Archive for the ‘Primavera’ Category

Porvenir esplendoroso

9 mayo 2021

Los ánimos van serenándose tras la avalancha de acontecimientos que trajo abril, un mes siempre amable y hermoso que este año me obsequió con males en tropel que algún día entenderé. Mayo ha de ser más benévolo, porque sencillamente ha que serlo. Aquellos tiempos en los que me zambullía en los paisajes castellanos quedan muy atrás, pero han de retornar muy pronto porque amo la vida y las infinitas posibilidades que a diario se nos brindan para hacer el bien y crear, con pequeños gestos, un mundo más liviano y más coqueto. Sería un mundo bordado de flores, de atardeceres impetuosos o somnolientos, según el día y las apetencias, de paseos a la luz de la luna, de tazas de café, de filmes y de lecturas que absorben de tal modo que uno olvida hasta su paradero. Y hace unos años me sentaba en una desvencijada silla de mimbre en un recoleto jardín a contemplar el relucir de los cielos, el revolotear de los pájaros, el cimbrear de las hojas de los árboles… Entonces cada brisa acariciaba el alma y susurraba historias de anhelos y esperanzas. Y todo acontecía en medio de un silencio que me llenaba de belleza, de paz y de verdad, que son, además, una misma cosa; era un silencio que enlucía, que bisbiseaba palabras de amor, de ese amor eterno que no gastamos los hombres, de esa infinitud en la que todo cobra tino y sentido. En esas extensiones yo moraba, y lloraba, y reía, y confiaba, y añoraba aún un porvenir mejor que habrá de llegar porque, tras lo sucedido, solamente restan bellezas y esplendores. Y cuando lleguen, reiré y soñaré en estancias almidonadas de paz y de belleza donde el mal jamás hallará acomodo.

Cuaresma

28 marzo 2021

Llevo un rato peleándome con el blog para acceder al escritorio clásico, el que llevo años usando. Y estaba a punto de tirar la toalla, pero he seguido indagando hasta, finalmente, dar con él. Y así soy: tozuda. Y las dificultades raras veces me arredran; sigo adelante, aun teniéndolo todo en contra, porque sé que de estas perseverancias mías vendrán luego ristras de recompensas. Y, como suelo hacer en Cuaresma, estoy leyendo a Santa Teresa, en cuyos escritos hallo siempre consuelo; esta valerosa mujer luchó con nobles y prelados que consideraban sus deseos de fundar conventos disparatados caprichos. Y así me pasa a mí a veces con mis proyectos, que provocan asombro porque somos cobardes a la hora de perseguir metas, sin olvidar la fatiga del pelearse a diario con buena parte de la humanidad, la que, dicho sea de paso, ha renunciado a sus sueños por miedo a no cumplir expectativas, propias o ajenas, por temor a tropiezos y a afanarse en supuestos delirios. Eso sí: de hacerse realidad, causan las vituperadas quimeras grandes entusiasmos. Detrás de cada triunfo, hay montoneras de derrotas que nos dejaron del revés y con ganas de meternos en la cama a vegetar y a no padecer más; conviene recordar el itinerario para no errar el camino. Conociendo de antemano las peleas, elijo sufrir, elijo el ridículo y, llegado el caso, el escarnio. Elijo, en definitiva, vivir y ser feliz.

Faringitis

20 mayo 2020

El calor aturde: las vertiginosas subidas térmicas me provocan una profunda desesperación que no obedece a ninguna frustración sino al propio calor que, a mí, me desespera. Necesito un período de adaptación que suele extenderse hasta bien entrado el mes de julio. El confinamiento nos preserva de salidas innecesarias; pero, aun en casa, la desgana consume los bríos y priva de las habituales apetencias. El más liviano de los esfuerzos agota hasta dejarle a uno sin discernimiento, y a merced de esos grados que van trepando por las enredaderas térmicas para llenarme de sudores y preocupaciones. Cada mayo me tropiezo con la misma inquietud: reviso, a cada rato, las previsiones meteorológicas añorando lluvias y noches frescas. De momento, conservo el frescor de la vivienda; de continuar los embates, se tomarán medidas que favorezcan la ventilación y que regalen también hermosas faringitis; llegado el temido momento, tocará decidir entre vivir y dormir o poseer una garganta libre de sequedades e inflamaciones. La vida, con frecuencia, nos pone en estos bretes: optar por el menor de los males posibles, puesto que ya se sabe que ni todo se puede ni se debe tener. Cuando llega lo anhelado, vuelven a prenderse el corazón nuevos deseos y el vivir se convierte en una obstinada carrera de obstáculos que nosotros mismos vamos sembrando, para entorpecer el propio discurrir y para estrechar los de por sí anchurosos senderos del vivir. Así somos de raros y de tontos.

Conflictos

26 abril 2020

El otro día, mientras hacía tareas con la ventana abierta, escuchaba el jazz del del Segundo, cantarinas infantiles y conversaciones entre vecinos. Sentí que formaba parte de una comunidad que, para variar, sí repara en necesidades ajenas. Una muchacha, a quien de nada conozco, excepto por la mascarilla que me proporcionó la semana pasada, me traerá mañana unos medicamentos que la Seguridad Social no sufraga. En medio de este confinamiento, suceden cosas muy hermosas. La cuarentena está sacando lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Ayer, en el grupo de FB de mi municipio, un caballero soltaba pestes contra todos; su propia frustración, su incapacidad de lidiar con la incertidumbre y el miedo a perder el control hablaban por él con rudeza y muy mal gusto. En estas circunstancias, sale lo que somos; es muy difícil sufrir una pandemia y ocultar, a un tiempo, esas miserias que ya asomaban desde antes de la cuarentena y que ahora adquieren la categoría de brutalidad. Para mí, a pesar de las desgracias, el confinamiento es una buenísima ocasión para reflexionar y, llegado el caso, recapitular. Anteayer, una afamada fotógrafa, cuyo trabajo admiro, confesaba que este vivir pausado le estaba desvelando interesantes aspectos de sí misma hasta el punto de plantearse el dejar de dormir y vivir malamente para abrazar un futuro incierto pero también más higiénico. Me paro con frecuencia a pensar en la ristra de oportunidades que esta coyuntura me está regalando; procuro rememorarlas porque son legión. Y cuando miro a mi entorno, veo fardos de ganancias y también de soluciones a problemas que se habían quizá enquistado y que este encierro no hace sino evidenciar, a fin de que no quede más opción que arrostrar esa realidad que se amotina a cada poco, como un niño enrabietado que se siente arrinconado. Propongo, pues, prestar atención a los desafectos; en ese afecto hallaremos la solución a muchos de nuestros conflictos.

P.D.: La semana pasada publiqué un breve post en el blog del instituto en el que estoy cursando un Ciclo Superior y habla, precisamente, de la pandemia.

Guirigay

27 marzo 2020

Creí que el enemigo a combatir era el Coronavirus, pero no: el mal que nos aqueja es el egoísmo y también la terquedad. La necedad, que se junta con ese obstinado quererlo todo sí y con el afán de destacar y ser estúpidamente querido o aceptado, se menea al compás de cualquier melodía. La estulticia edifica sinrazones a base de mentiras; las “guerras” que libramos a diario parten siempre de la mentira, de negar al otro su derecho a existir y, llegado el caso, a discrepar del pensamiento único que se impone en nuestra sociedad en todos sus estratos: en la familia, en la comunidad de vecinos, en el trabajo, en el colegio… La belleza que acompaña cualquier veracidad es maldecida y pisoteada; y cuando se maldice, el gusto se amarga y se pone mal cuerpo. El corazón, fiel a su esencia, siempre nos reprende puesto que no fuimos creados para la inmundicia, sino para arrellanarnos en esa vieja y coqueta butaquita en la que solíamos repantigarnos a contemplar la vida cuando había tiempo y sosiego, como en aquellas tardes de verano en las que hasta el bullir de las moscas sonaba a música celestial. Cuando las tropelías se perpetran en “masa” se justifican con un sinfín de disparates en tanto contribuimos a enmarañar más ese guirigay en el que, a falta de razones, vivimos por decisión propia.

Se porte como se porte

23 mayo 2019

Y van transcurriendo los meses y la primavera es a ratos primaveral y a ratos veraniega. Tras los bochornos, llueve, las temperaturas se atemperan y regresa el respirar tranquilo. Y entre tanto altibajo meteorológico se sucede la vida, que es enrevesada, muy enrevesada, pero que sigue regalando hermosuras si uno mira a los acontecimientos con ternura. Si se reniega de ellos, se sufre a lo tonto; si se aceptan como parte del aprendizaje que precisamos para encarar el porvenir, los contratiempos son más ligeros. En medio del estupor y del dolor, se pueden vivir también horas bellas y almibaradas. Lo que cambia la realidad es la mirada: si uno cede terreno al desespero, se malogra y aunque dulces brisas lo mezan, se creerá morador de una tierra fea e inhóspita. La percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestra realidad es la que cuenta; si consideramos cuanto nos golpea como una oportunidad necesaria para alcanzar el destino, los reveses serán más amables. Perseverar en la esperanza es siempre la actitud más sabia y provechosa. Sin esas ilusiones que entreveramos con los lloros y penas, la vida sería insufrible. Mayo es el mes de la dicha por antonomasia; el mundo, ya florecido, nos muestra las primicias de lo que habrá de venir, de esas abundancias que ahora se escapan y que un día no muy lejano nos inundarán de aromas y sabores para sobrecargar los sentidos con una concatenación de bellezas. Mayo es siempre un buen mes, se porte como se porte.

Mentira, mentira sin tregua

22 marzo 2019

Sin humildad, no hay amor posible. El ser consciente de las limitaciones ayuda a mirar aun al más ruin de los hombres con benevolencia. Odiar no reporta réditos, sino sufrimientos sin fin y una conciencia enfangada en tales lodos que uno, incapaz de soportarse a sí mismo, escupe vituperios a diestro y siniestro y se recubre de tremendas inmundicias. Odiar es vivir en la mentira y habitar también en el infierno, pues de ese aborrecimiento sólo salen males que afectan especialmente a quien, incapaz de asumir su error, se obstina en un yo ficticio del que nada sustancioso procede: Ese yo falso vive de espaldas a la verdad y a la belleza, anda en oscuridades y ve enemigos en todas partes; todo le aterra y en todo, hasta en lo más menudo, encuentra agravios. Vivimos en el infierno por decisión propia y, al rechazar al personaje real que somos, el que podría mostrarnos las vergüenzas pero también salvarnos de ese sinvivir en el que se atrincheran todas las zozobras, escogemos la mentira y ese padecer sin tino ni destino. El detestarse a uno mismo es, sin duda, una costumbre muy extendida. A veces me sobrecoge el contemplar cómo conocidos y allegados se lanzan al precipicio con el único objetivo de triturarse; la autodestrucción proporciona un algo de efímero placer. Vivimos en un mundo que odia sin tregua por amor propio y por amor a la mentira.

Tendedero

11 junio 2018

La vida se ha convertido en un cuadro impresionista; alegres pinceladas recaman paredes, bóvedas y suelos; el verdor abruma  y resalta entre los grisáceos que se han apoderado de esos cielos que ahora siempre lucen plomizos. Eso sí: la colada se ha convertido en tarea complicada. Aprovechando uno de esos claros que brinda el día -esplendores en los que los pájaros cantan y brincan-, se tiende la ropa con la esperanza de verla alguna vez seca. Y se va oreando hasta que la lluvia irrumpe en forma de granizo. Entonces se descuelgan las prendas a gran velocidad y la ropa regresa con lamparones al tendedero interior. Y con tanto trajín, uno se agota; se sale también a pasear a deshoras, durante los escasos ratos en los que las aguas se ausentan. Y no me quejo: adoro el olor a lluvia y contemplo a diario cómo ese incesante lloro engalana los paisajes de tal modo que hasta las cunetas rezuman poesía. Por otro lado, prefiero la gratitud al malestar que provocan los continuos lamentos. Acepto cuanto viene aunque, a ratos, duela a rabiar; contemplo la adversidad como una fase de transición que me aupará a esos collados que anhelo. He de confiar y de ignorar las negruras que envuelven los acontecimientos; la vida cambia en un plis plas, tal y como lo hace la meteorología. A diario, además de pelearme con los tendederos, espero lo imposible. Una vez más.

Soledad sonora

17 mayo 2018

Trajino mucho últimamente: mis largas jornadas de lectura y escritura son cosa del pasado. Sigo disfrutando de días tranquilos en los que me envuelvo de una soledad salpicada de murmullos: el zumbido de una mosca, el triscar de unos pájaros, la algazara de los niños en un patio de recreo o los rumores de las ráfagas de viento y lluvia me sumen en una bendita modorra que me retrotrae a esas horas de la infancia en las que el no hacer nada estaba permitido y alentado. Entonces he de hacer esfuerzos por regresar a las tareas; aun así: a ratos me permito, por toda actividad, contemplar la creación, deleitarme en esta soledad sonora que tanto me llena. Otros días voy de acá para allá con la cámara a cuestas capturando miedos, esperanzas, zozobras, deseos o esos últimos clarores que hermosean los días con pinceladas que siempre subyugan y atolondran; es una belleza que inunda el alma de paz y ansias de bien. Pero es el holgazanear, el tumbarme veinte minutos a sestear, o al menos a intentarlo, lo que más réditos me otorga: hallo soluciones a todas las cuestiones que me inquietan y veo, de pronto, con claridad aquellas respuestas que mi tozuda mente esquivaba en su ceguera. En la galbana resuelvo yo el acontecer diario, limo sus aristas y me embebo a un tiempo de sosiego, de belleza y de sabiduría.

Felonía

15 abril 2018

Hace unos días las antiguas alumnas de mi cole crearon un grupo de Whatsapps para organizar un festejo. Según las leía, parecía que hubiesen vivido una infancia y una adolescencia distintas a la mía. Mi malestar fue creciendo sin saber yo el porqué y de pronto hoy ha estallado de tal modo que por un momento me he visto aquejada de mil dolores y angustias. En unas horas he revivido los horrores que sufrí en aquel lugar, las calumnias, infamias e injusticias de las que fui objeto sin merecerlo. Era sólo una niña, buena y aplicada, aunque también movida y charlatana a causa de mi hiperactividad. En aquellos años esos diagnósticos no se estilaban, así que sufrí lo indecible a manos de profesores y tutores que parecían disfrutar vilipendiando a una indefensa colegiala. A punto estuvieron de expulsarme por un delito que jamás cometí; lo hizo una compañera por mí, pero yo cargué con sus culpas. Creí que en algún momento me libraría de aquellas terribles embestidas que padecía yo, que admitiría su error; jamás lo hizo y jamás desvelé su delito. A fecha de hoy, sólo somos tres las que sabemos lo que de veras acaeció y sospecho que el secreto se irá con nosotras a la tumba. O quizá lo desvelara yo misma en “February”, en ese primer borrador de mis memorias que algún día verá la luz; no lo recuerdo, no he vuelto a releerlo. Pese al desconsuelo que hoy me asola, sé que en unos días volveré a ser quien erá y renaceré, como suelo, de mis cenizas. He de ordenar las emociones, procesar la información que en unas horas me ha engullido y recordarme a mí misma que no debo escapar del dolor. Pretender que no ocurrió lo que sí ocurrió es una pésima solución; cuando menos te lo esperas, el dolor te atrapa para retorcerte y dejarte sin vida. No quisiera estar en el lugar de aquellos que perpetraron semejantes felonías.