Archive for the ‘Deseos’ Category

Caparazones

10 agosto 2017

«Todo lo que somos lo llevamos con nosotros en el viaje. Llevamos con nosotros la casa de nuestra alma, como hace una tortuga con su caparazón» Andrei Tarkovski

Y en ese hogar caben toda clase de cachivaches, aunque sean tres o cuatro cosas las que interesen; curiosamente, las menos valoradas, pues sin conocerlas bien ya nos resultan fastidiosas al ser constante fuente de inquietud. Y ese desasosiego que nos inunda de rato en rato, junto con el abultado fajo de decepciones con el que apechamos, son el mejor indicativo de lo que somos: seres creados para la Eternidad que ansían un brebaje que les calme la sed de Infinito que les compone. Y, por ello, todo acaba cansando, aburriendo y trasladándonos a un mundo de nostalgias en el que se añora lo que jamás se retuvo. Se añora lo que se intuyó, aquellos esplendores que un día vislumbramos en un amanecer o en una colorida tormenta, aquellas certezas que en un instante nos cosquillearon el alma para recordarnos la inmortalidad del alma. Se añoran esa sensación de poseerlo todo, aun sin saber identificar ese todo, esa tranquilidad que proporciona el aceptar el destino y esa pasión que conmociona los adentros cada vez que nos atrevemos a desear más, a ir más allá, a escarbar en ese caparazón que llevamos a cuestas. Desear es bueno, muy bueno. Nada hay más humano que la libertad, que prescinde de coacciones y se codea con lo que es justo y verdadero, y que el sacrosanto deseo. Sin ellos, seríamos títeres manipulados por modas y opiniones ajenas; sin ellos, seríamos zombies que respiran y vegetan.

Bienvenido agosto

3 agosto 2017

Julio, siempre antojadizo, se fue con sus alocados caprichos, con sus ardores y ardides. Y vino agosto, que es más sosegado y limpio por esa frescura que regalan madrugadas y mañanas, por ese corretear de las horas ligero y considerado, dejando atrás ímpetus y empellones. Es como si el verano, una vez encauzado su camino, se hubiese finalmente enraizado en cuantos aborrecemos la canícula, pues ya el cuerpo se ha acostumbrado al calor y hasta agradece los guiños veraniegos. Agosto anuncia ya el nuevo curso y, aunque se descansa, también se espolean proyectos arrinconados por hacer un poco de limpieza y por confiar en posibles oportunidades. Pese a estar un poco averiada a causa de desbarajustes varios, mi espíritu, meses atrás alicaído, se expande y robustece sin pausa. Y creo que estoy moralmente obligada a luchar por mis sueños, encuentre o no apoyos; las zancadillas, lejos de amedrentarme, me insuflan alientos. Sigo, pues, a mi destino, que es, por otra pare, la única manera de no extraviar el camino. Este mes de agosto, intuyo, va a ser benévolo conmigo. La alfombra roja la desplegué tan pronto pasé la hoja del calendario. Sembrar y cosechar, como siempre; no hay senderos alternativos.

La audacia de vivir

24 julio 2017

La vida transcurre a un ritmo pausado y esta cadencia dota a las horas de bello contenido. Todo, aun lo diminuto, tiene cabida en lo que importa; cada gesto, cada palabra van fraguando lo que somos, lo que seremos. Según el talante de la acción o de la inacción, seremos dichosos o desventurados y nuestra existencia poseerá un cariz u otro. En circunstancias adversas tientan los atajos, las sendas en apariencia llanas que ni deparan alegrías ni tristezas. Escoger lo fácil para evitar lo que de veras ansiamos, lo que rebatimos con sesudos razonamientos para aplacar las pasiones que empujan de nosotros en otras direcciones, se ha convertido en un comportamiento tan habitual que el desafiarlo es castigado con desprecios y burlas. Me inspiran compasión quienes se mofan de sueños ajenos; sus vidas muestran ese sinsentido que defienden, un desbarajuste que achacan siempre a la suerte y a la contigencia. Si bien hay épocas gélidas que nos hielan hasta las entrañas por la frialdad con la que nos despachan, el azar jamás rige los destinos; lo hacemos nosotros cada minuto, cada hora, cada día. Y aquí seguimos algunos empuñando las riendas de la vida porque nos gusta ser felices, y cuando la dicha anda en juego, hay que ser cautos y también audaces porque vivir en plenitud exige audacia.

Equilibrismos

11 julio 2017

Cuando las rutinas se ausentan durante largo tiempo, fenezco. Necesito una estructura y sin ella, me embarullo de tal modo que me extravío en oscuras simas para ser golpeada por numerosos estímulos a los que no sé afrontar. Siento cómo si el mundo me engullera y cientos de tentáculos tiraran de mí en variadas direcciones. Y entonces me resquebrajo y luego, con mimo y paciencia, me recompongo una vez más. Es una tarea dificultosa; entraña ignorar los males que acechan, ver en ellos posibles bienes que quizá ahora no sepa vislumbrar y admirar lo que poseo, aunque sea una menudencia. Ayuda el saber que todo, hasta lo más doloroso, sirve para construir una mejor versión de lo que soy, de lo que algún día seré. Desayuda el comprobar que cada paso va cargado de congojas, pues una se ha convertido en el chivo expiatorio de frustraciones ajenas. Desalienta el apechar con las maldades de aquéllos a quienes no se puede evitar y con los que se teme dialogar por miedo a enredar aún más la madeja. Me siento como un equilibrista que se juega a diario la vida sin red, en tanto que una gran mayoría hace y deshace sin miramientos; remordimientos habrá, pero a mí esa cuestión no me concierne: las conciencias ajenas no entran en mi jurisdicción. Vuelvo a la cuerda, pues.

Risas y cantares

2 julio 2017

El trinar de los pájaros adorna el silencio y esta ausencia de sonidos me sorprende por inusual. Uno se acostumbra y se desacostumbra a casi todo; esta capacidad de adaptación es la que nos permite sobrevivir, por otra parte. Sin una cierta flexibilidad mental, estaríamos abocados a hundirnos en hediondas marismas de las que nada o nadie nos rescatarían.

Abrazo, al fin, el estío como una bendición en vez de como una plaga dispuesta a despojarme de descanso, de salud y hasta de cordura. Y en este sosiego recuerdo aquellos veranos plagados de juegos y ensueños, donde el zumbido de las moscas envolvía el alma en una placentera modorra que invitaba a contemplar las musarañas y a inventarme historias en ese mundo que, desde bien niña, me confeccioné para sobreponerme a las desdichas. Allí decidía quien vivía o sucumbía; guiada por la compasión, acababa regalando a mis ajetreados personajes un bonito final, porque tanta lucha exigía recompensa. Jamás se me ocurrió que aquellas peripecias tan rocambolescas se convertirían un día en el decorado de mi propia vida, que los obstáculos me robarían el aliento y me encerrarían en un callejón sin salida. Espero anhelante mi recompensa, pues cuanto me arrebataron sigue siendo mío y regresará a mí centuplicado. Y muy pronto, como dice el salmo, la boca se me llenará de risas y la boca de cantares.

Endemoniados

18 junio 2017

Lidio con el endemoniado calor y con temores que me hacen aúllar de dolor, de tanto cómo me encogen el corazón. No voy a permitir que se enseñoreen de mí; haré lo imposible para que se vayan por donde vinieron. Me he rodeado en unos meses de unos malvados que no reparan en daños con tal de alcanzar sus descabelladas metas. Dañar al otro no proporciona satisfacciones y acaba, como es lógico, pasando factura. Prefiero que me tomen por tonta a embrollarme en galimatías o a embadurnarme de lodo. Lo que me asusta es que veo estos comportamientos en gente muy joven, en apenas niños, capaces de todo con tal de enterrar al otro bajo el peso de sus frustraciones y de su escasa autoestima. El desconocimiento de uno mismo no provoca sino desaguisados que afectan a tirios y troyanos. Me salvan mi fe y la maravillosa prosa de Thomas Wolfe, que degusto como si se tratase de ambrosía. Confiemos en que la Belleza barnice todas las fealdades que me afligen hasta imponerse sobre quienes se obcecan en el mal. No puede ser de otro modo. El Bien y sus esplendores vencerán a las tinieblas. Lo harán, lo harán, lo harán.

Conciencia

6 junio 2017

Venía dispuesta a hablar del mal, pues siempre me sorprenden sus actitudes, sea o no víctima de ellas. Sin embargo, prefiero elogiar lo bello que también nos compone y la hermosura de esta vida nuestra. Con tanto desvelo, no reparamos en la belleza de la creación, en la disposición de todos y cada uno de sus elementos, hechos sólo para nuestro deleite, para permitirnos vivir en un paraíso al que hace ya tiempo renunciamos por esa fijación nuestra por hacer prevalecer nuestros deseos, cuando hay muchas apetencias que ni siquiera nos llenan y que nos hacen más mal que bien. Hay que protegerse de las agresiones externas, pero también dar el brazo a torcer aun cuando la razón acompañe, si ello regala paz y bienestar. Últimamente ya no me enfrento a las injusticias. Confío tanto en el Bien que sé que todo se resolverá de forma favorable a mis intereses y que la verdad, como siempre lo hace, aun en los escenarios más horrendos, acabará deslumbrando a quienes se empeñan en escudarse tras las tinieblas del mal. Y esa confianza jamás defrauda. Jamás. Disfrutar de una conciencia sosegada es impagable; se sufre, claro, pero de otra manera.

A vida o muerte

15 mayo 2017

Dos métodos infalibles para expulsar la ira son la natación y la escritura. Nadar exige que todas y cada una de las fibras de mi anatomía lloren por los poros las congojas. La escritura es también terapéutica: uno, además, no ha de escribir barbaridades o recrearse en las fealdades que nos adornan; puede, si así lo desea, transformar la rabia en hermosura y dar vida a criaturas celestiales o demoníacas, según su preferencia. Es maravilloso inventar historias sin cesar y hasta conseguir que los personajes alcancen las metas soñadas, aunque tropiecen y luchen sin descanso. Pueden aquéllos ser rubios, morenos, pelirrojos o castaños; las tonalidades de ojos y cabellos se eligen a capricho, pese a que el autor sepa que detrás de cada detalle, hasta del tejido de una prenda o de una nube caprichosa que se prende en las alturas, hay un porqué y aun un para qué. Cada escena enlaza con la siguiente y es tan bello componer estos tapices que uno se emociona y llora. Y si no fuese por este costante idear no podría yo existir; la vida sería un erial preñado de amenazas y oscuridades donde el miedo camparía a sus anchas. Si no escribiera a diario, si no inventara identidades, sucumbiría o acabaría creyéndome Juana de Arco o Agustina de Aragón. Algunos estamos tan chalados que para asimilar las sutilezas que la vida regala, tenemos que pergeñar historias. Es una lucha a vida a muerte la que algunos libramos a diario.

Cantos de alabanza

28 abril 2017

Estos abriles míos han estado sembrados de sobresaltos; parece que las tuercas se aprietan más y más y uno no sabe ya qué hacer, excepto padecer. Sin embargo, restan tres días para que el mes se acabe y tengo tantas esperanzas puestas en este bendito abril que hasta me parece que en tres días se puede obrar el milagro que preciso: Pasos he dado y en cuestión de horas, lo imposible parece verosímil. Si fuera cierto, si por una vez los obstáculos se encogieran de miedo y de vergüenza y me dejaran corretear a mis anchas por esas llanuras castellanas que amo y aborrezco a un tiempo… Si fuera cierto, regresarían la paz y hasta la dignidad que me ha sido arrebatada. Si fuera cierto, cantaría a los cuatro vientos las venturas de la Pascua, de la Resurrección. Si fuera cierto, mi cuerpo abandonaría su sepulcro, se libraría de incómodas mortajas y danzaría como si le hubiesen insuflado vida de nuevo. Anhelo vivir, respirar sin miedo y ser quien soy sin ser abofeteada por ello. Pido tan poco que, a cualquiera, mis aspiraciones le resultarán ridículas. Sólo ambiciono lo que todos poseen, lo que la mayoría disfruta sin pararse a pensar si merece o no. Es de sabios ser agradecidos; la gratitud se codea con la paz y con la dicha. Ojalá pueda yo hoy mismo entonar cantos de alabanzas. Ojalá. Ahora me voy a agradecer que estoy viva, aunque a ratos preferiría no estarlo.

Abriles

9 abril 2017

Abril es sinónimo de brisa, de lluvia, de lilas, de prisas, de verdes horizontes entre los que, entre disgustillos, se intercala siempre la esperanza. Tiene este mes una sonoridad tan hermosa que no me importaría detener un poco el calendario para disfrutar de más abriles, de esas cosquillas que hacen en el alma, y en los sentidos, las horas rotundas, las que desprecian vaguedades y aprecian las precisiones que requiere el vivir. Una mañana de abril podría ser el comienzo de una novela, de un poema o de un nuevo existir, pues los abriles son jóvenes e impetuosos y gustan de la audacia y de la hermosura. Este comienzo de abril, empero, se ha soliviantado para sofocarnos con temperaturas demoníacas que a mí me llevan de sillón en sillón, pues mi cuerpo desfallece ante estas alocadas arremetidas; hasta mi mente se ofusca y batalla por no adormecerse. Tal vez consiga pasear o tal vez me vea obligada a sobrellevar la calorina en esta habitación en la que no sobra la rebequita. Aquí me refugio del fuego que incendia el resto de la casa y sueño sin querer con el campo, con sus aromas, con su frescor, con esa vida que perdí y que hoy añoro.