Archive for the ‘Navidad’ Category

Ridiculeces

7 enero 2020

Y comienza un nuevo año con su correspondiente ristra de propósitos. Estos días navideños me han servido para descansar y constatar mis sospechas: he estado haciéndolo  todo muy mal, atiborrándome de obligaciones y ahuyentando de mi vida cualquier asomo de jolgorio. Me he ausentado de museos, exposiciones, cines, buenas lecturas y, en general, de cuanto la vida de bueno propone por obcecarme en una absurda ambición que me ha consumido en todos los sentidos, dejándome escuálida de peso y de ilusiones. Uno ha de alimentarse de viandas y de bonitas imágenes y, para ello, hacen falta distracciones, mucha galbana y existir un poco a cámara lenta. Sentarse a no hacer nada o tumbarse en la cama a contemplar techumbres cunde más que cualquier sesudo seminario o tarde de estudio; si bajo la guardia, la intuición se frota las manos pues sabe que ha llegado su momento de gloria. Y esos instintos son siempre sabios pues saben de anhelos y de lo que de veras sustenta vidas y alientos. Sin ese alimento, el alma fenece y se llena de miedos y oscuridades; todo entonces parece más tétrico y feo. La intuición envalentona los corazones y nos retrotrae a los deseos de la infancia, que son los verdaderos; los otros, los de los mayores, son bravuconadas que nos fabricamos para encajar en ese mundo de supuestos adultos en el que decidimos morar para darnos más importancia de la que poseemos. Para recuperar los bríos, opto en este Año Nuevo por la ridiculez, por esas fantasías que las mentes “maduras” desprecian para aferrarse con fiereza a ese inhóspito paisaje en el que ni caben ni dichas ni frescuras. La niña que soy será siempre más sabia y maga que la adulta a la que a ratos he pretendido emular, aunque haya casi siempre fracasado, por ser yo mala simuladora. Sé que me aguarda un año bisiesto repleto de ridiculeces y, al escribirlo, sonrío a raudales. Os deseo un feliz y muy ridículo 2020.

Belén

23 diciembre 2019

Tras días ventosos, el ánimo se arrellana en la placidez de los buenos propósitos descansando ya de fatuas fatigas. Recobrados sosiego y sentido, los pensamientos se reordenan conforme a razones y preferencias. Tropiezo cuando me alejo de los verdaderos anhelos y me dejo engullir por la barahúnda que azota este mundo nuestro que a ratos, por esas zozobras, se antoja siniestro aun siendo muy bello. Ni he de justificarme ni permitir que otros me obliguen a hacerlo si las buenas intenciones guían mis acciones, si no persigo comprar voluntades para sacar provecho de segundos ni terceros. Entonces las intenciones primigenias, si partieron de un anhelo de bien, persistirán aunque tempestades asolen mis días y noches. Al fin y al cabo, camino hacia Belén, hacia un Niño que aun siendo Dios quiso encarnar la fragilidad de los hombres para hacernos dignos de un destino más ancho y esplendoroso; un destino del que, sin embargo, huimos por contenerse en la penumbra de un frío pesebre. Las sinrazones no son sino espejismos que, a falta de certezas, se persiguen con fervoroso tesón. Enseñorearme de una realidad que no es realidad, pues se resquebraja a cada rato, me aleja de Belén y de las entretelas del corazón. Continúo, pues, por el camino pedregoso y en medio de oscuridades que presagian una realidad imperecedera sin rupturas ni desvanecimientos; la Eternidad es firme y perenne. Feliz Eternidad. Feliz Navidad.

 

Tiempo de Navidad

9 enero 2019

Y comenzó el nuevo año y vinieron los Reyes con ese halo de magia y esperanza que dejan en los corazones aun huérfanos de obsequios, y llegaron las rebajas, con esa locura compulsiva de bolsas y gangas, y las acogedoras lucecitas de las calles se apagaron. La Navidad concluye el próximo 13 de enero —tan moldeados estamos por la materia que olvidamos lo que en estos días celebramos. Antaño, cuando la vida se bebía a sorbitos, los belenes y espumillones engalanaban los hogares desde la Inmaculada hasta la Candelaria —el dos de febrero—, aunque el espíritu navideño es tan bello que cuesta plegarlo hasta bien entrado marzo. Es cierto también que estos días se sufren las ausencias y que las familias, en vez de remansos de paz, se han convertido en campos de batalla. A muchos alivia, pues, que se acallen los bullicios, que el silencio vuelva a apropiarse del día a día; el estruendo aturulla, por otra parte. Anoche, por cierto, descubrí que un desaprensivo había embestido mi coche sin dar señales de vida. Un ciudadano anónimo depositó en el parabrisas los datos del automóvil que dejó a mi pobre utilitario desnortado. Agradezco el gesto, aunque una llamada a la policía o un teléfono del bienintencionado testigo habrían facilitado el proceso. No obstante, mi aseguradora está ya reclamando desperfectos. Y he aprovechado esta circunstancia para llorar; necesitaba hacerlo por la gran tropelía de injusticias que llevo a las espaldas. Y seguiré llorando hasta que sienta que el corazón esté libre de cargas. Y confiaré en que este asunto se resuelva porque ha sucedido en Navidad y porque tiendo a confiar en vez de a recelar. He comprobado que uno alcanza logros en la medida en la que confía. Sin confianza, uno se llena de miedos y aprensiones. Saldrá bien. Estaré bien. Confío, pues.

A palos

27 diciembre 2018

Llegaron las nieblas y los fríos que este otoño nos ha escatimado hasta el punto de simular una templanza distinta a la rudeza propia de las altitudes mesetarias. Y esa tibieza me ha ayudado a vivir en esta ausencia de certezas en la que me hallo; la certidumbre me ha abandonado en una tierra de mezquindades desprovista de dulzuras: sólo hay asperezas que hielan el alma y que proceden del mal obrar de los hombres. Todos, con nuestros hechos y palabros, cambiamos la vida del otro y, de hecho, en ausencia de nosotros, esos males y bienes que modelan también existencias ajenas se esfumarían. Por tanto, nada es ajeno: todo y todos somos nosotros; eso sí: corren malos tiempos para la solidaridad y, sobre todo, para la responsabilidad. Lo que al prójimo acontece “no es mi problema” porque el que sí lo sea implicaría asumir responsabilidades que en este mundo resultan extrañamente odiosas e indecorosas. El admitir que de mis acciones derivan consecuencias que no siempre contribuyen al bien común supone mirar a la realidad de frente, aceptar los equívocos y reconocer que yerro si el amor propio, el desear verme siempre victorioso aun a costa de infligirme a mí y a los otros males, guía mis acciones y decisiones. Es de sobra conocido que ese supuesto triunfo jamás satisface pues arranca de esa mentira que nos contamos a diario para no afrontar nuestros desaciertos. Curiosamente, preferimos el vacío y la amargura a la sana y sensata veracidad. Y a resultas de este conducirse sin pensar, la pobre y magullada verdad no hace sino recibir escobazos. Así vivimos, a palos, sea o no Navidad.

Por si no quedara claro: Adoro la Navidad, la verdadera Navidad, la que se vive en silencio y en las entretelas del corazón ¡Felices Pascuas!

Esperas

4 diciembre 2017

Los dramas de la vida me espolean cuando permito que me arrastren los malos augurios, que se apilan cuando dejo de crear. Sin creatividad, la vida se vuelve tan áspera que todo roza y daña. Si soy fiel a mis textos, a mis proyectos o a ese manuscrito que un día abandoné, nada temeré, aun cuando tornados arrasen la humanidad. Los miedos no se asientan en un corazón traspasado por la belleza, sobrecogido por la conmoción que provoca el saberse instrumento de Altas Instancias a fin de franquear otras almas y de llevar esperanza a un mundo alicaído que sólo se aparta de su apatía para consumir de forma desenfrenada pretextando, ahora, la cercanía de las Navidades, esas fiestas tan hermosas y coloridas que ya carecen de consistencia y significado. Y en medio de este falso jolgorio hace su presencia el Adviento con su estela de serena y jubilosa espera. Hay que suavizar los engranajes del alma, pulirla y aquilatarla para que en sus resquicios halle acomodo la verdadera paz que no abandona cuando la adversidad llama a la puerta. He de acicalarme para recibir los dones que preciso, que se derramarán si estoy atenta, si busco el bien y la justicia. Por este sendero, nada se me negará y los malos ratos se convertirán en anécdotas que engordarán mis ya suculentas memorias. Espera confiada, espera dichosa, espera que también aguarda con paciencia a que yo sea capaz de creer que sólo el bien acecha.

Cálculos e improvisaciones

30 diciembre 2016

img_0500Recuerdo, de pronto, que un nuevo año comenzará mañana. Ni tengo lista de propósitos ni pretendo elaborarla; vivir el día a día es más que suficiente. Hay, claro, proyectos, pero saldrán cuando corresponda y es bueno que así sea. Aunque a veces me envuelvan llamaradas de rabia, confío en que me será otorgado cuanto precise en el momento más insospechado. Hay que desembarazarse de planes y aprender a improvisar; la vida exige tablas y dotes interpretativas. El cálculo pormenorizado de mis anhelos sería absurdo y aburrido; si mis pronósticos se hicieran realidad de forma inmediata, vivir perdería su encanto. En cualquier caso, mis percepciones son más acertadas de lo que sospecho y a veces me sorprenden logros que aun pareciendo diminutos, son en realidad titánicos. Consigo más de lo que creo y trabajo con tal tenacidad que el día menos pensado, cuando ya nada espere, me caerán del Cielo un torrente de deseos satisfechos y ni sabré qué hacer con ellos. Cada día tiene su afán y, hoy por hoy, es más que suficiente. De momento, mi máxima preocupación es escribir mi carta a los Magos de Oriente; del resto me iré ocupando cuando cada reto llegue ¡Feliz 2017!

Desde la penumbra

21 diciembre 2016

img_0381La Navidad está al caer y yo la recibo con alborozo, aunque vaya a estar desprovista de lo que adorna los hogares en estos cálidos días. Con paz sobran el resto de los accesorios, aunque añore mi Nacimiento y mi Corona de Adviento, que están, como el resto de mis enseres, empaquetados en un oscuro lugar. Y tal vez sea bueno así, para sentir de veras ese anhelo de luz y de sentido que lleva cosquilleándome durante meses. En ese cuarto oscuro, que es mi alma, sé que las tinieblas serán rasgadas por un halo de luz tan potente que cegará mis ojos, acostumbrados como están a morar en penumbras, en estancias lúgubres en las ni el amor ni la esperanza hallan acomodo por ese no esperar ya nada, por esa lluvia de infortunios que ha ahogado a quien una vez fui. Sé que sólo confiando saldré del atolladero. El apoyarme sólo en mis fuerzas no ha hecho sino menguarlas hasta dejarme apenas un hálito de aliento. Como nada ya soy, puedo serlo todo de nuevo. Sufrir la maldad ajena me ha hecho perder la fe en la humanidad, pero la esencia de lo humano es la libertad, aun siendo usada para el mal, y el deseo de infinito, que sigue intacto en mí. Hay, por tanto, esperanza.

Infante

6 enero 2016

Lluvias imperiosas han adornado esta jornada que, aunque se reciban o no obsequios, deja siempre una estela de magia y un poso de esperanza en el corazón, especialmente en el de aquellos más abandonados por el egoísmo, por los afanes de acumular cachivaches que sólo entontecen; diminutas gratificaciones que tan pronto pasan dejan un pavoroso vacío. Allá cada cual con su historia, con sus decisiones y «vacíos»; classical-paintings-modern-city-2-reality-alexey-kondakov-ukraine-1no son de mi incumbencia, pese a que todos afecten, pues cuanto hacemos o dejamos de hacer trae consecuencias que influyen en el devenir del otro, de un prójimo cercano o de uno desconocido que puede morar a lo mejor en otras latitudes. Me aferro a esa estrella que marcó el sendero de unos Magos que dejaron sus bienes y certidumbres para encaminarse hacia un destino lejano cargados de presentes y también de dudas, pues no sabían qué hallarían al final de aquella peregrinación. Cruzaron los Magos de Oriente tierras extrañas para postrarse ante un humilde niño al que calentaban una mula y un buey y al el que un coro de hermosos ángeles dedicaba sus mejores acordes, mientras que los atónitos testigos de aquel bello acontecimiento entonaban cánticos y se rendían ante aquel blandito infante que colmaba de alegría, de una dicha que aligeraba los pesares y robustecía los ánimos con una esperanza jamás antes vislumbrada. Feliz Epifanía.

P.D.: Verdaderamente, escribir en mi lengua materna es una pesadilla. Me sale en inglés y he de traducirlo al español. Un dislate.

¿Polvitos mágicos para el 2016?

29 diciembre 2015

96ffbd1b7e562f416ffc5b80130d613aMiramos en estos días al nuevo año con ilusión, como si el cambio de número, por sí solo, fuera a obrar un milagro y esparcir polvitos mágicos para crearnos un mundo idílico sin rencillas, sin dolores ni penas; un lugar en el que todo obedezca a nuestros deseos y premisas. Pareciera, con estas fantasías, que la vida nos viniera impuesta desde altas instancias y nosotros, como meras marionetas, no pudiéramos sino sobrellevarla. Cada día, con nuestros pensamientos, palabras y acciones, cambiamos el escenario en el que se representa la vida. No hacen falta grandes gestas; los logros se van labrando día a día con tesón, con paciencia, con cariño. Son los pequeños pasos los que marcan la diferencia y sin ellos, aun siendo diminutos, sería imposible alcanzar aquellos bienes que ansiamos y que sólo acariciaremos cuando veamos en los fracasos señales luminosas que indiquen el sendero a elegir, aquel que siempre desdeñamos por miedo. Nuestro devenir no puede depender de las expectativas propias o ajenas o de que los proyectos se vayan al traste; quizá no prosperen para conducirnos a un cambio de rumbo o a un nuevo enfoque del mismo asunto. No hay fórmulas mágicas a este respecto, pero ayuda echarle entusiasmo y pasión a la vida, aun cuando la mayor parte del tiempo caminemos a tientas sin saber si el camino escogido pudo ser una equivocación. No hay errores que no puedan subsanarse o que, dejándoles explicarse, no conduzcan a una tierra más próspera, donde la mirada y los pulmones se ensanchen.

Deseo que el 2016 no os regale tanto un año idílico, como que fuerzas para creer en vosotros mismos y luchar por vuestras metas.

Frugalidad navideña

20 diciembre 2015

Silent Traces Donata Wenders.jpg 2El amanecer trasnochó y se olvidó de iluminar la mañana y, en su lugar, la grisura se apropió del día y lo llenó de fina lluvia. Llovizna a ratos y entretanto, con un cafetito y una manta eléctrica sobre las piernas, tecleo somnolienta pues la noche fue frugal y apenas me regaló cinco horas de sueño. El invierno, con sus nieves y bienes, y la Navidad, con su añorada esperanza, van abriéndose paso entre las luces y los barullos que nos circundan, entre tanto cachivache que nos hace olvidar la esencia de lo que en estas fechas se celebra. Entristece ver cómo todo queda reducido a opulentas cenas, a arbolitos poblados de brillos y bagatelas, a montañas de regalos cuya mera visión encoge el corazón; consumir y acaparar sin sentido y sin razón, sin siquiera saborear, se ha convertido en ley. Es curioso: aquellos más ávidos de festejos son precisamente quienes más tristeza muestran y más se lamentan de que la vida no les regale cuanto anhelan. Un contrasentido que puede conjurarse con una sencilla receta: comprar y comer estos días con más frugalidad y obsequiar con ese dinero no gastado a los que de veras lo necesitan. El Niño Jesús nació en un desangelado pesebre, donde no había luces ni coloridos, sólo amor a raudales, un amor incondicional que se extendió sin distinciones a la humanidad entera. Y ese amor sigue morando en el corazón de los hombres, incluso en aquellos más duros de cerviz, en quienes un día le dieron la espalda a ese indefenso niño que nació para salvar al mundo, para salvar al hombre de sí mismo.

¡Felices Pascuas!