Posts Tagged ‘Truman Capote’

Zambullidas literarias

1 agosto 2015

Se amontonan las tareas pendientes, así que el blog queda relegado a un penúltimo lugar; ni puedo dividirme ni dejar de vivir. El rato de asueto lo dedico a leer, porque en esta etapa de mi vida necesito empaparme de palabras, de textos que me dejen sin aliento, de esa sonoridad tan suave y hermosa que caracteriza a la lengua inglesa. f18e780ff1e8f5f4ccd1ba17b7e1762eEl español me sabe insípido y sólo entre vocablos anglosajones hallo esos sabores que preciso para mi día a día, esas emociones tan desnudas que nadie ha narrado con la maestría de los autores norteamericanos, así que sigo zambulléndome en su literatura. Tras «Suave es la Noche», releí «El Gran Gatsby» y ando ahora sumergida en los relatos de Fitzgerald, cuya elegancia me tiene fascinada. Me he aproximado también a los cuentos de Truman Capote, a la exuberante prosa de Henry Miller, de cuyos «Días tranquilos en Clichy» di cuenta el pasado fin de semana y en cuyo «Trópico de Capricornio» comencé ayer a adentrarme; se coló entre medias la autobiografía de Julia Cameron, cuyas vivencias me han ayudado a abordar mi escritura de manera más eficaz. Tengo «Moby Dick» a medias… Todo me sobra, excepto las palabras. Al tiempo constato con desconsuelo la realidad de un país que ningunea la cultura; España va camino de convertirse en una nación de iletrados que farfulla, pues ya ni hablar sabe, y que se prosterna ante la imagen, los iPhones y demás cacharros. No me extraña que andemos con tantos líos; si la gente deja de pensar, es manipulada de forma canallesca. Quienes poseen talento han de emigrar, pues aquí no se enaltece sino la mediocridad. Dan ganas de salir corriendo para abandonar esta sordidez nuestra.

In Cold Blood

30 marzo 2014

Ha sido un fin de semana placentero: aunque comenzara con muy mal pie, conseguí enderezarlo. Apenas he pensado en la presentación del jueves; fue agradable y, por primera vez, disfruté de ella. Hubo nervios, pero ni me privaron de paz ni me quitaron el aliento. descargaMe sorprendió la entrega de los allí reunidos y la mención, al día siguiente, en El Norte de Castilla con fotografía incluida. Después de semanas de sequía, he retomado la lectura. Me he sumergido en «Summer Crossing», aquella novela de Truman Capote que vio la luz tras su muerte. Después he comenzado «In Cold Blood». Apenas he leído una treintena de páginas y me ha sobrecogido su prosa incisiva y certera, las magníficas descripciones que le hacen a uno aspirar los aromas de Kansas, contemplar la infinitud de sus campos y sumergirse en un mundo apacible en el que un terrible suceso va a hundirse en el suave discurrir de las horas de Holcomb, en la quietud de lo cotidiano, en esa sencillez que con tanta maestría plasman los escritores norteamericanos. Mientras en «Summer Crossing» los personajes vivían sin saber lo que hacían y tomaban decisiones precipitadas en las que la razón se ausentaba, aquí todo parece más metódico y razonable y hasta se aprecia la compasión del autor hacia esas vidas que dibuja con asombrosa precisión, hacia los momentos que las compusieron; cada instante llevó al otro con tino y sentido. Esa mirada compasiva que envuelve cada una de sus palabras se ausenta en aquel manuscrito de juventud, en el que la ironía, la vaciedad y hasta la impiedad se pasean a su antojo; los personajes desprovistos de propósitos carecen de ternura, como si el al autor, al despreciarlos, se despreciara también a sí mismo. En su obra maestra, sin embargo, se advierten pinceladas más delicadas; es probable que Capote, pese al horror, hubiese descubierto una belleza antes desconocida que lo acercó a sí mismo y a los otros.