Archive for the ‘Fe’ Category

Cantos de alabanza

28 abril 2017

Estos abriles míos han estado sembrados de sobresaltos; parece que las tuercas se aprietan más y más y uno no sabe ya qué hacer, excepto padecer. Sin embargo, restan tres días para que el mes se acabe y tengo tantas esperanzas puestas en este bendito abril que hasta me parece que en tres días se puede obrar el milagro que preciso: Pasos he dado y en cuestión de horas, lo imposible parece verosímil. Si fuera cierto, si por una vez los obstáculos se encogieran de miedo y de vergüenza y me dejaran corretear a mis anchas por esas llanuras castellanas que amo y aborrezco a un tiempo… Si fuera cierto, regresarían la paz y hasta la dignidad que me han ido arrebatando. Si fuera cierto, cantaría a los cuatro vientos las venturas de la Pascua, de la Resurrección. Si fuera cierto, mi cuerpo abandonaría su sepulcro, se libraría de incómodas mortajas y danzaría como si le hubiesen insuflado vida de nuevo. Anhelo vivir, respirar sin miedo y ser quien soy sin ser abofeteada por ello. Pido tan poco que, a cualquiera, mis aspiraciones le resultarán ridículas. Sólo ambiciono lo que todos poseen, lo que la mayoría disfruta sin pararse a pensar si merece o no. Es de sabios ser agradecidos; la gratitud se codea con la paz y con la dicha. Ojalá pueda yo hoy mismo entonar cantos de alabanzas. Ojalá. Ahora me voy a agradecer que estoy viva, aunque a ratos preferiría no estarlo.

Abriles

9 abril 2017

Abril es sinónimo de brisa, de lluvia, de lilas, de prisas, de verdes horizontes entre los que, entre disgustillos, se intercala siempre la esperanza. Tiene este mes una sonoridad tan hermosa que no me importaría detener un poco el calendario para disfrutar de más abriles, de esas cosquillas que hacen en el alma, y en los sentidos, las horas rotundas, las que desprecian vaguedades y aprecian las precisiones que requiere el vivir. Una mañana de abril podría ser el comienzo de una novela, de un poema o de un nuevo existir, pues los abriles son jóvenes e impetuosos y gustan de la audacia y de la hermosura. Este comienzo de abril, empero, se ha soliviantado para sofocarnos con temperaturas demoníacas que a mí me llevan de sillón en sillón, pues mi cuerpo desfallece ante estas alocadas arremetidas; hasta mi mente se ofusca y batalla por no adormecerse. Tal vez consiga pasear o tal vez me vea obligada a sobrellevar la calorina en esta habitación en la que no sobra la rebequita. Aquí me refugio del fuego que incendia el resto de la casa y sueño sin querer con el campo, con sus aromas, con su frescor, con esa vida que perdí y que hoy añoro.

Compostura

28 marzo 2017

Los días son largos y claros, pero cunden poco; la luz es muy traicionera y distorsiona tiempos y tareas. Escribo a diario, pues no escribir sería como no vivir. El proyecto que hace más de un año acaricié va creciendo a lo alto y a lo ancho; no sé si lo hace deprisa o despacio: sólo importa la expansión de esa locura que tantos codician y pocos arriesgan. Para eso estamos los lunáticos, los que sueñan con mundos hermosos que parecen lejanos pero que, de tanto soñarlos, van sigilosamente acercándose. Si los ojos se prestan a ello, intercalo también lecturas. Me emborraché con la prosa de Thomas Wolfe, que cincela el alma humana con un amplio muestrario de vocablos, me acarició la brisa de de Willa Cather y me conmovió, como siempre, Jiménez Lozano. “Se llamaba Carolina” me ha arrancado risas y lágrimas; esa melodía tan suya convierte hasta la barbarie en una hermosura por esas palabras que se enroscan aquí y allá y que tornan cualquier vivencia, por menuda que parezca, en un tratado de filosofía, pues cada gesto cuenta. Así vivimos algunos, en un mundo en el que sólo pelean los personajes de ficción, en el que no hay palabras malsonantes, en el que  la realidad se convierte en ensueño y el ensueño en realidad. Es bonito sentir así, abarcarlo todo sin perder resuello, anotando cada compostura. Es bonito estar chiflado.

Coloridos invernales

31 enero 2017

img_1012Febrero es, en apariencia, un mes insulso que a mí siempre me sabe más que otros y hasta me resulta exótico por sus coloridos y la variedad de sus eventos. Se intuye la primavera, los azules engalan los cielos, los días se alargan y la vida bulle a escondidas para sorprendernos en marzo con refulgentes destellos. Y ahora que lo pienso ni siquiera enero ha concluido aún, pero voy apresurada a cuenta de la cercanía los Oscars. Tras los Globos de Oro y las nominaciones, comienzan a extenderse alfombras rojas aquí y allá y vivo yo esta sucesión de acontecimientos con gran intensidad. El cine me apasiona tanto como la literatura; si tuviera que elegir entre uno y otro, el corazón se me desgarraría. Son tantas las pelis que quiero ver que me organizo la agenda en función de los estrenos y como los filmes en Versión Original se proyectan a horas intempestivas, hay que realinear el día a día. Queda todo relegado a un segundo plano, aunque prosiga con proyectos y trabajos. Y esta actividad deslavaza un poco los sinsabores y las frustraciones del acontecer diario, pues se sigue viviendo, enfrentándose a retos y temblando a ratos de miedo. Menos mal que mi tozudez siempre me acompaña; sin ella, nada pergeñaría y mis empeños yacerían en el polvo por aparente descuido, pues mi desidia siempre la causan los temores, esas dudas que me asaltan para descorazonarme y, en definitiva, aniquilarme. Febrero una vez más me sacará del atolladero y me recordará lo que me obceco en olvidar.

La La Land

22 enero 2017

En estos días soleados arrecian fríos e ilusiones. En un momento puede acontecer lo extraordinario: darte cuenta de que estás traicionando tus sueños, recular y hacer lo imposible por apresarlos. Me sucedió el otro día tras ver por segunda vez “La La Land”. img_0986Salí del cine rota en pedazos; todas las butacas mostraban rostros sonrientes, sólo el mío estaba enrojecido por el llanto, y las lágrimas habían aflorado desde el comienzo del metraje. Me senté en un café durante una hora larga a barruntar mis penas, a diseccionarlas, a comprenderlas. Al día siguiente hice una sencilla llamada y me salió bien: el miércoles comienzo una nueva etapa que me llevará sólo Dios sabe dónde. Ya no hay vacíos por experiencias desaprovechadas y las noches de insomnio se han desvanecido. Luchaba en la dirección equivocada, un poco influenciada por el entorno y también por los convencionalismos. Algunos me calificarán de lunática, pero el ser una soñadora me ha reportado un sinfín de alegrías. Preciso que el mundo se mueva más deprisa y expresar cuanto mi alma alberga de forma más intensa. El arte, en cualquiera de sus manifestaciones, es una suerte de contemplación de lo bello y verdadero que este mundo alberga, una búsqueda de ese misterio que todos portamos sin saberlo, un anhelo de eternidad. Bendita, bendita eternidad.

Posdata a los Reyes Magos

11 enero 2017

Queridos Reyes Magos:

Os estoy muy agradecida, pues desde el día 5 de enero no habéis hecho sino soprenderme. img_0944Empezasteis con aquel imposible que, a diferencia de mis otros imposibles, consideraba abocado al fracaso y, sin embargo, antes incluso de enviaros la carta, aquel inalcanzable deseo se hizo realidad. Ante mi avalancha de peticiones, me afeasteis la conducta; aun así, supe que todo me sería dado tarde o temprano. Y aquí ando cosechando pequeños triunfos y también obsequios más mundanos y no, por ello, menos necesarios. Sé que os alegra que esté contenta, que albergue de nuevo ilusiones y que mis proyectos hayan salido de su letargo, como si una súbita primavera hubiese renovado cuanto yacía moribundo entre la yesca y la hojarasca. Hay algo, sin embargo, que no os perdono: escribo este post a las cuatro de la madrugada, cuando sabéis que el descanso  encabezaba el primer lugar de mi abultada lista de regalos. Sé que el insomnio no me lo causan preocupaciones, sino un cúmulo de emociones positivas que han acabado desbordándome y a ratos la risa me apresa y la ahogo como puedo para no despertar a mi compi de piso. Necesito dormir para seguir trabajando y no arrearle a D. mañana un sartenazo. Dadme ya el descanso, por favor; harta estoy de levantarme a la cocina a comer galletas y a lavarme los dientes.

Cálculos e improvisaciones

30 diciembre 2016

img_0500Recuerdo, de pronto, que un nuevo año comenzará mañana. Ni tengo lista de propósitos ni pretendo elaborarla; vivir el día a día es más que suficiente. Hay, claro, proyectos, pero saldrán cuando corresponda y es bueno que así sea. Aunque a veces me envuelvan llamaradas de rabia, confío en que me será otorgado cuanto precise en el momento más insospechado. Hay que desembarazarse de planes y aprender a improvisar; la vida exige tablas y dotes interpretativas. El cálculo pormenorizado de mis anhelos sería absurdo y aburrido; si mis pronósticos se hicieran realidad de forma inmediata, vivir perdería su encanto. En cualquier caso, mis percepciones son más acertadas de lo que sospecho y a veces me sorprenden logros que aun pareciendo diminutos, son en realidad titánicos. Consigo más de lo que creo y trabajo con tal tenacidad que el día menos pensado, cuando ya nada espere, me caerán del Cielo un torrente de deseos satisfechos y ni sabré qué hacer con ellos. Cada día tiene su afán y, hoy por hoy, es más que suficiente. De momento, mi máxima preocupación es escribir mi carta a los Magos de Oriente; del resto me iré ocupando cuando cada reto llegue ¡Feliz 2017!

Desde la penumbra

21 diciembre 2016

img_0381La Navidad está al caer y yo la recibo con alborozo, aunque vaya a estar desprovista de lo que adorna los hogares en estos cálidos días. Con paz sobran el resto de los accesorios, aunque añore mi Nacimiento y mi Corona de Adviento, que están, como el resto de mis enseres, empaquetados en un oscuro lugar. Y tal vez sea bueno así, para sentir de veras ese anhelo de luz y de sentido que lleva cosquilleándome durante meses. En ese cuarto oscuro, que es mi alma, sé que las tinieblas serán rasgadas por un halo de luz tan potente que cegará mis ojos, acostumbrados como están a morar en penumbras, en estancias lúgubres en las ni el amor ni la esperanza hallan acomodo por ese no esperar ya nada, por esa lluvia de infortunios que ha ahogado a quien una vez fui. Sé que sólo confiando saldré del atolladero. El apoyarme sólo en mis fuerzas no ha hecho sino menguarlas hasta dejarme apenas un hálito de aliento. Como nada ya soy, puedo serlo todo de nuevo. Sufrir la maldad ajena me ha hecho perder la fe en la humanidad, pero la esencia de lo humano es la libertad, aun siendo usada para el mal, y el deseo de infinito, que sigue intacto en mí. Hay, por tanto, esperanza.

Crear y crecer

20 noviembre 2016

Está siendo un otoño muy extraño y no sólo por la climatología, sino por los nuevos decorados, que no siempre me agradan, y por todo lo acontecido desde que el verano se fue.img_0718 Y siempre he creído que lo mejor está por llegar y que el encontrar un sentido al acontecer diario, aun en las más circunstancias más aciagas, era cuanto precisaba, aparte de una buena dosis de esperanza. La paciencia se agota a cuenta del insomnio; el cansancio me abruma y me descubre una realidad que ni acepto ni comprendo y en esta no aceptación está el origen de mi padecer, de mis desvelos y de todos los males físicos que me asolan sin piedad. Y me pregunto si merezco tanto infortunio y en vez de disfrutar del ahora, me sumerjo en un pozo de desdichas, donde el agua ahoga ilusiones y enmohece los proyectos que quedan a flote. Ansío un cambio que me retorne a mi ser, a quien fui hasta hace no mucho tiempo, que me devuelva la sonrisa, el brillo en la mirada y esa esperanza inquebrantable que a muchos sorprendía. Tanto revés ha acabo minando lo que más preciaba, ese esperar contra todo pronóstico, ese emocionarme con cualquier fruslería, ese vivir cadencioso, esa gratitud que a ratos me desbordaba pese a nada poseer y, sobre todo, ese saber aprovechar cualquier ocasión, hasta la más dolorosa, para crear y crecer.

Piruetas

9 noviembre 2016

El insomnio es ya una rutina que, salvo en contadas ocasiones, logro esquivar. Vivo en una nebulosa en la que la realidad me evita y la irrealidad me corteja con requiebros y falsas promesas. img_0662Discernir la veracidad, a fin de no caer en las trampas que me tienden los constantes contratiempos y la consabida hiperactivividad mental, resulta cada día más complicado. Nada es lo que parece; hasta lo más sencillo se ha convertido en un complejo entramado en el que no hallo escapatoria. Me preocupan el deterioro físico que estas vigilias han traído consigo, así como la debilidad de mi organismo, con el que se ceban toda clase de infecciones. Añoro el campo, el contemplar las estaciones y la vida con la parsimonia de antaño; los días entonces cundían y las tareas eran fructíferas. Ahora apenas pergeño dos o tres cosillas y aquellos largos paseos, en los que el alma y la mente se esponjaban, son recuerdos de un tiempo que se fue. Sin ellos, ni pienso ni rindo. Ansío un cambio y, al tiempo, me esfuerzo en contener los anhelos de mudarme a otras latitudes para no caer en el engaño, para no ilusionarme con sueños que quizá no me correspondan. Nada, sin embargo, permanece y lo imposible se hace posible en cuestión de minutos; la vida siempre sorprende con sus piruetas. Me aferro a ese no saber que, pese a desorientar, está cargado de un significado más profundo del que mi pobre mente ahora vislumbra. Me aferro a esa certeza que deshace equívocos, que alienta deseos y que engulle los miedos que impiden abordar el día a día.