Archive for the ‘Navidad’ Category

Cálculos e improvisaciones

30 diciembre 2016

img_0500Recuerdo, de pronto, que un nuevo año comenzará mañana. Ni tengo lista de propósitos ni pretendo elaborarla; vivir el día a día es más que suficiente. Hay, claro, proyectos, pero saldrán cuando corresponda y es bueno que así sea. Aunque a veces me envuelvan llamaradas de rabia, confío en que me será otorgado cuanto precise en el momento más insospechado. Hay que desembarazarse de planes y aprender a improvisar; la vida exige tablas y dotes interpretativas. El cálculo pormenorizado de mis anhelos sería absurdo y aburrido; si mis pronósticos se hicieran realidad de forma inmediata, vivir perdería su encanto. En cualquier caso, mis percepciones son más acertadas de lo que sospecho y a veces me sorprenden logros que aun pareciendo diminutos, son en realidad titánicos. Consigo más de lo que creo y trabajo con tal tenacidad que el día menos pensado, cuando ya nada espere, me caerán del Cielo un torrente de deseos satisfechos y ni sabré qué hacer con ellos. Cada día tiene su afán y, hoy por hoy, es más que suficiente. De momento, mi máxima preocupación es escribir mi carta a los Magos de Oriente; del resto me iré ocupando cuando cada reto llegue ¡Feliz 2017!

Desde la penumbra

21 diciembre 2016

img_0381La Navidad está al caer y yo la recibo con alborozo, aunque vaya a estar desprovista de lo que adorna los hogares en estos cálidos días. Con paz sobran el resto de los accesorios, aunque añore mi Nacimiento y mi Corona de Adviento, que están, como el resto de mis enseres, empaquetados en un oscuro lugar. Y tal vez sea bueno así, para sentir de veras ese anhelo de luz y de sentido que lleva cosquilleándome durante meses. En ese cuarto oscuro, que es mi alma, sé que las tinieblas serán rasgadas por un halo de luz tan potente que cegará mis ojos, acostumbrados como están a morar en penumbras, en estancias lúgubres en las ni el amor ni la esperanza hallan acomodo por ese no esperar ya nada, por esa lluvia de infortunios que ha ahogado a quien una vez fui. Sé que sólo confiando saldré del atolladero. El apoyarme sólo en mis fuerzas no ha hecho sino menguarlas hasta dejarme apenas un hálito de aliento. Como nada ya soy, puedo serlo todo de nuevo. Sufrir la maldad ajena me ha hecho perder la fe en la humanidad, pero la esencia de lo humano es la libertad, aun siendo usada para el mal, y el deseo de infinito, que sigue intacto en mí. Hay, por tanto, esperanza.

Infante

6 enero 2016

Lluvias imperiosas han adornado esta jornada que, aunque se reciban o no obsequios, deja siempre una estela de magia y un poso de esperanza en el corazón, especialmente en el de aquellos más abandonados por el egoísmo, por los afanes de acumular cachivaches que sólo entontecen; diminutas gratificaciones que tan pronto pasan dejan un pavoroso vacío. Allá cada cual con su historia, con sus decisiones y «vacíos»; classical-paintings-modern-city-2-reality-alexey-kondakov-ukraine-1no son de mi incumbencia, pese a que todos afecten, pues cuanto hacemos o dejamos de hacer trae consecuencias que influyen en el devenir del otro, de un prójimo cercano o de uno desconocido que puede morar a lo mejor en otras latitudes. Me aferro a esa estrella que marcó el sendero de unos Magos que dejaron sus bienes y certidumbres para encaminarse hacia un destino lejano cargados de presentes y también de dudas, pues no sabían qué hallarían al final de aquella peregrinación. Cruzaron los Magos de Oriente tierras extrañas para postrarse ante un humilde niño al que calentaban una mula y un buey y al el que un coro de hermosos ángeles dedicaba sus mejores acordes, mientras que los atónitos testigos de aquel bello acontecimiento entonaban cánticos y se rendían ante aquel blandito infante que colmaba de alegría, de una dicha que aligeraba los pesares y robustecía los ánimos con una esperanza jamás antes vislumbrada. Feliz Epifanía.

P.D.: Verdaderamente, escribir en mi lengua materna es una pesadilla. Me sale en inglés y he de traducirlo al español. Un dislate.

¿Polvitos mágicos para el 2016?

29 diciembre 2015

96ffbd1b7e562f416ffc5b80130d613aMiramos en estos días al nuevo año con ilusión, como si el cambio de número, por sí solo, fuera a obrar un milagro y esparcir polvitos mágicos para crearnos un mundo idílico sin rencillas, sin dolores ni penas; un lugar en el que todo obedezca a nuestros deseos y premisas. Pareciera, con estas fantasías, que la vida nos viniera impuesta desde altas instancias y nosotros, como meras marionetas, no pudiéramos sino sobrellevarla. Cada día, con nuestros pensamientos, palabras y acciones, cambiamos el escenario en el que se representa la vida. No hacen falta grandes gestas; los logros se van labrando día a día con tesón, con paciencia, con cariño. Son los pequeños pasos los que marcan la diferencia y sin ellos, aun siendo diminutos, sería imposible alcanzar aquellos bienes que ansiamos y que sólo acariciaremos cuando veamos en los fracasos señales luminosas que indiquen el sendero a elegir, aquel que siempre desdeñamos por miedo. Nuestro devenir no puede depender de las expectativas propias o ajenas o de que los proyectos se vayan al traste; quizá no prosperen para conducirnos a un cambio de rumbo o a un nuevo enfoque del mismo asunto. No hay fórmulas mágicas a este respecto, pero ayuda echarle entusiasmo y pasión a la vida, aun cuando la mayor parte del tiempo caminemos a tientas sin saber si el camino escogido pudo ser una equivocación. No hay errores que no puedan subsanarse o que, dejándoles explicarse, no conduzcan a una tierra más próspera, donde la mirada y los pulmones se ensanchen.

Deseo que el 2016 no os regale tanto un año idílico, como que fuerzas para creer en vosotros mismos y luchar por vuestras metas.

Frugalidad navideña

20 diciembre 2015

Silent Traces Donata Wenders.jpg 2El amanecer trasnochó y se olvidó de iluminar la mañana y, en su lugar, la grisura se apropió del día y lo llenó de fina lluvia. Llovizna a ratos y entretanto, con un cafetito y una manta eléctrica sobre las piernas, tecleo somnolienta pues la noche fue frugal y apenas me regaló cinco horas de sueño. El invierno, con sus nieves y bienes, y la Navidad, con su añorada esperanza, van abriéndose paso entre las luces y los barullos que nos circundan, entre tanto cachivache que nos hace olvidar la esencia de lo que en estas fechas se celebra. Entristece ver cómo todo queda reducido a opulentas cenas, a arbolitos poblados de brillos y bagatelas, a montañas de regalos cuya mera visión encoge el corazón; consumir y acaparar sin sentido y sin razón, sin siquiera saborear, se ha convertido en ley. Es curioso: aquellos más ávidos de festejos son precisamente quienes más tristeza muestran y más se lamentan de que la vida no les regale cuanto anhelan. Un contrasentido que puede conjurarse con una sencilla receta: comprar y comer estos días con más frugalidad y obsequiar con ese dinero no gastado a los que de veras lo necesitan. El Niño Jesús nació en un desangelado pesebre, donde no había luces ni coloridos, sólo amor a raudales, un amor incondicional que se extendió sin distinciones a la humanidad entera. Y ese amor sigue morando en el corazón de los hombres, incluso en aquellos más duros de cerviz, en quienes un día le dieron la espalda a ese indefenso niño que nació para salvar al mundo, para salvar al hombre de sí mismo.

¡Felices Pascuas!