Archive for the ‘Verano’ Category

Estrellas

20 septiembre 2018

Y no quería yo que se fuese agosto por no prescindir de la piscina, pero septiembre ya se ha asentado con noches deliciosas que saben a verano y mañanas que huelen a otoño. Y es un mes maravilloso en el que se paladea cada día pues ya se sabe que el verano toca a su fin y este año, pese a ser yo una entusiasta de los colores y fragancias otoñales, ansío un eterno verano; hasta fantaseo con la idea de mudarme a otras latitudes para que el baño en el mar o en la piscina formen parte del día a día. Luego, cuando los días empiecen a languidecer y los aromas a leña, hojas y humedad me estremezcan, sólo anhelaré lanas, calcetines y calditos. Sé que estos días rosados se irán, pero no pienso sino en disfrutarlos y en esos paseos bajo las estrellas que, cuando los fríos arrecien, serán una temeridad. El otro día deambulé a medianoche por una alameda contemplando embobada un firmamento salpicado de miríadas de estrellas; tanto me sumergí en aquellos cielos aterciopelados que llegué a olvidarme de todo: la belleza me abrazaba en medio de una noche silenciosa en la que las estrellas lanzaban guiños de complicidad. Comprobé que en el aquí y en el ahora, se pasee bajo las estrellas o se fregotee un suelo, es donde mejor se vive. El pensar en ese porvenir que puede o no llegar es una necedad, es sufrir por adelantado, es dejar que los miedos me apaleen y se apropien de mi manto de estrellas.

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El sueño de una noche de verano

12 agosto 2018

Agosto transcurre con placidez. Nada extraordinario acontece pero lo ordinario cobra tal brío y belleza que pareciera una existir en el país de las maravillas; cada gesto, por añadidura, delata las entretelas que escondo desde hace ya demasiado tiempo. Y parece que esos lienzos pujan por salir de su escondrijo para exhibirse aun deshilachados y caer, llegado el caso, en el ridículo. Más vale lidiar con las burlas que siempre acompañan a las aventuras que lamentarse en el futuro de cobardías que nos privaron de aquellos sueños que nos rondaban en la niñez, cuando ni se andaba con melindres ni se desdeñaban extravagancias. Entonces nos apropiábamos, como ladrones de sueños, del instante sin cuidar las poses ni la respetabilidad. A la luz de las luciérnagas se atravesaban espejos y se adentraba en un mundo fascinante donde yo, personalmente, me repanchingaba a escuchar a los grillos, a contemplar las danzas de las polillas y a aspirar las fragancias que regalaba el estío cuando los días se iban ya plegando. Las horas discurrían entre un variado surtido de fantasías; se saltaba de rama en rama para vislumbrar la vida en todo su esplendor, pues todo se envolvía de gasas y dorados.

Estoy, como antaño, viviendo sin poses ni límites y admirándome del encanto de cada momento. No hago esfuerzos, sólo me deleito para que la magia se adueñe de todo; las maravillas, una vez que se les ha abierto la puerta, entran en tropel.

Laborar y zanganear

3 septiembre 2017

Cuando permito que el caos se adueñe de mi entorno, mi mente pulula a la deriva y una nube de azufre envuelve mis pensamientos; todo parece feo y tenebroso y temo que una lluvia de males me acabe sepultando. Si limpio acá y allá, si coloco lo que llevo tiempo postponiendo, la mente se asienta y despeja y el vivir se recubre de destellos que alumbran detalles que había, en mi ceguera, ninguneado. Todo resulta entonces amable y cada vivencia parece encaminada a forjar mi destino, a alcanzar los fines que codicio. Eso sí: si me impongo muchas tareas, me hundo también en el caos. Se precisa un equilibrio, un poquito de esto y otro de aquello. El tumbarse a la bartola cunde tanto como horas y horas de trabajo; la holganza, bien llevada, procura bienes y beneficios. Suelo olvidarlo por esa manía mía de producir a toda costa, por esa mentalidad anglosajona que considera casi un pecado el contemplar las musarañas, pese a lo enriquecedor que resulta el zanganeo. Recrearse en lo pequeño da paz y alegría y regala flamantes ideas que esperan ser vislumbrarlas en medio del frenesí en el que a veces habito. Gandulear un poco será mi objetivo para septiembre, el mes más dulce y hermoso y entre cuyas bondades siempre he hallado mullido acomodo. Dulce septiembre…

Bienvenido agosto

3 agosto 2017

Julio, siempre antojadizo, se fue con sus alocados caprichos, con sus ardores y ardides. Y vino agosto, que es más sosegado y limpio por esa frescura que regalan madrugadas y mañanas, por ese corretear de las horas ligero y considerado, dejando atrás ímpetus y empellones. Es como si el verano, una vez encauzado su camino, se hubiese finalmente enraizado en cuantos aborrecemos la canícula, pues ya el cuerpo se ha acostumbrado al calor y hasta agradece los guiños veraniegos. Agosto anuncia ya el nuevo curso y, aunque se descansa, también se espolean proyectos arrinconados por hacer un poco de limpieza y por confiar en posibles oportunidades. Pese a estar un poco averiada a causa de desbarajustes varios, mi espíritu, meses atrás alicaído, se expande y robustece sin pausa. Y creo que estoy moralmente obligada a luchar por mis sueños, encuentre o no apoyos; las zancadillas, lejos de amedrentarme, me insuflan alientos. Sigo, pues, a mi destino, que es, por otra pare, la única manera de no extraviar el camino. Este mes de agosto, intuyo, va a ser benévolo conmigo. La alfombra roja la desplegué tan pronto pasé la hoja del calendario. Sembrar y cosechar, como siempre; no hay senderos alternativos.