Archive for the ‘Primavera’ Category

Tendedero

11 junio 2018

La vida se ha convertido en un cuadro impresionista; alegres pinceladas recaman paredes, bóvedas y suelos; el verdor abruma  y resalta entre los grisáceos que se han apoderado de esos cielos que ahora siempre lucen plomizos. Eso sí: la colada se ha convertido en tarea complicada. Aprovechando uno de esos claros que brinda el día -esplendores en los que los pájaros cantan y brincan-, se tiende la ropa con la esperanza de verla alguna vez seca. Y se va oreando hasta que la lluvia irrumpe en forma de granizo. Entonces se descuelgan las prendas a gran velocidad y la ropa regresa con lamparones al tendedero interior. Y con tanto trajín, uno se agota; se sale también a pasear a deshoras, durante los escasos ratos en los que las aguas se ausentan. Y no me quejo: adoro el olor a lluvia y contemplo a diario cómo ese incesante lloro engalana los paisajes de tal modo que hasta las cunetas rezuman poesía. Por otro lado, prefiero la gratitud al malestar que provocan los continuos lamentos. Acepto cuanto viene aunque, a ratos, duela a rabiar; contemplo la adversidad como una fase de transición que me aupará a esos collados que anhelo. He de confiar y de ignorar las negruras que envuelven los acontecimientos; la vida cambia en un plis plas, tal y como lo hace la meteorología. A diario, además de pelearme con los tendederos, espero lo imposible. Una vez más.

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Soledad sonora

17 mayo 2018

Trajino mucho últimamente: mis largas jornadas de lectura y escritura son cosa del pasado. Sigo disfrutando de días tranquilos en los que me envuelvo de una soledad salpicada de murmullos: el zumbido de una mosca, el triscar de unos pájaros, la algazara de los niños en un patio de recreo o los rumores de las ráfagas de viento y lluvia me sumen en una bendita modorra que me retrotrae a esas horas de la infancia en las que el no hacer nada estaba permitido y alentado. Entonces he de hacer esfuerzos por regresar a las tareas; aun así: a ratos me permito, por toda actividad, contemplar la creación, deleitarme en esta soledad sonora que tanto me llena. Otros días voy de acá para allá con la cámara a cuestas capturando miedos, esperanzas, zozobras, deseos o esos últimos clarores que hermosean los días con pinceladas que siempre subyugan y atolondran; es una belleza que inunda el alma de paz y ansias de bien. Pero es el holgazanear, el tumbarme veinte minutos a sestear, o al menos a intentarlo, lo que más réditos me otorga: hallo soluciones a todas las cuestiones que me inquietan y veo, de pronto, con claridad aquellas respuestas que mi tozuda mente esquivaba en su ceguera. En la galbana resuelvo yo el acontecer diario, limo sus aristas y me embebo a un tiempo de sosiego, de belleza y de sabiduría.

Felonía

15 abril 2018

Hace unos días las antiguas alumnas de mi cole crearon un grupo de Whatsapps para organizar un festejo. Según las leía, parecía que hubiesen vivido una infancia y una adolescencia distintas a la mía. Mi malestar fue creciendo sin saber yo el porqué y de pronto hoy ha estallado de tal modo que por un momento me he visto aquejada de mil dolores y angustias. En unas horas he revivido los horrores que sufrí en aquel lugar, las calumnias, infamias e injusticias de las que fui objeto sin merecerlo. Era sólo una niña, buena y aplicada, aunque también movida y charlatana a causa de mi hiperactividad. En aquellos años esos diagnósticos no se estilaban, así que sufrí lo indecible a manos de profesores y tutores que parecían disfrutar vilipendiando a una indefensa colegiala. A punto estuvieron de expulsarme por un delito que jamás cometí; lo hizo una compañera por mí, pero yo cargué con sus culpas. Creí que en algún momento me libraría de aquellas terribles embestidas que padecía yo, que admitiría su error; jamás lo hizo y jamás desvelé su delito. A fecha de hoy, sólo somos tres las que sabemos lo que de veras acaeció y sospecho que el secreto se irá con nosotras a la tumba. O quizá lo desvelara yo misma en “February”, en ese primer borrador de mis memorias que algún día verá la luz; no lo recuerdo, no he vuelto a releerlo. Pese al desconsuelo que hoy me asola, sé que en unos días volveré a ser quien erá y renaceré, como suelo, de mis cenizas. He de ordenar las emociones, procesar la información que en unas horas me ha engullido y recordarme a mí misma que no debo escapar del dolor. Pretender que no ocurrió lo que sí ocurrió es una pésima solución; cuando menos te lo esperas, el dolor te atrapa para retorcerte y dejarte sin vida. No quisiera estar en el lugar de aquellos que perpetraron semejantes felonías.

Desenfreno

29 marzo 2018

Pese a los caprichos de la veleidosa primavera, mantengo un tono animoso. Si caigo, me levanto y antes del descanso consigo enderezarme y aun sosegarme; si no lo hiciera, me pasaría las horas en vela oteando las sombras del porvenir o imaginándomelas. Confío en que las buenas nuevas me pillarán por sorpresa y me harán reír y llorar a un tiempo. Ponerse en lo peor sólo desgasta; a veces lo peor sucede o parece que sucede, porque los acontecimientos cambian en cuestión de horas: lo que parecía aterrador sobrecoge por su benevolencia, es cuando la magnanimidad engolfa el mundo y lo pone del revés. Quienes no presumimos sino de desatinos somos más dichosos que cuantos esgrimen poderosas razones y raciocinios que las más de las veces se desmoronan. Ser loco es maravilloso; las dificultades no se esfuman pero se viven de otra manera. Vivir apenas fatiga y las complejidades se deslíen en un saborear los minutos, en no dejarlos ir de vacío sin pasar antes por uno. Así la vida ni se escurre ni desparrama; se sufre, pero el dolor se sobrelleva con resignación y hasta a ratos se burla uno de él y se entrega a un desenfreno de carcajadas. Entiendo que esta actitud desconcierte, pero los chiflados somos así de audaces y también de mentecatos; este discurrir es, precisamente, el que nos salva aun en medio del desquicio y de esa maldad que gastamos los hombres.

Abriles

9 abril 2017

Abril es sinónimo de brisa, de lluvia, de lilas, de prisas, de verdes horizontes entre los que, entre disgustillos, se intercala siempre la esperanza. Tiene este mes una sonoridad tan hermosa que no me importaría detener un poco el calendario para disfrutar de más abriles, de esas cosquillas que hacen en el alma, y en los sentidos, las horas rotundas, las que desprecian vaguedades y aprecian las precisiones que requiere el vivir. Una mañana de abril podría ser el comienzo de una novela, de un poema o de un nuevo existir, pues los abriles son jóvenes e impetuosos y gustan de la audacia y de la hermosura. Este comienzo de abril, empero, se ha soliviantado para sofocarnos con temperaturas demoníacas que a mí me llevan de sillón en sillón, pues mi cuerpo desfallece ante estas alocadas arremetidas; hasta mi mente se ofusca y batalla por no adormecerse. Tal vez consiga pasear o tal vez me vea obligada a sobrellevar la calorina en esta habitación en la que no sobra la rebequita. Aquí me refugio del fuego que incendia el resto de la casa y sueño sin querer con el campo, con sus aromas, con su frescor, con esa vida que perdí y que hoy añoro.

Compostura

28 marzo 2017

Los días son largos y claros, pero cunden poco; la luz es muy traicionera y distorsiona tiempos y tareas. Escribo a diario, pues no escribir sería como no vivir. El proyecto que hace más de un año acaricié va creciendo a lo alto y a lo ancho; no sé si lo hace deprisa o despacio: sólo importa la expansión de esa locura que tantos codician y pocos arriesgan. Para eso estamos los lunáticos, los que sueñan con mundos hermosos que parecen lejanos pero que, de tanto soñarlos, van sigilosamente acercándose. Si los ojos se prestan a ello, intercalo también lecturas. Me emborraché con la prosa de Thomas Wolfe, que cincela el alma humana con un amplio muestrario de vocablos, me acarició la brisa de de Willa Cather y me conmovió, como siempre, Jiménez Lozano. “Se llamaba Carolina” me ha arrancado risas y lágrimas; esa melodía tan suya convierte hasta la barbarie en una hermosura por esas palabras que se enroscan aquí y allá y que tornan cualquier vivencia, por menuda que parezca, en un tratado de filosofía, pues cada gesto cuenta. Así vivimos algunos, en un mundo en el que sólo pelean los personajes de ficción, en el que no hay palabras malsonantes, en el que  la realidad se convierte en ensueño y el ensueño en realidad. Es bonito sentir así, abarcarlo todo sin perder resuello, anotando cada compostura. Es bonito estar chiflado.

Marzo

5 marzo 2017

Marzo hizo su entrada tan de repente que pensé que seguíamos recorriendo los meses invernales, hasta que me topé con un almendro floreado. img_1196La primavera pronto llegará: se aprecia ya en vientos, en lluvias y en esos arrestos que le llevan a uno a soñar más, a convertir el día a día en una hermosa realidad en la que caben sólo las fantasías que extienden lo que la vista contempla hacia límites inconcebibles. Lo imposible se acaba imponiendo a fuerza de rondarlo, de acariciarlo y también de trabajarlo. Anoche una idea que llevaba más de un año cortejándome cobró tal verosimilitud que me asusté, pues el reto que conlleva el proyecto, ya iniciado, me sumergerá en una vorágine de quehaceres sin fin. De todos modos, el tiempo ya no es lo que era; las horas de trabajo son tan intensas que se apropian de todos mis alientos y apenas un soplido me resta. Este laborar mío siempre me entusiasma. No se trata tanto de alcanzar una meta, que también, como de ese pergeñar magia a base de derrochar pinceladas de imaginación. Tal vez no llegue a ningún puerto, pero concibo esta empresa mía como la octava maravilla del mundo y eso es lo que cuenta. Podría quedar en agua de borrajas – no sería la primera vez-, pero la pasión que le echo cada día es vivificante y llena mi vida de un sentido muy bello que sabe a Eternidad y que me aproxima más y más a la realidad. Darle la espalda sería una necedad, en cualquier caso.