Escribo bajo la influencia de la apatía y de un profundo cansancio; cada día va a más y no hay modo de atajarlo: las horas son pesadas y dejan un sabor amargo. Éste no puede ser mi sino, pero ya faltan las fuerzas pues se han derrochado en afrontar los estragos que causa la mente en este organismo demediado.
Apenas me valgo por mí misma; hasta la más sencilla tarea exige grandes esfuerzos y sólo ansío permanecer en la cama dejando pasar las horas. Ya que no puedo afrontar más vida, cedería con gusto a la muerte ese espacio tan fatigoso y baldío en el que ahora me muevo. El cuerpo es una carga y la mente, lejos de ayudar, embrolla y oscurece; ese momento que otrora paladeé se ha marchado y me ha privado de aquellas pequeñeces que estimé como tesoros y a las que dediqué infinidad de palabras. Recuerdo aún el placer que me envolvía al perpetrar esos cometidos en los que ponía atención y esmero; a ratos se me antojaron anticipos del Cielo. He vivido durante unos años en un apacible lugar en el que las penas ya no parecían inconsolables, en el que los desatinos, aun teniendo cabida, nada desbarataban; todo, hasta lo más nimio, construía y cada segundo tenía cabida. Vivía entonces el aquí y el ahora y los los frutos eran abundantes; nadaba en la opulencia sin nada tener y los empeños recibían generosa recompensa. Era rica, pese a mi pobreza, y muy feliz. Nada queda de quien una vez fui, sin ser gran cosa, nada queda. Quizá esté muerta y no haya sido consciente de ese irme de aquí, de esta existencia corporal tan lacerante, de este no saber dónde uno reside; los contornos antaño nítidos se han emborronado.Todo se ha ido todo. Sólo quedan ya la extenuación y la enfermedad.
P.D.: Dejo un enlace de Facebook para el que le interese la presentación de« Carta a Hedda y algunos cuentos» en la pasada edición de la Feria del Libro de Valladolid. También se puede ver en mi web, en el apartado presentaciones.










