Archive for the ‘Amor’ Category

Garabatear

9 octubre 2018

Es un placer garabatear una cuartilla teniendo o no teniendo nada relevante que desentrañar; escribo para vaciarme del exceso de vocablos que a ratos engulle mi entendimiento con nonadas de consonancias y disonancias. Es tanta la intensidad con la que convivo que a veces he de recurrir a descuidadas caligrafías para dar rienda suelta a las expresiones que mis emociones demandan. Nada especial ha acontecido; sólo un pálpito que llevo años en el corazón ha resucitado para colmarme el magín de sueños, de diálogos que imagino algún día ocurrirán en algún lugar de este mundo nuestro. No es más que un roce en la mejilla, una subjetividad poco razonada y razonable pero la siento de tal modo que parece real, muy real. Tal vez algún día confiese ese acontecimiento por el que mi corazón suspira de rato en rato; no lo desea de forma consciente, pero las lágrimas de dicha indican que esas corazonadas desvelan quizá pedacitos de realidad. Pudiera ser también que el buen juicio me haya abandonado a merced de estravagantes pálpitos. Poco importaría: mi cordura no es asunto que me preocupe en tanto viva yo una vida plena y coherente. Desde que amanecí me deleito en estos llantos “amorosos” que saben a dulce de membrillo y que brillan como esas hojas amarillecidas que esplenden en estos días soleados. Y lo hacen, y lo hacen saboreando sus últimos rayos sin discurrir si su comportamiento es respetable o razonable; así quiero yo “brillar” sin sesudos razonamientos, sin explicaciones que pongan en entredicho mi locura y ese aún inexistente amor que con tanta fuerza intuyo. Lloro porque sé que vendrá, me arrasará y me dolerá. Lloro porque siento y sentir es bueno.

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Agradecimientos

20 diciembre 2017

Fregoteo un poco el suelo; es mi forma de hacer ejercicio pues estoy condenada a un semireposo a cuenta de un esguince de tobillo que me precipitó desde las alturas, de una silla a un frío suelo de baldosa; se retorció el pie con tanto brío que luzco moratones y buena inflamación; todo por tratar de apresar el pimentón dulce para las lentejas. De camino al hospital, temí matarme de nuevo; eran tales los dolores que no podía superar los 60km por hora en la autovía: mantener la atención me exigía colosal esfuerzo. Tras la valoración inicial, me informaron de que me aguardaba una noche larga; les conté mi historia, mi miedo a estazarme con el coche y a conducir de noche. Ni tiempo me dio a acomodarme; mi nombre resonó a los pocos minutos por megafonía y, en silla de ruedas, recorrí pasillos y vi en una sala de espera un dolor que me traspasó el corazón, en tanto hacía ímprobos esfuerzos por contener las lágrimas que luego, de camino a casa, fluyeron a mansalva. Me sentí, pese a mi estropicio y a un montón de males que me aquejan, afortunada y no cesé de dar gracias a Dios por cuanto a diario me regala, incluido este esguince que me tiene recluida. He comprobado que la gratitud es milagrosa; cuanto uno agradece deja de pesar y se hermosea de tal modo que hasta una bendición pareciese. La gratitud, aun en los momentos más aciagos, ha sido el mejor descubrimiento de estos últimos y áridos meses. El poder del agradecimiento trasciende todos los límites y torna lo imposible en verosímil. Así sí se puede vivir.

Esperas

4 diciembre 2017

Los dramas de la vida me espolean cuando permito que me arrastren los malos augurios, que se apilan cuando dejo de crear. Sin creatividad, la vida se vuelve tan áspera que todo roza y daña. Si soy fiel a mis textos, a mis proyectos o a ese manuscrito que un día abandoné, nada temeré, aun cuando tornados arrasen la humanidad. Los miedos no se asientan en un corazón traspasado por la belleza, sobrecogido por la conmoción que provoca el saberse instrumento de Altas Instancias a fin de franquear otras almas y de llevar esperanza a un mundo alicaído que sólo se aparta de su apatía para consumir de forma desenfrenada pretextando, ahora, la cercanía de las Navidades, esas fiestas tan hermosas y coloridas que ya carecen de consistencia y significado. Y en medio de este falso jolgorio hace su presencia el Adviento con su estela de serena y jubilosa espera. Hay que suavizar los engranajes del alma, pulirla y aquilatarla para que en sus resquicios halle acomodo la verdadera paz que no abandona cuando la adversidad llama a la puerta. He de acicalarme para recibir los dones que preciso, que se derramarán si estoy atenta, si busco el bien y la justicia. Por este sendero, nada se me negará y los malos ratos se convertirán en anécdotas que engordarán mis ya suculentas memorias. Espera confiada, espera dichosa, espera que también aguarda con paciencia a que yo sea capaz de creer que sólo el bien acecha.

Hoy vivo en el Paraíso

19 noviembre 2017

Los fríos nocturnos obligan a abrigarse mucho y anoche, mientras dormía, me destapé para amanecer con tiritona y con una bonita inflamación de garganta. Por lo demás, noviembre sigue su curso: la vida se conduce con más suavidad y los sustos se han desvanecido al fin. Cuando noviembre comienza, mi mente se arrellana y se inventa a ratos otra vida en la que en octubre y noviembre, y quizá también en diciembre, resida yo de forma obligada en la Gran Manzana. Son los meses idóneos para pulular por sus calles, para visitar museos, para asistir a conciertos y para celebrar Acción de Gracias. De momento, estamos aquí y aquí también se está bien con las medias de lana, la bufanda, la mantita sobre las piernas y el caldo de pollo. El sol sigue regalando bellas estampas y si se tiene la dicha de pasear al mediodía, los esplendores otoñales se contemplan de forma tan vívida que la hermosura de la Creación sobrecoge; conmueve que alguien se afanara en obsequiarnos con un mundo tan bello, tan lleno de detalles y pinceladas que no hacen sino desvelar el temperamento bondadoso y esteta de ese Creador que disfrutó diseñando el lugar ideal para que los hombres habitásemos, de así desearlo, en el Paraíso. Y así vivo yo hoy el día de hoy, en un Paraíso de paz y belleza.

Paciencia y Diálogo

31 octubre 2016

En medio de la confusión y del miedo, surgen siempre inesperados destellos que recuerdan que el bien también nos compone, que el existir es algo más que sortear obstáculos, que la certeza de saberse amados es real.img_0605 Y al saberse uno querido, resulta más sencillo acoger al otro, al que disiente de ti, al que en apariencia nada te une. Descubrir al otro exige paciencia y diálogo; no es una cuestión de confrontar vivencias u opiniones, sino de escuchar, de mirar, de acoger lo que nos presenta con un respeto reverencial y también de compartir. Siempre me topo con inesperados regalos en quienes se cruzan en mi camino, en conocidos, pero sobre todo en desconocidos que, de repente, hacen lo imposible para que tu vida sea más fácil, para que los avatares no te golpeen. Pensaba en mi compañero de piso; un ángel por quien no ceso de dar gracias, en esa muchacha que me regaló una cámara fotográfica, aunque luego no lograra hacerla arrancar, o en el desconocido que hace unos días me ofreció una entrada de cine para un documental de la SEMINCI; se recorrió un buen trecho en bici sólo para que yo disfrutara de la película. Aun en tiempos de zozobra, se acacaban imponiendo el afecto y la ternura, la belleza de lo humano.

Rotundamente no

24 octubre 2016

A ratos la lucha por la vida es tan feroz que las fuerzas se ausentan y lo dejan a uno a merced de los miedos, ésos que se empeñan en que todo arredre. img_0553Pareciéramos entonces guerreros mutilados frente a un ejército de férreos combatientes dispuestos a despedazarnos al primer descuido. Para no dejarse aturdir por el engaño, hay que alejar la mente del tumulto, de esa confusión que sólo siembra temores a fin de distorsionar la realidad. Hay certezas pues hay bien y habiendo bien, los males ya no resultan malignos; en un pispás, además, el decorado se vuelve del revés y te llueven mimos y regalos. Se puede vencer a la angustia, se puede aplastar al caos y reemplazar la grisura que traen el cansancio y el hastío con una luminosa esperanza que siempre embellece actitudes y semblantes. Todos poseemos un abultado archivo de actos injustos y malintencionados, pero sabemos en nuestro fuero interno que el mal no vence al bien. Parece abandonarnos, pero jamás lo hace; siempre está ahí acompañándonos, consolándonos y mostrando los destellos que engalanan el día a día, los que el temor oculta. Cada día es bello, inmensamente bello. Preciso recordármelo una vez más para vencer a esa nada que pretende enseñorearse de mí. No, no y no. Rotundamente no.

Nutrientes

16 octubre 2016

Ando demediada por esta infección respiratoria que se niega a dejarme a solas; en medio del malestar se balancean brisas y susurros que hablan de bienes, de inmensidades compuestas de pequeñeces y de nimiedades que a mí me saben a gloria pues me recuerdan quién soy y para qué estoy aquí. img_0462Ese saberse en su sitio pone a las tozudas contrariedades en el lugar que le corresponden, en un huequecito que apenas ocupa espacio porque he decidido arrumbarlo para que no se entrometa en mis asuntos y me impida avanzar. Y con ese saberse, la vida no se tambalea al primer golpe de viento, sino que resiste a tornados y tormentas. Una amiga ganó a través de un concurso un sueldo de 1000€ durante un año; clamaba ella por dineros para emprender sus sueños y ahora que esa supuesta seguridad le ha caído del cielo, sigue frustrada y aun se preocupa por lo que Hacienda le reclamará. La solución está siempre en nosotros, no en ventajosas coyunturas ni en huecas diversiones que nos dejan el corazón dolorido, pues las punzadas se acentúan cuando comprobamos que lo añorado sigue sin satisfacernos ¿Dónde hallar respuestas? En lo que nos compone, en ese alma que yace muribunda por falta de nutrientes y del sentido que brota de la pertenencia a la Eternidad.

Deseos de venganza

19 septiembre 2016

Cuando se amontonan los ultrajes, resulta más difícil discernir el bien del mal, así que hay que andarse con ojo. En un arrebato se puede destruir tanto que espeluzna sólo de pensarlo. imageLa prudencia y la paciencia son, en estos casos, las mejores consejeras: huyen de estruendos y algarabías y se atienen al bien, aun en las circunstancias más aciagas, aun cuando las injusticias arremetan contra uno sin piedad. Rehuyo, por ello, a vocingleros expertos en sembrar males y discordias. Sin sus diabluras, el mundo sería un lugar más bello y armonioso. Es arriesgado, por otra parte, erigirse en jueces de lo ajeno, pues nuestras infracciones se pesan en la misma balanza en la que se calibran las del prójimo. De ahí la importancia de la benevolencia, de no emplear la justicia para nuestros fines y de respetar hasta al más malvado de los hombres. Una amiga me enseñó un buen truco para archivar afrentas: imaginarse al pérfido sujeto que nos hace la vida imposible como el niño que un día fue; al verlo gatear y balbucir, el corazón se ablanda y la compasión y la paz acaban reemplazando a los deseos de venganza. Es importante insistir y recordar que el mal sólo engendra mal.

Coffee Charger

10 septiembre 2016

El mal, aun siendo un conocido habitual, sigue asombrándome, pese a tender yo también a él. Eso sí: al ser consciente de ello, hago lo imposible para expulsar a esos feos pensamientos que a ratos enturbian mi mente.image Por otro lado, prefiero reservar mis bríos para fines más sensatos. Requieren las maldades de malsanas habladurías y de complejas y agotadoras maquinaciones; de emplear mi tiempo en complots, mis proyectos quedarían huérfanos de padre y madre y yo misma, sin intercesión de nadie, me despojaría de esa dicha que acaricia el alma, de esa esperanza que anima a confiar en el resto de la humanidad, en la capacidad del hombre para crear y amar y no para odiar ni atesorar venganzas o rencillas que carcomen sueños y entrañas. Me hallo en un café rodeada de solícitas camareras que sonríen sin parar porque la vida lo merece y cuando las observo trajinar e intercambiar confidencias y risas, me lleno de alborozo. Hay más bien que mal y éste, pese a sus cambalaches, jamás logra imponerse. Descanso en la confianza, en ese mullido sofá que conforman la fe y el amor, en el único en el que se reposa, pues aquí la paz envuelve en una plácida modorra… Me quedo en este lugar.

Miríadas de estrellas

21 agosto 2016

imageY seguimos con este sosegado agosto en el que se suceden sin descanso las frustraciones; mis miedos se hacen realidad y se cumplen hasta los peores pronósticos. En medio de este torbellino que a veces me zarandea, se acaban imponiendo siempre la paz y la cordura. Acepto cuanto me acontece, pues sé que una razón que ahora se me escapa justifica los estropicios y que lo mejor está por llegar. En un plis plas, todo cambia, para bien y para mal. El saborear cada día, el apresar cada instante y convertirlo en algo hermoso es mi principal cometido. Trabajo también a ratos aunque me falten mis antiguas herramientas y sigo pergeñando sueños; ninguna contrariedad puede arrebatarme la calma estando asida a la realidad, que es más mágica que esos cuentos de hadas poblados de castillos glaseados de escarchas y de beatíficas criaturas. Así también es la vida, pues en el acontecer diario se enredan miríadas de estrellas, que refulgen hasta cegar, en una estela de quietud y belleza. El día a día deslumbra para quienes confían y acogen los tropiezos como huellas que guían hacia los logros. Siempre fue así y siempre lo será.