Archive for the ‘Emociones’ Category

Conformidad

24 agosto 2021

Las hojas secas ya se arremolinan en calles y plazas y la exuberancia que trajo la primavera va dando paso al otoño poquito a poco. Los calores, aun intensos, no se sufren como antes y esa muerte que cada año nos deseca va ganando terreno, aunque se siga respirando y anhelando y confiando en un porvernir más venturoso. Me han sepultado en los últimos meses toneladas de envidia; la forma de odio más letal y, al tiempo, más refinada por la que el ser humano es capaz de todo. Las zancadillas abundan, pero también se descubre que antiguos “envidiadores” han recibido el mismo castigo que en su día infligieron a otros. Creemos erróneamente que nuestras maldades no tendrán consecuencias y que, con tal de humillar al prójimo, saldremos victoriosos. No es victoria, sino derrota y más pronto que tarde se acaba pagando por ello, pues ninguna tropelía queda exenta de sanciones. Curiosamente, se habla de los celos como un mal ajeno que nada tuviese que ver con nosotros, cuando sí lo hace. Tiendo a rebuscar el bien en los demás; llevo, empero, una extensa temporada en la que no me topo sino con muchedumbres de males. Anhelo bondades porque la toxicidad se extiende como una marea negra que todo lo engangrena. Pero uno puede, si así lo desea, abstenerse de podredumbres y ponzoñas y afanarse en la consecución de sueños. Codiciamos cuanto hemos descuidado, aquello a lo que por decisión propia hemos un poco renunciado. Sin olvidar, la materia, los dichosos dineros, a los que probablemente no podamos acceder, al menos de forma inmediata, pero sí poner los medios para alcanzarlos, aunque sea a largo plazo. De todos modos: se ambicionan más el éxito y las cualidades que las riquezas; hacer balance de nuestros pequeños triunfos y virtudes ayudará a enmendar el sendero y a llegar a una conformidad con nuestra existencia, con quien somos y seremos si le ponemos pronto remedio. Añoro un mundo más bello que no sé siquiera si existirá; aun así lo añoro y cuando lo añoro, lloro.

Costumbres

15 julio 2021

Y las viejas costumbres se perpetúan porque de ellas depende el vivir con cordura, sobre todo cuando las rutinas son una y otra vez interrumpidas por engorrosas gestiones administrativas que a mí me roban los alientos y hasta a veces me sumergen en un submundo de miedos. Y luego las cosas saldrán, pese a mis desvelos, como convengan y algunas pinceladas del nuevo lienzo desentonarán más que otras, pero habrá que ir haciéndose a ellas, a los nuevos colores y texturas del existir que cambian, en mi caso, con mucha frecuencia. Y tanto cambio acaba socavando hasta la salud, pero siempre consigo recomponerme. Es como si fuera yo invencible, como si nada conmigo pudiera, pese a mi fragilidad. Y creo yo que es la esperanza, que la tengo tan arraigada, que todo lo acabo viendo bello, hasta lo que en un principio resulta feo; con la pátina de ese tranquilo confiar, todo se acaba recubriendo de hermosura y hasta lo agrio, a base de ser degustado, acaba endulzando el paladar y lo áspero suavizando la piel y el espíritu. Es una cuestión de ingenio y también de flexibilidad mental; es entrenarte a diario para acoger todo con asombro y agradecimiento, como si todos los días llovieran bendiciones. Y, por eso, me aferro a mis costumbres como si la vida me fuese en ellas, porque en realidad mi existir, con independencia de los escenarios, depende de esas rutinas que hace tiempo establecí. Benditas y sanas costumbres; sin ellas, no hallaría yo descanso. Benditas, pues.

Cleopatra

27 junio 2021

Junio ha sido, al igual que abril y mayo, muy accidentado pero he llegado finalmente a buen puerto y una nueva vida ha comenzado. Si algo he aprendido es que la maldad nunca sale rentable y que el odio y la venganza generan grandes males y neurosis de toda índole. Y, por ello, quienes se obcecan en la iniquidad acaban enloqueciendo de tal modo que la cordura se convierte en un bien imposible, al que sólo accederán de cesar en sus obsesivas pretensiones de dañar al prójimo. Y esas pretensiones acaban siempre desviándose y deparándoles mayores calamidades. Pero eso ya no me incumbe; sólo me atañe este frescor que invade mi dormitorio en tanto tecleo estas palabras. Si en medio de los calores se intercalan días lluviosos y frescos, la vida se transforma en un constante jolgorio de risas, de planes rocambolescos que acaban abriéndose paso, de extensos descansos nocturnos, de sueños y de cuanto repara el ánimo: una llamada, una caricia o un aceite esencial que me sumerge en un éxtasis olfativo que se apropia de todo mi ser. Almizcle, rosa, vainilla y pomelo me atrapan en un sueño de las mil y una noches y me hacen sentir como la mismísima Cleopatra. Es también el lujo de ser uno mismo, sin interferencias de ninguna clase, y de estar contento también de serlo. Es ser quien soy y estar agradecida de serlo. Y eso, y no otra cosa, es ser Cleopatra.

Porvenir esplendoroso

9 mayo 2021

Los ánimos van serenándose tras la avalancha de acontecimientos que trajo abril, un mes siempre amable y hermoso que este año me obsequió con males en tropel que algún día entenderé. Mayo ha de ser más benévolo, porque sencillamente ha que serlo. Aquellos tiempos en los que me zambullía en los paisajes castellanos quedan muy atrás, pero han de retornar muy pronto porque amo la vida y las infinitas posibilidades que a diario se nos brindan para hacer el bien y crear, con pequeños gestos, un mundo más liviano y más coqueto. Sería un mundo bordado de flores, de atardeceres impetuosos o somnolientos, según el día y las apetencias, de paseos a la luz de la luna, de tazas de café, de filmes y de lecturas que absorben de tal modo que uno olvida hasta su paradero. Y hace unos años me sentaba en una desvencijada silla de mimbre en un recoleto jardín a contemplar el relucir de los cielos, el revolotear de los pájaros, el cimbrear de las hojas de los árboles… Entonces cada brisa acariciaba el alma y susurraba historias de anhelos y esperanzas. Y todo acontecía en medio de un silencio que me llenaba de belleza, de paz y de verdad, que son, además, una misma cosa; era un silencio que enlucía, que bisbiseaba palabras de amor, de ese amor eterno que no gastamos los hombres, de esa infinitud en la que todo cobra tino y sentido. En esas extensiones yo moraba, y lloraba, y reía, y confiaba, y añoraba aún un porvenir mejor que habrá de llegar porque, tras lo sucedido, solamente restan bellezas y esplendores. Y cuando lleguen, reiré y soñaré en estancias almidonadas de paz y de belleza donde el mal jamás hallará acomodo.

Cuaresma

28 marzo 2021

Llevo un rato peleándome con el blog para acceder al escritorio clásico, el que llevo años usando. Y estaba a punto de tirar la toalla, pero he seguido indagando hasta, finalmente, dar con él. Y así soy: tozuda. Y las dificultades raras veces me arredran; sigo adelante, aun teniéndolo todo en contra, porque sé que de estas perseverancias mías vendrán luego ristras de recompensas. Y, como suelo hacer en Cuaresma, estoy leyendo a Santa Teresa, en cuyos escritos hallo siempre consuelo; esta valerosa mujer luchó con nobles y prelados que consideraban sus deseos de fundar conventos disparatados caprichos. Y así me pasa a mí a veces con mis proyectos, que provocan asombro porque somos cobardes a la hora de perseguir metas, sin olvidar la fatiga del pelearse a diario con buena parte de la humanidad, la que, dicho sea de paso, ha renunciado a sus sueños por miedo a no cumplir expectativas, propias o ajenas, por temor a tropiezos y a afanarse en supuestos delirios. Eso sí: de hacerse realidad, causan las vituperadas quimeras grandes entusiasmos. Detrás de cada triunfo, hay montoneras de derrotas que nos dejaron del revés y con ganas de meternos en la cama a vegetar y a no padecer más; conviene recordar el itinerario para no errar el camino. Conociendo de antemano las peleas, elijo sufrir, elijo el ridículo y, llegado el caso, el escarnio. Elijo, en definitiva, vivir y ser feliz.

Retornos

25 febrero 2021

Y el día fue soleado y dejó bonitas estampas y mucha paz en el corazón; un paseo sosegado por la campiña obra milagros. Me he empapado de ese verde que ya cubre campos con espesos y bellísimos mantos. Me he adentrado también en terrenos pantanosos y me he embarrado, por ello, de arriba abajo; conforme ascendía por una colina que conducía a un lugar del pasado, me hundía más y más en el fango. Luego de vuelta al sendero firme y hermoso, al que nunca debí de abandonar, me he ido limpiando con hierbas silvestres. Y ese embarrarme me ha curado las nostalgias, pues algo mejor siempre aguarda, pero la impaciencia del momento ciega y me hace ver todo del revés. Tras ese fundirme con el paisaje, vuelvo a ser yo misma, a pensar con cordura y a contemplar la vida en su justa medida; sigo, claro, sin entender casi nada, pero no es una cuestión de razonamientos esto del vivir, sino de sentir lo que a cada instante concierne. Y si toca llorar, se llora; y si toca enrabietarse, uno da, si procede, patadas en el aire. Así se vive, día a día, momento a momento, sin mayores pretensiones. Abarcar más del preciso instante le sume a uno en un pozo de angustia y a ese lugar he decidido yo jamás retornar; esos retornos son inservibles para el cuerpo y para el alma.

Escucha

29 enero 2021

Frecuento este lugar una vez al mes, aunque a veces sí precise yo de más explanación, de contar las cosas bonitas y también las cosas feas que constriñen el corazón, pero que forman parte también del acontecer diario, que es variopinto y variado. La reiteración no halla acomodo en mi vida; siempre hay novedades a las que escuchar de igual modo que hay sucesos aciagos a los que prestar atención, pues todo merece ser tenido en consideración. Eludir lo siniestro de la vida no va a privarnos de sinsabores; los padeceres tarde o temprano acabarán acorralándonos de ignorarlos nosotros demasiado. Esquivar las emociones negativas no va a regalarnos una existencia sin espinas; si hay rosas, habrá espinas; y si pinchan y hacen pupa, soltará uno alaridos de dolor de ser necesario. Reprimir lo que sentimos es tan común que la mayoría desconoce qué anhelos lleva prendidos en el corazón. Hay que escuchar los latidos, para saber con qué musica ambientar las vivencias; las bandas sonoras desvelan a menudo nuestros miedos más ocultos. Así que este mes de febrero voy a dedicarlo a escuchar y a escucharme para, así, escuchar y entender mejor a los demás. Gracias, en cualquier caso, por seguir ahí, leyéndome y escuchándome.

Sobriedad

26 diciembre 2020

Sobran las ofensas pero también las bendiciones, luego el mundo se equilibra aunque algunos se empeñen en ensuciarlo con maldades. A a mí esta pandemia, que tanto asusta, me parece justa, aunque a todos afecte, especialmente a los más castigados por las injusticias, pero es que en algún momento había que replantearse este vivir nuestro tan para adentro, tan consumista. Por otra parte, la pertinaz contemplación del ombligo conlleva el dejar a la intemperie al resto de la humanidad, a fin de defender el terruño y el confort; de los otros, ya se sabe, se ocupará el gobierno o quien corresponda. El preservar lo nuestro, en comparación, adquiere tintes sacrosantos y a ello dedicamos los afanes, no sea que, al mirar al otro, nos contagiemos de humanidad, de compasión y hasta de generosidad. Y no es de extrañar que el COVID avance y ponga en jaque nuestras supuestas certezas, que a estas alturas han dejado de ser certezas aunque persistamos en aferrarnos a ellas. Y cuando el control se nos escapa, nuestro mundo se colapsa, pese a no haber ostentado jamás nosotros controles de ninguna clase. El mundo, desde siempre, fue incierto, veleidoso e incontrolable, así que soltar lastre se convierte en un ejercicio sabio y muy, muy deseable para sobrevivir a nuestros propios miedos, especialmente en tiempos de pandemia, y compartir se hace más que necesario. Sobriedad de egoísmo, pues.

P.D.: Quizá a algunos este texto resulte duro en estos días navideños, pero el Niño Dios nació en un pesebre por no hallar sus sus padres mejor acomodo. FELIZ NAVIDAD.

Resultados

23 noviembre 2020

Me enciendo una vela con olor a gardenia para hacer mi estancia en este lugar más placentera. En este hogar mío —el único que no me pueden arrebatar—, la magia sigue envolviendo vivencias y vocablos. 
Esta casita azul es un reflejo de quien soy y de quien seré; el pasado tiene menos cabida puesto que lo que se fue, aun doliendo, dejó ya de existir. Me interesa sólo cuanto pueda hacer en este preciso instante para crearme un futuro acorde a mis deseos, aunque ya sepa que el destino me pondrá los anhelos del revés y no para estropiciarlos, sino para darles la forma que merecen poseer. Ya no me involucro en resultados, artísticos o vitales, puesto que ahí pinto lo justo. Mi cometido no es otro que el de trabajar a diario sin pensar en metas de ninguna clase, pues el tiempo exacto que le corresponde a cada sueño para hacerse realidad no entra dentro de mis atribuciones. He aprendido, tras muchos coscorrones, que hay acontecimientos que de mí no dependen. Y este conocimiento es liberador, pese a que me haya costado años aceptar que la realidad proceda de acuerdo a sus apetencias y no conforme a las mías propias. Y espero que esta reflexión no suene derrotista, porque este dejar a las cosas seguir su curso natural es más sabio que andar peleándose con uno mismo y con el mundo. Ya prosperarán los proyectos cuando las circunstancias sean las precisas para que todo se ejecute con belleza y primor. Hay, pues, que laborar y proyectar pero sabiendo que las planificaciones, por muy cuidadas que sean, pueden tardar años en fructificar. Sé que, en todo caso, me espera un porvenir plagado de bonitas experiencias; habrá dolorcillos también, pero se usarán como combustible para crear un mundo mejor o para al menos intentarlo.

Jamás de los Jamases

9 octubre 2020

Suenan rugidos en las entrañas, en tanto los dolores despedazan el alma; pasa de rato en rato, pero cuando pasa hay que padecerlo. Y no sirve analizarlo: duele de igual manera, aunque se conozca su raíz y su significado. Se precisa tiempo para madurarlo; una vez deje de escocer, se contemplará como una de mis tantas debilidades, porque soy más de debilidades que de fortalezas. Y esta fragilidad mía me causa destrozos y muchos lloros. El mundo se me antoja a menudo como un emplazamiento despiadado en el que extrañas criaturas luchan por el poder, por imponer sus criterios, sean o no bienintencionados, y por excluir al que destaca por alguna singularidad, para crear así una extensa mediocridad en la que nadie brille más de la cuenta. El caso es que veo yo en todos potenciales y posibles resplandores, pero parece que la norma que rige a estos seres exóticos no es tanto el afanarse en esas metas que les concederían la felicidad que añoran, como el impedir que otros alcancen sus sueños. Este poner la zancadilla porque sí me resulta insólito, aun cuando sea una norma muy recurrida. Eso sí: el perseverar en las luchas acaba dando sus frutos, con independencia de que te incluyan o excluyan. La verdad, que es buena y bella, acaba siempre aflorando, disipando dudas y miedos; hagan lo que hagan, digan lo que digan, la mentira jamás se perpetuará en el tiempo. Jamás de los jamases. Y esto sí es una certeza.

P.D.: El editor de WordPress se me ha transformado en uno supuestamente más avanzado, muy a mi pesar, y me ha resultado imposible adjuntar mi consabida foto. Si alguien sabe cómo hacerlo, le agradecería que me lo explicara.