Posts Tagged ‘José Jiménez Lozano’

De nosotros depende

29 marzo 2015

w290-1Leo en este Domingo de Ramos a Jiménez Lozano, cuyas palabras son siempre un acto de amor, por el hombre y para el hombre. Hay belleza y hay esperanza, pese a que la humanidad ande cabizbaja y aturdida en medio de un mundo henchido de ruidos y tristezas, en el que se confunde el oriente con el occidente por ese navegar según las corrientes que frecuenta la mayoría, sin cuestionarse siquiera ni su destino ni su procedencia, por ese vivir a merced de los impulsos y de las apetencias, sin cuestionarse tampoco las contradicciones que surgen en el camino y que se acatan por obediencia al qué dirán. En medio de esta confusión, hay unos pocos que portan ramas de olivo, de laurel, de romero, palmas lisas o trenzadas que adornan las puertas de sus moradas para recordar la muerte, que siempre tiene sentido, y la resurrección que trae consigo la extinción de la vida, pues no somos meras piedras del camino. Y esos pocos sí saben hacia dónde van; se desconoce el itinerario, pero se conoce el paradero que acabará en un lugar que, de ser felices, ya estaríamos paladeando y al que no maldeciríamos de continuo. Es simplemente la eternidad que ya en esta vida tiene asiento y que, de hecho, hunde sus raíces en nuestra existencia. Todo depende de nosotros, de lo que hagamos, de lo que decidamos, de lo que nos propongamos ser, del amor que derramemos en el hacer y deshacer diarios. La infinitud es sencilla y se arrellana en una humilde sonrisa.

P.D.: Leo en estos momentos, cuando mis pobres ojos me lo permiten, «Abram y su gente» de José Jiménez Lozano.

Retorno de un cruzado

5 octubre 2014

Llevaba meses postponiendo la lectura de «Retorno de un cruzado» por esa manía mía de leer únicamente en inglés tan pronto se asienta el verano. descargaEl miércoles decidí hacer un paréntesis y saborear la última novela de José Jiménez Lozano. Conforme degustaba las páginas de este asombroso librillo, brotaban risas y lágrimas; su prosa y sus cosas conmovían, las nostalgias se removían y las sombras del porvenir a ratos oscurecían ese pasillo por el que las horas desfilan. He contemplado los retazos de un mundo que existió hace no demasiado y que se fue diluyendo en ese afán de cambiar las cosas porque sí, sin ninguna razón de peso y de consenso. He rememorado también las dulzuras de la niñez, las meriendas de chocolate y picatostes,  las hermosuras que se posaban en el alma por aquella limpieza que la vida alentaba en el hombre. Ocurrió, claro, antes de que la grisura se apropiara del colorido del mundo para pintarlo de gris y cubrirlo de tristes cenizas, antes de que robaran las esperanzas y las verdades para sembrar, en su lugar, miedos, mentiras y desazones. Claro que si uno piensa un poco, como lo hace este cruzado, caerá en la cuenta de que a nadie le arrebatan nada que no quiera entregar; de haberlo deseado, habríamos todos conservado la esencia aun a riesgo de desafiar a tirios y troyanos, aun a riesgo de pagar un precio por semejante singularidad. La paz del alma reside en la libertad y no en seguir ridículas modas que a nadie hacen feliz y que en vez de embellecer la vida, la afean hasta desfigurarla y hacerla insufrible. Aquellos tiempos veraces en los que la poesía se paseaba por todas las estancias, hasta por las más fúnebres, regresarían si lo deseáramos, si pusiéramos los medios para acogerlos de nuevo.

«Retorno de un cruzado» es un buen comienzo para adentrarse en el mundo de este fantástico y prolífico escritor. Está publicado por Ediciones Encuentro.

Agosto

13 agosto 2014

Y se asentó agosto con su frescura, con esas mañanas luminosas y lozanas en las que el frío azota el rostro de una manera delicada, dormitorio blanco bohemiocomo si quisiera anticiparnos el otoño sin robarnos aún el verano. Los días se acortan y uno se recoge antes; la vida resulta así más placentera y racional. Está siendo un verano muy curioso, en el que cabe un poco de todo. Pese a las circunstancias, siento gratitud por cuanto recibo, aunque a veces duela un poco; cada día es un regalo, un paquete cuidadosamente envuelto en el que se encuentran asombros y aun tesoros. Aunque también me enfurruñe, no dejo que los reveses me vistan de miedos y angustias. Vivo el día a día y dejo que la vida me sorprenda: todo posee significación, nada se abandona al buen tuntún; el azar carece de atributos en mis azarosos y, a un tiempo, tranquilos días. Las lecturas se suceden sin descanso; ya no me permito leer en español, sólo lo hago en inglés aun cuando algunos libros reclamen mi atención de forma poderosa, como «Retorno de un cruzado» de José Jiménez Lozano; guardo un ejemplar dedicado por el autor y de vez en cuando lo hojeo y acaricio. Proyecto planes ambiciosos y alocados que, pese a su audacia, cada vez me se me antojan más cercanos y verosímiles. Estoy dolorida y no puedo por ello nadar; no importa, no importa. En realidad, nada importa si se deja que la vida siga su curso y nos lleve al lugar que nos corresponde.