortaleza, de templanza, de sonrisas a tiempo y a destiempo, de recluir a la adversidad en un cubículo incómodo y diminuto donde le cueste expansionarse, pues es aquélla codiciosa de infortunios y de sombras. Hay que plantarle cara para evitar que arrebate la paz, para no caer en ese pozo de dolor que a veces azota, para no emborronar el horizonte con manchas negruzcas, para admirar, en cambio, los relucientes centelleos de la vida. Llevo ya años inmersa en esta tarea, pero a veces, como hoy, bajo la guardia y vienen los espectros, que tienen rostros y cuerpos, a zarandearme. Pese a los ultrajes, he de callar, he de fingir que estoy sola aunque una oleada de demencia se haya colado en este tranquilo hogar; no he de escuchar los delirios ajenos, no he de permitir tampoco que los acosos provoquen derribos. He de mantener la calma e ignorar la presencia de estos inquilinos de fin de semana; he de modificar durante unos días mis usos y costumbres, aun cuando se cuele el desorden. En definitiva, he de mantener la compostura y la dignidad en medio del caos, del ruido y del traqueteo; me van la vida y la salud en ello.

cartas a hedda

22 julio 2014

zambullida:

Un bonito regalo veraniego de una amiga y compañera de la blogosfera.

Originalmente publicado en la inspiracion:

índice

Recuerdo cuando pedí el libro. A veces las cosas que suceden, tienen ese halo de magia, de misterio, al tiempo que de sencillez y conexión.

Mandé un mail con mis datos a nuestra querida Zambu,  y …. con alegría recibí la contestación.. “Inspi.. eres tú… “.

Le dije que si, y le comenté que  en la dedicatoria, hiciera como .. eso, que era una anónima, pero evidentemente, cuando abrí el paquete, y la ví, me emocioné. Primero, por su letra, segundo, porque ella sabía a quien se la dedicaba, y .. tercero, porque había una conexión material.

Sabéis, me asusta que mi vida es más “vida” en esta apartada orilla del mar de bits. Que la vida off line, se me hace densa, pesada, a veces, es como si llevara todo el dia atada a mi espalda una pesada mochila que es mi vida. Y que, mientras me siento a…

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Trazos

16 julio 2014

Duermo poco y no sólo por este calor africano que ha desplazado a esa bella y grata primavera de la que algunos disfrutábamos, sino por un sinfín de motivos que, de momento, no puedo combatir. frank-benson-luz-del-sol-obras-maestrras-de-la-pintura-juan-carlos-boveriAcepto el cansancio, pues las rebeliones entrañan más fatiga y una pizca de curiosos padeceres. Me sumerjo cada tarde en la piscina y nado durante veinte minutos; sin duda, el mayor de mis placeres, el que siempre me regala sonrisas. Hoy el baño será más tardío para llevarme el frescor a la cama; anoche dormí por vez primera con la ventana abierta y protegida por una sábana setentera que hace las veces de cortina y de mosquitera; aun así, los malévolos mosquitos me han regalado dos sarpullidos muy feos y molestos a los que acaricio con algodón y amoníaco. Las hormigas recorren los marcos de algunas puertas y ventanas; cada día recojo cientos de cadáveres, pese a las trampas.

El fuego se irá de improviso, tal y como vino, y con la frescura, regresarán templanza y raciocinio, y la vida se hermoseará con dulces pinceladas y con trazos más firmes y precisos.

Fríos y nadas

10 julio 2014

Todos se quejan del frío, de estos vientos frescos que azotan árboles y arbustos y que por la noche gimen de tal modo que uno se estremece y hasta teme dormirse por miedo a ser arrollado por una pared. Samuel Melton FisherAcojo con júbilo esta cálida primavera, aunque los baños en la piscina sean más cortos y complicados; he de cambiarme el bañador tan pronto salgo del agua para no pescar una pulmonía. Mientras me tomo una cerveza en la terracita de la cocina, el rincón más recogido de la casa, el pelo se me va secando. He superado con éxito la neurosis que me aqueja siempre que un texto se me atraganta, cuando por mucho que lo mime, me sigue saliendo del revés. Tras un par de días de rabia y lamentaciones, he regresado a él. Podría dejarlo para más adelante, ahondar en otros escritos…; la testarudez tira de mí de tal modo que resulta difícil resistirse. La vida es sencilla, la casa está organizada, la lectura y la escritura me tienen absorbida y el tiempo de asueto lo destino a nadar y a ver películas. En cuanto a las arañas y a sus filigranas, he bajado un poco la guardia; me pasaba el día en las alturas, deshaciendo telarañas. Pese a algunas turbulencias, está siendo un verano plácido, lleno de esas tontas ocupaciones que tanto placer reportan, lleno de esas nadas que componen la vida.

P.D. 1: Os recomiendo un nuevo blog escrito por un psicoterapeuta, Pedro Martínez Cano, el mismo que prologó mi libro «Cuadernos Azules». Un verdadero lujo.

P.D. 2: Mi PC lleva todo el santo día actualizándose y siempre son ocho las actualizaciones; el rendimiento del mismo ha bajado considerablemente ¿Sabe alguien qué he de hacer para parar esta locura?

Desquicio

23 junio 2014

Vuelvo a guardar el ventilador en su cubículo, en el rinconcito junto a las pamelas y sombreros; no quiero que coja polvo, hay demasiadas cosas que asear y la casa, aun cuando haya recuperado la forma, se desparrama aquí y allá a causa de la desidia y de sus exorbitantes dimensiones. Isaac Lazarus Israëls Dispongo ya de mi concentrado de citronela para repeler mosquitos; de ahora en adelante, dormiré y escribiré con él. La noche será fresca y mi garganta, que ha sufrido hoy los rigores del aire acondicionado, empeorará. El caso es que anoche apenas descansé tres horas por esa ardiente bocanada que había invadido mi dormitorio. Traté de reposar en el sofá; me desperté a la hora llena de dolores. Llevo ya a cuestas diez malas noches seguidas y se nota en el cuerpo y en el ánimo, que todo lo ve negro y borroso. Siento como si multitud de chinchetas se me hubieran clavado en la frente y en las sienes; pareciera, además, que hubiese perdido agudeza visual. Los cambios tan bruscos, tan típicos del verano, me zarandean siempre en la faringe, uno de mis puntos débiles. La inquietud tiene siempre un mismo origen, independientemente de la estación y de la temperatura: la escasez de dinero que, cuando se perpetúa en el tiempo, acaba deteriorando hasta el alma; uno comprende entonces aquellos comportamientos a los que la carestía conduce y mira a los mendigos como a compañeros de fatigas. Pese a todo, me he propuesto una meta para finales de este mes; sólo tengo que reunir unas horas de sueño y enfrascarme en un texto que ha pululado por distintos portátiles; esperemos que sea capaz de darle el fin que se merece y que mis asuntos dejen, para variar, de desquiciarme.

Cansancio

10 junio 2014

Cuando me acuerdo de este blog, estoy demasiado cansada o atareada. Estos días han sido un poco atropellados: me he quedado hasta tarde editando un cuento que esta mañana, ya por aburrimiento, envié a un concurso.Amapolas P. Bonnard Una amiga, que está empeñada en darme a conocer, me informó de la convocatoria. En seguida deseché la posibilidad; los certámenes y yo hacemos pocas migas y andamos siempre a la gresca. Una mañana de abril se me ocurrió una bonita historia y empecé a trabajar en ella; a ratos la he abandonado por otros textos, pero siempre he vuelto a ella. Anoche estuve releyendo y declamando hasta altas horas de la madrugada; había decidido que hoy sería el día de enviarlo. De camino a correos, y con los folios recién impresos, me he topado con un feo demostrativo al que, sin dudarlo, hubiera sustituido por un artículo, pero ya era tarde, aunque podría haber hecho el esfuerzo de cambiarlo; no se puede pulir un relato «ad infinitum», provoca hastío y el exceso formal acaba restando frescura a los escritos.

Por otra parte, cada vez me agrada más escribir en inglés, pese al esfuerzo que me exige. Mi blog en inglés  ha cumplido un año y, pese a su juventud, me da muchas alegrías y me insufla también alientos. Recuerdo que muy pronto renuncié a él y que un editor norteamericano que recaló en él me animó a retomarlo; allí se valora el talento, aquí ni sabe qué es. Esta casa azul sigue siendo mía y de rato en rato la frecuento a escondidas. He adquirido la costumbre de publicar textos de forma silenciosa, de modo que sólo los leo yo; son más íntimos y hermosos. Tal vez me haya cansado de escribir aquí, no sé.

Meditaciones nocturnas

26 mayo 2014

Los campos ya se han dorado, aunque todavía algunas espigas conserven un verde desvaído; son como esas hojas que en otoño se niegan a amarillecer. Entre la cebada, surgen amapolas como acalorados centinelas, mientras en las cunetas se apiñan flores silvestres de variados colores y multitud de gramíneas salvajes que ahora cobran una tonalidad berenjena. E. VuillardAl subir la cuesta y con esa luz crepuscular que esplende justo antes de irse el día, un humilde campo de guisantes ha asemejado a un preciado y exótico cultivo. Son, por otra parte, días confusos en los que estornudo mucho y descanso poco. A eso de las tres y media, me despierto con el ardor propio del Séptimo de Caballería y a veces hasta pasadas las cinco, el ojo sigue abierto mientras mascullo barbaridades. Anoche recurrí a la meditación que hace años me recomendó un trapense; sólo me acuerdo de ella cuando la desesperación me hace presa. Ni siquiera me incorporé, seguí acurrucada entre las sábanas mientras me dejaba acariciar y arrullar. Me dormí muy tarde y cuando esta mañana me levanté, supe que iba a ser un mal día, que nada podría acometer por falta de energías. Sin embargo, la meditación hizo su efecto mientras la hacía, mientras dormía o mientras la hacía en tanto dormía. Pese apenas haber descansado, he revisado un relato y he concluido ese libro de Thomas Hardy que ya daba por imposible, por la dificultad que entraña leer a este caballero en su lengua materna, a causa de la riqueza de su prosa y de la profusión de métaforas, modismos decimonónicos, alusiones bíblicas y mitológicas. Había decidido hace unos días no regresar a él hasta pasado al menos un lustro. Esta tarde, sin embargo, animada por los bríos de la meditación nocturna he decidido comenzar «The Mayor of Casterbridge» al tiempo que releo los hermosos diarios de Thomas Merton. En un rato, me sumergiré en una nueva meditación nocturna.

Desazones

14 mayo 2014

El otro día me topé con una vendedora de pañuelos de papel que ofrecía su mercancía a los transeúntes con gesto compungido; una mujer de clase media a la que, como a tantos otros, la crisis ha malherido. coutureA estas alturas ya uno sabe que esta temible carestía no se anda con miramientos y que quizá mañana mendigará también; el día a día es una carrera de obstáculos y hasta la más sencilla de las tareas se convierte en una proeza y los malabares, cuando falta destreza, resultan laboriosos. A ratos miro al Cielo enfurecida sin entender el porqué de tanto encono, de tanta miseria. Es como si a uno le hubiesen robado el corazón; se siente el dolor, la ausencia y se teme no recuperarlo, como si la Pascua se hubiese ido con la Semana Santa y nada nos hubiese dejado, como si el cielo y la tierra jamás se hubiesen juntado durante una noche en la que la luna cegó para imponerse sobre las oscuridades del mundo. Sin embargo, ocurrió y cuando se cae en la cuenta, el mundo se contempla de otra manera. Los caminos son estelas que serpentean entre aterciopelados campos de cebada, los pájaros entonan himnos de alabanza y los aromas aturden con su intensidad. La Creación se aúna para celebrar la llegada de un mundo nuevo más hermoso, más limpio, más claro y también más sedoso. La frescura que trae consigo la Resurrección se palpa en cada recoveco de lo que somos y aun de lo que seremos. Y si dejamos que esa nueva savia nos recorra de arriba a abajo, la vida se vislumbrará sin miedos y el horizonte se aclarará, como si una ráfaga de lluvia lo hubiese limpiado hasta dejarlo reluciente. Y se cae en la cuenta de que ese corazón extraviado, el que abandonó el costado, regresó a su sitio y lo hizo con un fulgor, pero uno no se había percatado por estar ofuscado en sinrazones y contrariado por desazones.

Caprichos

7 mayo 2014

En primavera, las temperaturas danzan a capricho y si escalan alturas elevadas, me desplomo. En estos días me tengo prohibido salir de casa, pero esta mañana, ¡tonta de mí!, salí a cortar unas rosas, cuando el calor ya golpeaba, y desde entonces apenas me concentro en nada y a cada poco cierro los ojos para librarme de la desgana. AlexisEscucho entonces los rumores de la primavera que son bellos y cristalinos; los pájaros trinan con inusual viveza, las moscas buscan acomodo y a veces golpean los cristales con testarudez y las abejas emiten sus habituales zumbidos en una atmósfera en la que reina la quietud, aunque la efervescencia de la vida se acabe imponiendo aun en medio del silencio. Y pensaba esta mañana cómo podría disfrutar de estas lánguidas horas en un piso, en la ciudad; me vería obligada a acercarme a un parque y a agotarme aún más. En estos días de mayo, pese a la atonía propia de la primavera, es cuando más disfruto de esta casa, cuando menos me quejo de ella, cuando más agradezco al cielo el permitirme habitar entre sedosos campos de cebada que ahora se tersan y cobran otra tonalidad, más tenue y a un tiempo más fulgente; cuando la vista los contempla, dan ganas de alargar los brazos y de acariciar las espiguillas para sentir su cosquilleo y su aroma.

Sigo con mis escritos y con mis lecturas. Después de «Cranford», eché mano de uno de aquellos volúmenes que vinieron hace tiempo desde Córdoba en cajas de cartón y me topé con una bonita sorpresa, «A death in the family» de James Agee; me recordó algunas cosas que últimamente había olvidado y me estremeció con sus bellas palabras, con vocablos envueltos en exquisita poesía que he buscado una y otra vez en mi diccionario de inglés con la esperanza de retenerlos y de quizá recrearlos. Thomas Hardy es ahora el objeto de mis desvelos.

P.D.: El vídeo es de Jane Burden Morris.

Cranford

25 abril 2014

Esta mañana terminé una deliciosa novela, «Cranford» de Elizabeth Gaskell, con muy buen sabor de boca. 1920575_657600477639423_563970006_nAdoro esos ambientes provincianos y victorianos en los que priman el decoro y las buenas costumbres, en los que se aprecian los detalles y lo pequeño se engrandece hasta transformarse en acontecimiento. El día a día es ya una gran gesta, pues vivir cuesta. No se rehuyen, sin embargo, los sacrificios ni las responsabilidades, sino que se abrazan y se sobrellevan con dignidad y unos y otros, pese a las rencillas, se apiadan de la dificultad ajena; las decisiones las determina no tanto el interés personal como el general; no se satisfacen las apetencias de cualquier manera y muchas veces son ignoradas para no dañar a otro o para procurarle un bienestar que precisa o desea. Poco que ver con la sociedad actual en la que se persigue acumular cachivaches, buscar distracciones a toda costa, presumir de supuestos logros que ni se disfrutan y procurarse placeres cada vez más sofisticados y más huecos de contenido. Se llenan los espacios con de todo, excepto con lo que se debería; los semblantes lucen poco, pues los ojos apenas brillan: se desea cuanto no se atesora y una vez alcanzado el bien soñado, el vacío y la impotencia persisten.

Las lilas ya murieron y apenas quedan algunos ramilletes diseminados por el arbusto; ahora es tiempo de rosas y en esta estancia en la que trabajo he colocado dos jarroncitos: en uno, un par de racimos de lilas blancas escoltan a la rosada rosa; en otro, más grande, sólo una hermosa y fragante rosa amelocotonada; esto es cuanto ahora importa, aparte de la colada y de esa habitación que luego aspiraré y fregaré.

P.D.: El vídeo es de Jane Burden Morris.


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