Hoy vivo en el Paraíso

19 noviembre 2017

Los fríos nocturnos obligan a abrigarse mucho y anoche, mientras dormía, me destapé para amanecer con tiritona y con una bonita inflamación de garganta. Por lo demás, noviembre sigue su curso: la vida se conduce con más suavidad y los sustos se han desvanecido al fin. Cuando noviembre comienza, mi mente se arrellana y se inventa a ratos otra vida en la que en octubre y noviembre, y quizá también en diciembre, resida yo de forma obligada en la Gran Manzana. Son los meses idóneos para pulular por sus calles, para visitar museos, para asistir a conciertos y para celebrar Acción de Gracias. De momento, estamos aquí y aquí también se está bien con las medias de lana, la bufanda, la mantita sobre las piernas y el caldo de pollo. El sol sigue regalando bellas estampas y si se tiene la dicha de pasear al mediodía, los esplendores otoñales se contemplan de forma tan vívida que la hermosura de la Creación sobrecoge; conmueve que alguien se afanara en obsequiarnos con un mundo tan bello, tan lleno de detalles y pinceladas que no hacen sino desvelar el temperamento bondadoso y esteta de ese Creador que disfrutó diseñando el lugar ideal para que los hombres habitásemos, de así desearlo, en el Paraíso. Y así vivo yo hoy el día de hoy, en un Paraíso de paz y belleza.

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Pisto con Rachmaninov

10 noviembre 2017

Atempero el frío con un caldito mientras saboreo un ratito de descanso. Son días intensos, de muchos trajines, de ires y venires sin resuello; pareciera que el fin del mundo se avecinara y hubiera de resolver en pocos días el resto de mi existencia. Y hay que afrontar asuntos, pero sin ser vapuleada por un torbellino de quehaceres que, a diferencia de los que perpetro a diario, son enojosos y aun estrafalarios. La vida depara situaciones insospechadas que avasallan por desconocimiento. Una vez analizadas con sosiego, los ribetes cotidianos se imponen para devolverme el sentido de la realidad, que sigue conmoviendo si dejo a mi mente reposar; me deleito entonces con un baile de hojas, con festones de nubes, con ramas desnudas de fronda y vestidas de poesía, con un pisto sonrojado en el último momento con los pocos tomates que ya van regalando las huertas. Y mientras revuelvo los ingredientes y voy añadiendo un poco de rojo o un poco de verde, hasta que los colores y sabores adquieren la textura precisa, gime el piano con el romanticismo nostálgico de Rachmaninov. Y en ese preciso instante, nada perturba el ánimo. Nada ni nadie pueden robarme ese momento que ya jamás viviré, pero que mientras existió me rodeó con brazos maternales.

Vientos iracundos

29 octubre 2017

Paseo poco antes del anochecer; las copas de los árboles se contonean y agitan, a mi paso, sus coloridas hojas. La climatología ha marcado las idas y venidas de esta caprichosa semana. Hace apenas tres noches deambulaba yo bajo uno de esos cielos estrellados que sólo se contemplan en el campo. Entre árbol y árbol, asomaba un paño aterciopelado tan terso y perfecto que asemejaba al decorado de las películas de antaño, ésas que con pocos artificios nos trasladaban a mundos mágicos para soñar y creer más en nosotros mismos. Cuando el arte alienta la esperanza, nos sentimos más dichosos y los miedos se arredran ante el ímpetu de ilusiones que brincan como niños y esparcen purpurina por doquier, de suerte que la vida pierde grisura y adquiere brillos que reflejan cuanto el corazón anhela. Y esto acontece también cuando el drama invade el vivir, sazonándolo con tantas especias que uno teme intoxicarse de aromas y sabores. Entonces, para sobrevivir, se aguzan la observación y la escucha a fin de que nada se escabulla, para que lo bello conmueva, para que lo dramático de la existencia ni atosigue ni encubra el horizonte en tanto vientos iracundos azotan puertas y persianas.

Sorpresas y hallazgos

22 octubre 2017

Este mes de octubre, plagado como está de complicaciones, me depara también bonitas sorpresas. Un proyecto por el que llevaba años peleando y al que daba ya por perdido podría ser iluminado de tal modo que otros puedan contemplarlo tal y como yo lo concebí. Por otra parte, me siguen rodeando maldades, pero pierden bríos y la realidad podría abofetearlas y ponerlas del revés; estoy al respecto tranquila. Anteayer regresé a una capilla presidida por un Cristo románico. Siempre lo había admirado desde el lado derecho. Me había resultado feo; no entendía las razones del artista para esculpirlo tan mal parecido. El otro día lo contemplé desde el lado izquierdo, desde el banco en el que me aposenté; el Cristo dolorido cobró vida y belleza. Llevaba en el rostro la angustia, pero también los rasgos de alguien a quien conozco apenas hace unas semanas. Me pareció entonces hermoso y el descubrimiento me llenó de estupor; sabía que aquel hallazgo algo significaba y voy vislumbrándolo con más y más claridad; este sorprendente encuentro ha sido cualquier cosa excepto casual. La realidad, si se contempla desde todos los ángulos, aun desde los, en apariencia, más descabellados cobra un sentido que llena el corazón de paz. Bendita paz. Bendita realidad. Bendito otoño.

Páginas en blanco

8 octubre 2017

El día atardece entre ámbares y rosáceos y los ánimos, que amanecieron muy exaltados, van poco a poco sosegándose. La templanza del día, los fulgores que desprenden los árboles amarillecidos y esa luz voluptuosa que asoma cuando el verano se desvanece reconfortan como lo haría un consomé en una tarde desapacible. Compruebo, una vez más, que del más absurdo de los disparates puede salir un bien y que ante una injusticia deliberada uno puede resistirse o acatarla para, así, descansar. No se trata de tener o no razón o de imponer siquiera cordura a los conflictos que nos atañen. El bien y la sensatez sólo a mis actos compete, pues carezco de potestad para dirigir otras vidas. Los desmanes ni reconfortan ni compensan; antes bien, enturbian el alma y mutilan la libertad, lo más hermoso que poseemos.

Y uno siente compasión por estos seres desesperanzados que ni aman, sueñan, ni sienten. A fuerza de reprimir lo bueno que también les compone, se han privado de esas delicias que saborearían con sólo desearlas y de la posibilidad de escribir esas páginas que han dejado en blanco, las únicas que cambiarían su destino.

I always told you. You’re special. Your history isn’t over yet. There’s still a page left.

Joi from “Blade Runner 2049”.

Los réditos de la rectitud

12 septiembre 2017

Frente al cinismo que me circunda, uso cuanto me sirva a sobrellevar los pesares, a abrazar lo que detesto y a mirarlo como un bien que acabará dando fruto, aunque ahora se asemeje a una pesadilla. Cambiar el mundo es más sencillo de lo que creemos; si uno persiste en una actitud sustentada en lo bello, bueno y verdadero, las cosas del día a día se aligeran y el semblante risueño, despojado de sarcasmos e ironías, acaba interpelando hasta al más necio de los hombres. Dentro de todos, se esconde un niño temeroso que ansía ser amado; y por esa rendjija puede uno colarse en otras almas para esparcir pellizcos de esperanza. Es preciso, para caminar con conciencia liviana, desterrar embustes y cambalaches. Se descubre antes al mentiroso que al cojo, así que enemistarse con la verdad no conlleva sino quebraderos de cabeza. Los discursos pesimistas no cautivan; seducen, en cambio, las sonrisas y las miradas limpias. La pureza en todas sus apariencias empolva la vida con atmósferas diáfanas y cálidas; la bondad endulza paladares y, en grandes dosis, embriaga como ambrosía. La rectitud, que siempre proporciona buenos réditos, es sin duda la mejor de las inversiones. Y, al escribir esto, me recuerdo a mí misma que he de practicarla aun cuando los diablillos me susurren maldades.

Laborar y zanganear

3 septiembre 2017

Cuando permito que el caos se adueñe de mi entorno, mi mente pulula a la deriva y una nube de azufre envuelve mis pensamientos; todo parece feo y tenebroso y temo que una lluvia de males me acabe sepultando. Si limpio acá y allá, si coloco lo que llevo tiempo postponiendo, la mente se asienta y despeja y el vivir se recubre de destellos que alumbran detalles que había, en mi ceguera, ninguneado. Todo resulta entonces amable y cada vivencia parece encaminada a forjar mi destino, a alcanzar los fines que codicio. Eso sí: si me impongo muchas tareas, me hundo también en el caos. Se precisa un equilibrio, un poquito de esto y otro de aquello. El tumbarse a la bartola cunde tanto como horas y horas de trabajo; la holganza, bien llevada, procura bienes y beneficios. Suelo olvidarlo por esa manía mía de producir a toda costa, por esa mentalidad anglosajona que considera casi un pecado el contemplar las musarañas, pese a lo enriquecedor que resulta el zanganeo. Recrearse en lo pequeño da paz y alegría y regala flamantes ideas que esperan ser vislumbrarlas en medio del frenesí en el que a veces habito. Gandulear un poco será mi objetivo para septiembre, el mes más dulce y hermoso y entre cuyas bondades siempre he hallado mullido acomodo. Dulce septiembre…

Bajar la guardia

27 agosto 2017

La deseada lluvia ha irrumpido en este tórrido verano para limpiarnos de malos humos, para insuflarnos alientos y redecorar el cielo con arabescos que, al atardecer, roban el aliento y le hacen a uno a detenerse a contemplar la vida, esas filigranas que componen el acontecer diario y que a ratos, por ese ir de acá para allá, pasan inadvertidas. Y en esos ornamentos uno se deleita y, al hacerlo, todo parece hermoso y el sinsentido de días atrás se arrincona por un bello presente que traerá de seguro un bello futuro, pues en todo halla el alma consenso y belleza. El estar pendiente de emails o llamadas de teléfono, como es mi caso, para sacar adelante proyectos postergados provoca crisis de ansiedad, pero este contemplar la vida despacio se ha llevado cuanto sobraba para dejar en su lugar una estela de quietud y también de raciocionio; en los momentos candentes, el miedo se apodera de la razón para campar a sus anchas. No voy a dejar resquicios al desvarío; voy a combatirlo con mis armas: una siesta sosegada, una crema de calabaza, un par de horas de lectura y un paseo que me dispongo que a dar tan pronto publique este post. Como siempre, la sencillez es lo que salva de perder la cordura, de esa sinrazón que acecha en cuanto se baja la guardia.

Caparazones

10 agosto 2017

«Todo lo que somos lo llevamos con nosotros en el viaje. Llevamos con nosotros la casa de nuestra alma, como hace una tortuga con su caparazón» Andrei Tarkovski

Y en ese hogar caben toda clase de cachivaches, aunque sean tres o cuatro cosas las que interesen; curiosamente, las menos valoradas, pues sin conocerlas bien ya nos resultan fastidiosas al ser constante fuente de inquietud. Y ese desasosiego que nos inunda de rato en rato, junto con el abultado fajo de decepciones con el que apechamos, son el mejor indicativo de lo que somos: seres creados para la Eternidad que ansían un brebaje que les calme la sed de Infinito que les compone. Y, por ello, todo acaba cansando, aburriendo y trasladándonos a un mundo de nostalgias en el que se añora lo que jamás se retuvo. Se añora lo que se intuyó, aquellos esplendores que un día vislumbramos en un amanecer o en una colorida tormenta, aquellas certezas que en un instante nos cosquillearon el alma para recordarnos la inmortalidad del alma. Se añoran esa sensación de poseerlo todo, aun sin saber identificar ese todo, esa tranquilidad que proporciona el aceptar el destino y esa pasión que conmociona los adentros cada vez que nos atrevemos a desear más, a ir más allá, a escarbar en ese caparazón que llevamos a cuestas. Desear es bueno, muy bueno. Nada hay más humano que la libertad, que prescinde de coacciones y se codea con lo que es justo y verdadero, y que el sacrosanto deseo. Sin ellos, seríamos títeres manipulados por modas y opiniones ajenas; sin ellos, seríamos zombies que respiran y vegetan.

Bienvenido agosto

3 agosto 2017

Julio, siempre antojadizo, se fue con sus alocados caprichos, con sus ardores y ardides. Y vino agosto, que es más sosegado y limpio por esa frescura que regalan madrugadas y mañanas, por ese corretear de las horas ligero y considerado, dejando atrás ímpetus y empellones. Es como si el verano, una vez encauzado su camino, se hubiese finalmente enraizado en cuantos aborrecemos la canícula, pues ya el cuerpo se ha acostumbrado al calor y hasta agradece los guiños veraniegos. Agosto anuncia ya el nuevo curso y, aunque se descansa, también se espolean proyectos arrinconados por hacer un poco de limpieza y por confiar en posibles oportunidades. Pese a estar un poco averiada a causa de desbarajustes varios, mi espíritu, meses atrás alicaído, se expande y robustece sin pausa. Y creo que estoy moralmente obligada a luchar por mis sueños, encuentre o no apoyos; las zancadillas, lejos de amedrentarme, me insuflan alientos. Sigo, pues, a mi destino, que es, por otra pare, la única manera de no extraviar el camino. Este mes de agosto, intuyo, va a ser benévolo conmigo. La alfombra roja la desplegué tan pronto pasé la hoja del calendario. Sembrar y cosechar, como siempre; no hay senderos alternativos.