Sapiencia

Regreso a este lugar tras meses de ausencia, buscando una solución a mi dispersión mental. La canícula embarulla las neuronas: apenas se discierne, las perspectivas resultan tenebrosas y hasta la esperanza se ausenta porque se sabe que las calenturas seguirán decorando este verano insólito que ya despuntó en primavera, cuando tocaban templanzas. Y esas mesuras escasean aquí y allá: se percibe gran crispación en todos los rincones de este vivir nuestro y hasta en las series de ficción, el caos lo inunda todo, sin apenas espacio para lo ordinario, para ese existir diario con sus deliciosas naderías. Es como si la sabiduría fuese privilegio de unos pocos y no tanto por afán de estos «minisabios» de acaparar la sapiencia, como por la voluntad de renunciar a ella por parte de una extensísima mayoría. Porque, claro, si se asumen modos más fructíferos de emprender las cosas, nuestras malas maneras quedarán al descubierto y ya se sabe que cuanto desnude las vergüenzas es negado y combatido. Y, así, vivimos en una época en la que nadie sabe ni quien es ni quien desea ser y la confusión de identidades crea un panorama infernal en el que unos pisotean a otros por el mero hecho de ser y también de reflexionar; ni el discernimiento ni mucho menos la tolerancia o la disconformidad hallan lugar. Para sobrevivir, han de acatarse los dictámenes de las masas, que son desmontados en un plis plas con con un mero argumentacillo, pues el raciocinio, pese a los pesares, sigue laborando. Tiempos difíciles para la cordura por las elevadas temperaturas y también por esa abundancia de eslóganes que se adoptan para no cavilar; pensar por uno mismo es una rareza que suele, además, ser penalizada. Malos tiempos, pues, aunque algunos sigamos viviendo, dentro de estas extrañezas, con cordura, aferrándonos a cuanto es bueno, bello y verdadero. Nadie, en cualquier caso, nos va a robar la eternidad en la que ya moramos sin quizás saberlo; una vez que se descubre esa certeza, todo se acaba acomodando, aunque duela, aunque en apariencia esté desprovisto de sentido; todo, absolutamente todo está dotado de significación y ésa, y no otra, es la única realidad. Y, así, claro sí se puede existir.

2 respuestas to “Sapiencia”

  1. Eulogio (elo) Says:

    Y cuando ya no quede nada
    tendré siempre el recuerdo
    de lo que no se cumplió nunca.
    Cuando me miren con áspera piedad
    yo siempre tendré
    lo que la vida no pudo ofrecerme.
    Creedme:
    todo lo que pensáis que fue destrozo y pérdida/
    no ha sido más que conjetura.
    Y cuando ya no quede nada
    siempre tendré lo que me fue negado.
    No os confundáis: con lo que nunca tuve
    puedo llenar el mundo palmo a palmo.
    Tanto miedo tenéis que no habéis advertido/
    la riqueza que se oculta en la pérdida.
    Desdichados,
    poca ganancia es la vuestra
    si nunca habéis perdido nada.
    Yo sí he perdido
    yo tengo, como el náufrago,
    toda la tierra esperándome.

    Poema de Francisca Aguirre.

  2. zambullida Says:

    Te agradezco muchísimo el poema; es una maravilla que me ha llegado muy hondo. Gracias mil. Gracias también por recalar en esta casa virtual mía. Sé muy bienvenido.

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