Archive for the ‘Reseñas’ Category

Compostura

28 marzo 2017

Los días son largos y claros, pero cunden poco; la luz es muy traicionera y distorsiona tiempos y tareas. Escribo a diario, pues no escribir sería como no vivir. El proyecto que hace más de un año acaricié va creciendo a lo alto y a lo ancho; no sé si lo hace deprisa o despacio: sólo importa la expansión de esa locura que tantos codician y pocos arriesgan. Para eso estamos los lunáticos, los que sueñan con mundos hermosos que parecen lejanos pero que, de tanto soñarlos, van sigilosamente acercándose. Si los ojos se prestan a ello, intercalo también lecturas. Me emborraché con la prosa de Thomas Wolfe, que cincela el alma humana con un amplio muestrario de vocablos, me acarició la brisa de de Willa Cather y me conmovió, como siempre, Jiménez Lozano. “Se llamaba Carolina” me ha arrancado risas y lágrimas; esa melodía tan suya convierte hasta la barbarie en una hermosura por esas palabras que se enroscan aquí y allá y que tornan cualquier vivencia, por menuda que parezca, en un tratado de filosofía, pues cada gesto cuenta. Así vivimos algunos, en un mundo en el que sólo pelean los personajes de ficción, en el que no hay palabras malsonantes, en el que  la realidad se convierte en ensueño y el ensueño en realidad. Es bonito sentir así, abarcarlo todo sin perder resuello, anotando cada compostura. Es bonito estar chiflado.

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Todo y nada

20 agosto 2015

011-herbert-list-theredlistLa piscina está helada y me duele hasta la garganta, pero no puedo dejar de nadar; el placer de deslizarme dentro del agua vence siempre al sentido común. Tras la ducha salgo a calentarme a la calle; me siento en un banco con un libro y una lata de cerveza. Tan placentera es la lectura como el último sol de la tarde, que me entona cuerpo y espíritu mientras me seca los cabellos. Ese estar en un sitio sin ninguna finalidad práctica se alía con las caricias del sol para transportarme a esos tiempos en los que ni había trajines ni obligaciones. Al tiempo que leo, saboreo ratos perdidos a lo largo de los años; es lo que tiene la hiperactividad cognitiva: uno percibe muchas cosas al tiempo y puede, si los pensamientos no lo aturullan, disfrutar de todas y cada una de ellas. Apenas me quedan unas hojas para concluir «Nada» de Carmen Laforet. Desde la primera página comprendo el porqué de la fascinación que este libro ejerció sobre mí cuando, siendo adolescente, me asomé a él. Era zambullirme en mí misma, en esas cosas que se me pasaban por la cabeza y que no comprendía; nadie hablaba de ellas y llegué a creer que sólo yo las sentía. Pero no: éramos unos cuantos los que indagábamos en los misterios de la vida, aunque nadie se atreviera siquiera a mencionarlos para no ser ridiculizado. Es un poco lo que también ocurre ahora; nadie osa expresar lo que siente por miedo al rechazo, pues pensar equivale a ser tachado de loco. Estos tiempos son muy raros, pero yo los vivo con alegría pues todo alimenta. Todo es todo aunque parezca nada. Todo.

Zambullidas literarias

1 agosto 2015

Se amontonan las tareas pendientes, así que el blog queda relegado a un penúltimo lugar; ni puedo dividirme ni dejar de vivir. El rato de asueto lo dedico a leer, porque en esta etapa de mi vida necesito empaparme de palabras, de textos que me dejen sin aliento, de esa sonoridad tan suave y hermosa que caracteriza a la lengua inglesa. f18e780ff1e8f5f4ccd1ba17b7e1762eEl español me sabe insípido y sólo entre vocablos anglosajones hallo esos sabores que preciso para mi día a día, esas emociones tan desnudas que nadie ha narrado con la maestría de los autores norteamericanos, así que sigo zambulléndome en su literatura. Tras «Suave es la Noche», releí «El Gran Gatsby» y ando ahora sumergida en los relatos de Fitzgerald, cuya elegancia me tiene fascinada. Me he aproximado también a los cuentos de Truman Capote, a la exuberante prosa de Henry Miller, de cuyos «Días tranquilos en Clichy» di cuenta el pasado fin de semana y en cuyo «Trópico de Capricornio» comencé ayer a adentrarme; se coló entre medias la autobiografía de Julia Cameron, cuyas vivencias me han ayudado a abordar mi escritura de manera más eficaz. Tengo «Moby Dick» a medias… Todo me sobra, excepto las palabras. Al tiempo constato con desconsuelo la realidad de un país que ningunea la cultura; España va camino de convertirse en una nación de iletrados que farfulla, pues ya ni hablar sabe, y que se prosterna ante la imagen, los iPhones y demás cacharros. No me extraña que andemos con tantos líos; si la gente deja de pensar, es manipulada de forma canallesca. Quienes poseen talento han de emigrar, pues aquí no se enaltece sino la mediocridad. Dan ganas de salir corriendo para abandonar esta sordidez nuestra.

Suave es la noche

30 mayo 2015

La lectura de «Tender is the night» de Scott Fitzgerald me desbarata la mañana, pues la parte final de la novela me atrapa de tal modo que no puedo sino aferrrarme a ella y maravillarme por el modo en que este autor norteamericano ahonda en unos caracteres, en un principio superficiales y anodinos, que transitan por la Riviera francesa de los años 20, en aquel paraíso donde tantos norteamericanos, como él mismo o Hemingway, se instalaron para codearse con lo que se consideraba la alta sociedad del momento. Book-cover-Tender-is-the-NightPese a la elegancia de la prosa y de las descripciones, hay un cierto tedio en la primera parte de la novela, que refleja el hastío de esa vida opulenta y hedonista que este escritor retrata de forma magistral. Tras esa puesta en escena, se va descubriendo la naturaleza de unos personajes a los que, de tanto cuidar las formas y buscar el aplauso, se les ha olvidado vivir y sentir, para bien y para mal, pues los hombres siempre cargamos con contradicciones, con luces y con sombras.  Surgen, de ese modo, fragilidades y miedos, los mismas que a todos nos adornan. En este sentido, Fitzgerald no se arredra a la hora de mostrar la desnudez de los protagonistas, Dick y Nicole Diver, tal vez porque él mismo se hubiera mirado a sí mismo con honestidad y desasimiento para hallar la clave de su alcoholismo y de sus abultadas desdichas; las pinceladas autobiográficas son manifiestas. Hay quien califica, por ello, a esta novela como densa y sombría, aunque a mí me haya resultado muy conmovedora. La infatigable búsqueda del amor del que no se ama a sí mismo, para quien todo siempre será insuficiente, conduce a un trágico destino del que nada ni nadie podrán salvarlo. Siempre fue así y siempre lo será.

Al Este del Edén

1 mayo 2015

imagesYa hace unos días que terminé la lectura de «Al Este del Edén» y sigo aún bajo sus influjos. Soñaba anteayer con sus personajes; hombres y mujeres que anhelan, gimen y ríen y buscan con mayor o menor acierto su pedazo de cielo. La compasión que siente Steinbeck por el hombre estaba ya presente en «Las uvas de la ira», pero en esta novela, que él consideró su obra maestra, penetra el autor de tal modo en la condición humana que uno, al leerlo, cavila sin querer y aun se entiende a sí mismo y a aquellos que más dañan. Conforme se va desgranando la historia, dan ganas de abrazar a la humanidad entera, de desprenderse para siempre de juicios y de injustas condenas y de vestirse con la piel de los otros. No hay buenos ni malos, aunque a muchos interese esta simplista división para librarse así de la carga de mirarse a sí mismo para verse de veras. Está comprobado que cuando la vida golpea, tendemos más al mal. Es fácil ser bueno cuando se disfruta de una cierta salud, de una cuenta corriente que, sin ser abultada, satisfaga las necesidades esenciales y cuando nos rodea un entorno mullido en el que, pese a las rencillas, quepan también apoyo y consideración. Si todo se pierde, afloran entonces las debilidades y uno, de no ponerle remedio, se convierte en un feo y malvado diablillo que hasta cree hallar consuelo en el mal. Hay esperanza pues hay elección, independientemente de los derroteros; incluso en las circunstancias más terribles puede uno elegir la verdad y cobijarse bajo sus alas. El más preciado de los bienes es el libre albedrío y el hombre, en el ejercicio de su libertad, puede siempre escoger entre el bien y el mal. Siempre.

Acción de Gracias

4 diciembre 2014

Sigo viviendo en una nube de irrealidad; suceden demasiadas cosas y a ratos resulta difícil entenderlas; he llegado a la conclusión de que la vida hay que vivirla y no comprenderla. Syosset 2Perdí mi casa, perdí también mi portátil y de pronto, sin buscarlo, me encontré en un avión rumbo a Nueva York. Regresé al que consideraba mi segundo hogar y, pese a todas las hermosuras que vi, supe por fin que mi lugar estaba aquí, en este extraño país lleno de odios y de irracionalidad al que, pese a los improperios que de vez en cuando vierto, amo. Descubrí el verdadero significado de familia, aun cuando se cuelen tensiones y discordias, y de refugio frente a las inclemencias del vivir. Me asombré ante la gratitud que derrochan los hombres en esa mágica cena de Acción de Gracias: el amor que me circundaba era tan abrumador que las lágrimas inundaban mis ojos; lo que allí viví marcará el resto de mis días, sin duda. Compré un «kettler» tan bello que adorna una de las estanterías de este diminuto apartamento cuyas dimensiones equivalen a lo que antaño fue mi estudio. Adquirí también unas zapatillas que asemejan a botas de après-ski y que envuelven mis pasos en un un ritmo tan cálido que resulta paradisíaco. La amistad y la bondad han suavizado la desgracia y el gran dolor que aún me afligen, la calidez del afecto diluye y endulza las gélidas penas. El mundo ha dejado de ser un lugar inhóspito lleno de amenazas y miedos y se ha tornado en una casita de madera blanca llena de luz y de dulzura en donde hasta las sábanas huelen a canela.

Retorno de un cruzado

5 octubre 2014

Llevaba meses postponiendo la lectura de «Retorno de un cruzado» por esa manía mía de leer únicamente en inglés tan pronto se asienta el verano. descargaEl miércoles decidí hacer un paréntesis y saborear la última novela de José Jiménez Lozano. Conforme degustaba las páginas de este asombroso librillo, brotaban risas y lágrimas; su prosa y sus cosas conmovían, las nostalgias se removían y las sombras del porvenir a ratos oscurecían ese pasillo por el que las horas desfilan. He contemplado los retazos de un mundo que existió hace no demasiado y que se fue diluyendo en ese afán de cambiar las cosas porque sí, sin ninguna razón de peso y de consenso. He rememorado también las dulzuras de la niñez, las meriendas de chocolate y picatostes,  las hermosuras que se posaban en el alma por aquella limpieza que la vida alentaba en el hombre. Ocurrió, claro, antes de que la grisura se apropiara del colorido del mundo para pintarlo de gris y cubrirlo de tristes cenizas, antes de que robaran las esperanzas y las verdades para sembrar, en su lugar, miedos, mentiras y desazones. Claro que si uno piensa un poco, como lo hace este cruzado, caerá en la cuenta de que a nadie le arrebatan nada que no quiera entregar; de haberlo deseado, habríamos todos conservado la esencia aun a riesgo de desafiar a tirios y troyanos, aun a riesgo de pagar un precio por semejante singularidad. La paz del alma reside en la libertad y no en seguir ridículas modas que a nadie hacen feliz y que en vez de embellecer la vida, la afean hasta desfigurarla y hacerla insufrible. Aquellos tiempos veraces en los que la poesía se paseaba por todas las estancias, hasta por las más fúnebres, regresarían si lo deseáramos, si pusiéramos los medios para acogerlos de nuevo.

«Retorno de un cruzado» es un buen comienzo para adentrarse en el mundo de este fantástico y prolífico escritor. Está publicado por Ediciones Encuentro.

cartas a hedda

22 julio 2014

Un bonito regalo veraniego de una amiga y compañera de la blogosfera.

Caprichos

7 mayo 2014

En primavera, las temperaturas danzan a capricho y si escalan alturas elevadas, me desplomo. En estos días me tengo prohibido salir de casa, pero esta mañana, ¡tonta de mí!, salí a cortar unas rosas, cuando el calor ya golpeaba, y desde entonces apenas me concentro en nada y a cada poco cierro los ojos para librarme de la desgana. AlexisEscucho entonces los rumores de la primavera que son bellos y cristalinos; los pájaros trinan con inusual viveza, las moscas buscan acomodo y a veces golpean los cristales con testarudez y las abejas emiten sus habituales zumbidos en una atmósfera en la que reina la quietud, aunque la efervescencia de la vida se acabe imponiendo aun en medio del silencio. Y pensaba esta mañana cómo podría disfrutar de estas lánguidas horas en un piso, en la ciudad; me vería obligada a acercarme a un parque y a agotarme aún más. En estos días de mayo, pese a la atonía propia de la primavera, es cuando más disfruto de esta casa, cuando menos me quejo de ella, cuando más agradezco al cielo el permitirme habitar entre sedosos campos de cebada que ahora se tersan y cobran otra tonalidad, más tenue y a un tiempo más fulgente; cuando la vista los contempla, dan ganas de alargar los brazos y de acariciar las espiguillas para sentir su cosquilleo y su aroma.

Sigo con mis escritos y con mis lecturas. Después de «Cranford», eché mano de uno de aquellos volúmenes que vinieron hace tiempo desde Córdoba en cajas de cartón y me topé con una bonita sorpresa, «A death in the family» de James Agee; me recordó algunas cosas que últimamente había olvidado y me estremeció con sus bellas palabras, con vocablos envueltos en exquisita poesía que he buscado una y otra vez en mi diccionario de inglés con la esperanza de retenerlos y de quizá recrearlos. Thomas Hardy es ahora el objeto de mis desvelos.

P.D.: El vídeo es de Jane Burden Morris.

Matar

5 abril 2014

Días muy tranquilos y solitarios, en los que apenas he intercambiado palabras con ningún ser vivo, excepto por un par de breves conversaciones telefónicas y por la visita a la tienda del pueblo. Me he sumergido en la lectura, en el silencio y en mis pensamientos.images (2) Este estar a gusto con uno mismo parte siempre de la aceptación, de vivir el presente y de no afanarse la mente en demasiados propósitos. He vivido lo que tocaba en cada instante, nada más; el resto ni existía ni importaba. He convivido muy a gusto conmigo y con la anarquía.  He enfermado a causa del frío y he disfrutado del concienzudo análisis de la mente humana que T. Capote hace en «In Cold Blood». He jugado con algunos de los rasgos y de las circunstancias que conforman los personajes, en apariencia despiadados, que cometen tropelías sin descanso; los he distribuido a capricho aquí y allá y he cosechado interesantes frutos. He hallado en mí misma tanto mal como en aquellos; nada sorprendente, por otra parte. Todos estamos hechos de la misma pasta y esa ingenua clasificación de la especie humana en buenos y malos jamás se sostiene ante el escrutinio de la razón y de una sincera intropección. Nada hay tan humano como el matar, como el privar al otro de su derecho a vivir del modo que desea: lo hacemos de forma constante con las habladurías y con los juicios; con ellos, asesinamos al otro y le despojamos de la posibilidad de ser él mismo, de existir a pesar nuestro, a pesar de nuestra censura y de nuestras opiniones. Siempre hay un nuevo día para deshacer los entuertos, para que el agua que esta tarde ha caído incesante lave los atuendos, esos ropajes con los que nos envolvemos para despistar. Una vez aseados, afrontaremos y quizá iluminaremos las oscuridades que pueblan este mundo nuestro. Quizá.