Malas influencias

22 mayo 2013

Escribo bajo la influencia de la apatía y de un profundo cansancio; cada día va a más y no hay modo de atajarlo: las horas son pesadas y dejan un sabor amargo. Éste no puede ser mi sino, pero ya faltan las fuerzas pues se han derrochado en afrontar los estragos que causa la mente en este organismo demediado.Feeling blue by K. Blixen Apenas me valgo por mí misma; hasta la más sencilla tarea exige grandes esfuerzos y sólo ansío permanecer en la cama dejando pasar las horas. Ya que no puedo afrontar más vida, cedería con gusto a la muerte ese espacio tan fatigoso y baldío en el que ahora me muevo. El cuerpo es una carga y la mente, lejos de ayudar, embrolla y oscurece; ese momento que otrora paladeé se ha marchado y me ha privado de aquellas pequeñeces que estimé como tesoros y a las que dediqué infinidad de palabras. Recuerdo aún el placer que me envolvía al perpetrar esos cometidos en los que ponía atención y esmero; a ratos se me antojaron anticipos del Cielo. He vivido durante unos años en un apacible lugar en el que las penas ya no parecían inconsolables, en el que los desatinos, aun teniendo cabida, nada desbarataban; todo, hasta lo más nimio, construía y cada segundo tenía cabida. Vivía entonces el aquí y el ahora y los los frutos eran abundantes; nadaba en la opulencia sin nada tener y los empeños recibían generosa recompensa. Era rica, pese a mi pobreza, y muy feliz. Nada queda de quien una vez fui, sin ser gran cosa, nada queda. Quizá esté muerta y no haya sido consciente de ese irme de aquí, de esta existencia corporal tan lacerante, de este no saber dónde uno reside; los contornos antaño nítidos se han emborronado.Todo se ha ido todo. Sólo quedan ya la extenuación y la enfermedad.

P.D.: Dejo un enlace de Facebook para el que le interese la presentación de« Carta a Hedda y algunos cuentos» en la pasada edición de la Feria del Libro de Valladolid. También se puede ver en mi web, en el apartado presentaciones.

Netmind, pues

15 mayo 2013

Un amigo aficionado a las tecnologías y a las redes sociales me ha hablado durante largo rato sobre los cursos de informática de Netmind con tanto entusiasmo que ha logrado desperezar a esta aturdida cabecita mía; me ha desentrañado curiosos entresijos de este mundo virtual al que me ha costado acercarme pero del que ya no puedo sustraerme, de diseño de páginas web, de comercio online, de impactantes presentaciones con las que seducir a directivos y clientes, de Google, de un larguísimo etcétera de oficios que hasta la fecha desconocía y hasta de WordPress. William-Adolphe Bouguereau, The Bather, 1879Me seduce la idea de enlazar a unos y a otros con propósitos comunes que aúnen a esta sociedad nuestra tan atrapada en el egoísmo, la mezquindad y también en la desdichada incredulidad. Si fuéramos conscientes de las posibilidades que nos brinda la vida, no fustigaríamos al otro por los males que nos afligen, no derrocharíamos frustraciones ni lamentos, sino que entonaríamos cánticos de alegría y de gratitud por la abundancia de los dones recibidos, por esas candelas que alumbran las sendas y que no siempre percibimos por ese afán tan humano de cambiarlo todo sin motivo, aun estando bien ordenado. Netmind, pues. Me acordé luego de la jornada del jueves: aguaceros y lloviznas asperjaron esta tierra mía. Cuando contemplaba los campos henchidos de primavera, una  polvareda de agua desdibujaba las líneas del horizonte. Tan pronto cesaron los llantos, salí a pasear. La vista y el olfato no daban abasto desbordados como estaban por los aromas y por los elegantes coloridos que cubren Castilla de malvas, rojos, amarillos y albura; hasta divisé colonias de flamencos engalanados con espléndidas y rosadas vestiduras que se mecían con los vientos, los esponjados tamarindos. Sobrecogida por la hermosura del espectáculo, la mente dejó sus vagabundeos y aspiró con avidez esa belleza que abrumaba los sentidos. Tal vez sin saberlo haya yo seguido durante estos últimos y extravagantes meses un curso de Netmind; no me extrañaría.

Silencio y atonía

11 mayo 2013

Claude Monet The bark at Giverny, 1887El silencio, aun en el campo, escasea; se oye el murmullo de la autovía, el trasiego de tantas almas que se mueven sin ninguna finalidad, para no estar quietas. Hubo un tiempo en el que ni eso se percibía y las tardes en el jardín eran apacibles y calladas, sólo los trinos y aleteos de los pájaros rasgaban el manto de calma que cubría esta ruinosa morada. El cielo está tan limpio y bello que uno no puede dejar de contemplarlo. Los grises tormentosos y las brumas se han instalado en la retina y el azul sorprende por desacostumbrado. Durante los largos meses de invierno, buscaba yo con denuedo algún retal verde que aliviara la desolación de la tierra yerma y desnuda. La verdina campa ahora a sus anchas y acapara cada rincón de la vida; tal es la exuberancia que a ratos los ojos se agotan. Poco después del mediodía, las hojas de los álamos brillaban como escamas; el sol se había enredado en ellas al igual que mi mirada.

Estoy exhausta: la noche no fue reparadora y la actividad de esta jornada, sin ser desmedida, me ha provocado una vez más dolor de cabeza; la mente no ha tenido más remedio que aminorar la marcha. Lo que más me amedrenta de este mal mío es mi incapacidad para la lectura, pues he sufrido lustros de ayuno en los que sólo acariciaba los libros sin atreverme a abrirlos para no atizar el dolor de la impotencia. Sé que la escritura regresará tan pronto cambie el decorado de este existir mío. Es por ello que ansío un viaje que me rescate de la atonía y que insufle savia a viejos textos que no he dado por perdidos. Preciso de un nuevo escenario aunque no sepa cómo ni dónde hallarlo; dejaré de nuevo que la vida me asombre, ella es más sabía y sensata que yo. Seguimos, entretanto, degustando el silencio y esta apabullante primavera que me tiene fascinada.

Ilusiones

6 mayo 2013

No logro, pese a  los varapalos, volverme más realista, sino más optimista. Y no es sólo por la presentación de « Carta a Hedda y algunos cuentos» en la Feria del Libro de Valladolid, que avivó las emociones de la autora y de cuantos se dejaron caer por aquel frío salón de actos. Fue asombroso: tras mis palabras, hubo aplausos, besos y fueron varios los que entonaron un cálido y hermoso gracias; aunque horas antes se atascaran y no hubiera modo de articularlas, se deslizaron con suavidad, como esas plumas que acarician y provocan cosquilleos. La realidad pinta los cielos de gris y todos los males parecen haberse concentrado en mis pobres lumbares. Estoy contenta, sin embargo, y hasta el dolor me parece una bendición porque el sentir las punzadas significa que ya no soy toda ya un tormento, que hay partes de mi cuerpo que ya no lloran; un maravilloso regalo, como esta canción de Joni Mitchel que llevo tarareando durante semanas y que me traslada a otros escenarios en los que las ilusiones se prenden con garra por temor a ser arrancadas. No hay modo de expulsarlas y aunque la vida me haya mostrado, como en la canción, ambas caras, siento que queda el mejor trecho; no hay frustraciones ni lamentos: todo es tal y como debió ser, aunque la enfermedad se haya apoderado de mí. Sueño con ir a París, con recorrerme sus cafés con una libreta, con pasear por sus parques y embeberme de primavera, con almorzar en una terraza de los Jardines de Luxemburgo, con visitar museos y exposiciones, con rebuscar en mercadillos de ropa y antigüedades, con encapricharme de alguna bagatela que a mí se me antoje un tesoro, con enamorarme, con comprar un ramillete de flores frescas, un sombrero y contemplar los escaparates de Rue du Faubourg Saint-Honoré. Cuando las penas me sumerjan en un lodazal de lamentos, quiero recordar que amo la vida y que ella también me ama, que nada ni nadie podrán arrumbar mis esperanzas si yo no lo consiento. Lucharé con fiereza pues no quiero acabar rodeada de esas desilusiones que veo a mi alrededor, de ese aceptar lo que se tiene a regañadientes, de ese desapego de uno mismo, de ese desafecto que a ratos parece acaparar al mundo. Larga vida a las ilusiones y a esas lilas blancas y viólaceas que perfuman la casa desde ayer, nunca hasta ahora me atreví a mezclarlas.

P.D.: Dejo el enlace para los interesados en el artículo que el ABC de Castilla y León publicó sobre mí y mi obra. En la foto aparezco junta a una bolsa personalizada que me encargó una buena amiga.

Días azules

1 mayo 2013

Robert BunnyQuedan pocos días para el gran día, para mi cita con la Feria del Libro de mi ciudad. Los nervios hacen y deshacen a su antojo y sólo a ratos consigo esquivarlos. Ayer una llamada inesperada me alegró la mañana y al tiempo me llenó de miedos y de tantas contracturas que me vi obligada a conducir bajo los efectos de medio valium. Llegué al Lyon D’Or cinco minutos tarde; me esperaban un fotógrafo y una periodista del ABC de Castilla y León. Posé para las fotos como buenamente pude; caminaba rígida como una escoba. La entrevista fue más fácil; la grabadora asemejaba a un teléfono móvil y apenas me amedrentó. Una encantadora chiquilla con sueños y ansias de apropiarse de la vida me preguntaba por esto y aquello; sentía curiosidad por mi obra y por las circunstancias de este existir mío. Nueva York salió a relucir, pues buena parte de «Carta a Hedda» fue pergeñada en un apartamento de Manhattan; regresaron los deseos de partir, ésos que creía ya olvidados, aunque últimamente hayan resurgido con fuerza y también con sensatez. A veces durante la charla perdía el hilo y me costaba encontrar vocablos: el valium adormecía el dolor, pero también el cerebro y la lengua se espesaba a cada poco. Es más fácil lidiar con las palabras y con la soledad que con la puesta en escena que requiere, en mi opinión, demasiados arrestos. Algunos, cuando me ven en prensa, piensan que mi vida es rosa, como esos esponjosos algodones de azúcar que de niña deshilachaba con las manos; nada más lejos de la realidad. No aspiro a un devenir almibarado, sino a días azules en los que haya flores, desorden — el orden, de momento, es tan escurridizo que resulta inaprensible —, silencio para escribir, leer, contemplar y aprehender los aromas de la eternidad, una buena calefacción, una silla más benévola con mi anatomía y un portátil lleno de esbozos de futuros libros ¿Para qué más?

P.D.: En estos días dos bloggers, Curra y Carmen, sacaron sendas reseñas de «Carta a Hedda y algunos cuentos» ¡Gracias a las dos!

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Dulces de mayo

26 abril 2013

Lila by Karen BlixenRegresan las lluvias, el frío, la catalítica y la manta eléctrica. El día ha sido templado, pese a todo, y el ánimo se ha ido atemperando. Andaba agobiada a causa de esas palabras que tendré que recitar muy pronto; no lograba dar con ellas hasta que descubrí mi error hace apenas un par de horas. Me he quitado un buen peso de encima y camino, pese a las contracturas, más ligera. El miedo se había enseñoreado de mí: los ataques de pánico me impedían respirar y descansar; arrastro sueño y ojeras. He decidido volver a mis infusiones de hipérico, a esas hierbas mágicas que me trajeron de un monasterio de Las Batuecas. Entretanto, echo un vistazo a la cartelera y postpongo una jornada más la limpieza del baño; la vuelta a la normalidad sosiega. En un par de días seré más sabia, más recia y mi edad será impar. A veces me desconcierta la imagen que encuentro en los espejos; no sé quién es esa mujer cansada que me mira con asombro. Añoro las largas tardes de lectura en las que todo lo dejaba por zambullirme en los libros, por descubrir nuevos paisajes y miradas, por empacharme de palabras. Añoro también esos ratos de silencio en los que contemplaba con estupor la perfección de lo creado. La casa huele a lilas, a lilas blancas y las amapolas enrojecen ya las laderas. La lluvia golpea los cristales y los grises acaparan el horizonte; hay melancolía, esa suerte de tristeza que tanto me embelesa. La naturaleza, como la vida, cambia a cada rato y donde antes se anudaban coquetos y primorosos lacitos, surgen hojas lozanas, adolescentes; es el plátano que admiro desde la cocina mientras caliento agua en el «kettler». Me entristece la hiedra; sigue con su tonalidad invernal, oscura y vieja, pues este año no hubo poda. Nada es perfecto y lo que cuenta es saborear el momento, el dulce momento. Nada más.

P.D.: «Carta a Hedda y algunos cuentos» y su autora, Nuria Marugán, estarán en la próxima edición de la Feria del Libro de Valladolid junto a Teófanes Egido. La presentación tendrá lugar el próximo 4 de mayo a las 19 horas en el Salón de Actos del edificio de Usos Múltiples, junto a la Cúpula del Milenio.

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Manantiales

23 abril 2013

Vivimos y morimos como desconocidos por ese miedo a ser uno mismo y por ese no querer traspasar el velo de las apariencias y contemplar al otro en su verdadera dimensión. El individualismo se ha extendido de tal modo que duele ver cómo unos y otros viven al margen de alegrías y penas ajenas, como si sólo sirviera lo suyo y el prójimo no aportara sustento. Joaquín+Sorolla+Detalle+de+El+jardín+de+casa+Sorolla,+1918La necedad y el egoísmo encogen el corazón y lo acaban fosilizando; si se añaden unas gotas de envidia, el cóctel resulta letal. Lo percibo de tal manera a mi alrededor que el alma duele, duele mucho. Vivimos en un encierro perpetuo al que no dejamos a nadie asomar, como si temiéramos que las vergüenzas salieran a pasear sin permiso y no regresaran jamás ¿Cómo se puede sobrevivir al día a día ignorando al otro? ¿Cómo existir sin amar? El panorama es tan atroz que cuesta no pregonarlo a los cuatros vientos; tal vez habría que aceptar y callar, no sé. Resulta difícil no preocuparse por el hombre en su totalidad siendo éste criatura y a un tiempo imagen del Creador, siendo su meta la felicidad y la contemplación de la verdad y de la belleza. La oscuridad ha calado hondo, muy hondo. No son negruras densas e impenetrables, sin embargo. Llegan a ellas los brillos plateados de las estrellas y la luz serena de la luna. La vida aun en sus profundidades sigue siendo pura como esas brisas que traen nuevos aromas en los que prenden por igual la frescura y la embriaguez y todo sigue también impregnado de inteligencia, orden y cielo aunque las voluntades parezcan más dirigidas al cautiverio; prisioneras de sí mismas y consumidas por anhelos que trastornan los sentidos y trasladan a un escenario irreal en el que nadie en su sano juicio querría morar. Podríamos ser libres y deambular como esas brisas, con elegancia y ligereza, si permitiéramos que las fuerzas que dormitan en los recovecos del abismo recuperaran los bríos. Entonces siempre sería primavera y no escucharíamos sino gorjeos o borboteos de claros manantiales junto a los que nos recostaríamos para embebernos de alba y ternura. Si el hombre no escapara de sí mismo, todo lo tendría. 

Luminosidad

18 abril 2013

El estudio olía a limpio y a primavera hasta que llegó J. con sus aromas; dejó aquí su pestilencia, el hedor del que destruye cuanto se cruza en su camino pues él mismo se aborrece y lacera.Martha Walter. Ese odio me ha llenado de pavores y angustias; el mal nunca vence pero cuando pasa daña, araña las entrañas con su pobreza, con su fealdad, con su ansia de herir aunque sea a costa de un mayor aniquilamiento del que sin saberlo lo persigue en cada uno de sus actos. Almas débiles que pretenden reducir al otro a un mero instrumento que le ayude a alcanzar sus fines, sus siniestros fines. Ignoran su belleza y transitan por ello por la oscuridad, por temibles callejas en las que sólo hay inmundicia. Sus rostros otrora hermosos se han transfigurado en horrendas máscaras en las que la morbidez se pasea a capricho. Males en abundancia trae ese desconocimiento de lo que se es y no sólo para ellos, pues unos y otros pagan las consecuencias de sus despropósitos. Viven en la locura, en la desesperación, en un hórrido devenir del que se desprenden fragancias faústicas que corroen cuanto rozan… Quiero yo respirar aires pulcros, recobrar los bríos que adornan las mañanas soleadas, los tintineos de las risa y la ligereza con la que antes caminaba por esas estelas mágicas por las que me deslizaba como lo hacen los trinos de los pájaros; su hermosura y placidez eran tales que se me antojaban irreales, aun siendo veraces. Entonces el corazón resistía las heridas, se fortalecía y se tornaba más y más contemplativo; la mirada sonreía ante un mundo embellecido por el amor, ante la libertad que se poseía. Nada atesoraba excepto amor y libertad y sólo trozos de noche asomaban de rato en rato; siempre el día era claro. Esa luminosidad me envolverá de nuevo, el luto cesará y las vestimentas oscuras regresarán al armario; sólo me cubriré de blanco y de azul.

El agua pura, don de la mañana,
da a los ojos el brillo de la vida,
y el alma se despierta cuando escucha
que el ángel dice: «¡Cristo resucita!»

Esencias

14 abril 2013

El sol, tan añorado, inunda este domingo pascual. Todo luce más hermoso. Las fragancias de la primavera, silenciadas por las lluvias, afloran aquí y allá y hasta las humildes margaritas que salpican el césped emanan intensos aromas, aunque los más penetrantes los aporta el durillo cuyas hojas contemplo desde la cama; en esta época sus ramilletes, que embriagan como los lirios, se visten de comunión. Mantengo abiertas ventanas y puertas para aprovisionarme de las esencias de abril y de este inesperado calorcito que el fin de semana nos ha regalado; el frío tardará, no obstante, en abandonar la casa. Jeune Fille Lisant et Vase de Fleurs c. 1915). Henri LebasqueHabría sido un buen día para leer en la solana acariciada por las brisas que hoy han correteado por esta parte del mundo. He paseado, sin embargo, con pamela. Esos tiempos de lecturas pasaron ya; apenas me concentro en nada y aun las menudencias me exigen grandes esfuerzos. Resulta imposible perseverar en las tareas que antaño demoré para saborearlas más. Es la nueva vida que me toca vivir. Pensaba ayer que mis achaques de años atrás eran bendiciones en comparación con los que ahora moran conmigo. Jamás habría imaginado que la vida cambiaría al punto de dificultarme hasta lo más diminuto. Jamás habría imaginado que mis pequeñas alegrías tendrían los días contados. La mañana me ha llenado de dolores, angustias y contracturas. La tarde me ha deparado otros sabores más acordes con la estación, con esos mantos de flores que embellecen hasta las veredas donde antes se cobijaban el polvo y el barro y donde me he enfangado durante meses. Siempre queda la esperanza de la sanación, aunque se precise de un milagro.

Morir más

11 abril 2013

Arriesgar la vida por una causa y perderla, ése es el precio a pagar cuando el amor verdadero se nos cuela y nos empapa los adentros. Entonces la vida cobra otra dimensión y hasta el dolor más acendrado se entiende aun cuando atormente y no nos creamos capaces de más. Richard Edward Miller, 1875 - 1943 En la ventana.El cuerpo se ha sublevado ante los desvaríos de la mente y hace y deshace de un modo tan extraño que enloquece pese a que sepa que sirve, pues algunos aprovecharán el sufrimiento para crecer más, para adentrarse en una tierra nueva en la que las esperanzas se enseñoreen del paisaje y cubran los prados de esas sencillas flores que embellecen y alegran el horizonte, de esas pinceladas que se deslizan sobre las infinitas extensiones de verde. El corazón cojea y trata de recuperar las formas de antaño y esa fortaleza que le permitió a hacer frente hasta a la barbarie; entonces aceptó, silenció su impotencia y todo parecía sobrellevarlo. Cuesta creer que aún queden angustias en el alma, pues fueron demasiadas las que afloraron por ese afán suyo de acapararlo todo, por esa insana codicia del mal. Hay miedo, pero siempre lo ha habido y siempre lo habrá y con él hay que transitar por los senderos que aparecen a cada rato. Es humano temer, pero también lo es el seguir adelante aunque todo tiemble, el abrazar la vida con sus puñales aunque agujereen esos tejidos que se hilaron con paciencia y con primorosas manos. Quizá convenga la desnudez, el desprenderse de todas las cosas, hasta de las más nimias para así disponer de nuevo de cuanto fue creado. Hay que morir, morir más para dejarse mecer por los hálitos que perfuman la Pascua. Quizá no se murió del todo, quizá se guardaron demasiadas cosas. No sé, no sé. Discernir la esencia de las cosas, nada menos.

P.D.: La revista cultural de la prestigiosa universidad catalana Abat Oliba saca en su número especial de abril, el de S. Jordi, una reseña de «Carta a Hedda y algunos cuentos», mi ópera prima. La revista sólo se distribuye en la universidad. Tan pronto reciba un ejemplar, escanearé el artículo y lo colgaré en la web. Es, sin duda, una magnífica noticia.


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