Archive for the ‘iPad’ Category

Pasión o añoranza

1 agosto 2016

Olvidé reenviarme a mí misma mi última versión de «February», así que me encuentro con un portátil —en realidad, es mi flamante iPad—, con conexión a Internet y con la ausencia de un texto sobre el que trabajar, pese a las ganas de hacerlo. S-Eva-Marie-Saint-PAR389031La escritura es tan esclarecedora que, de faltarme, dejaría de pensar de forma ordenada pues los pensamientos se me apelotonarían hasta sumirme en un pandemónium. Es una suerte sortear obstáculos y calibrar decisiones acompañada de un teclado y de un puñadín de palabras que coloco aquí y allá, como haría con un collage, sin demasiadas cavilaciones, guiada por la intuición y por mis imperiosos deseos de liberarme de mis demonios. Andan éstos muy soliviantados y en cuanto me descuido, se amotinan. Me acorralan para hacerme temer lo peor, para inundarme con dudas y miedos, para hacerme creer que mis esfuerzos serán en vano, pues estoy condenada, según ellos, al fracaso. El luchar es ya un triunfo, aunque las metas se resistan. Si pensara en resultados, mi trabajo perdería su encanto y, sin colorido ni magia, de nada valdría ensamblar insulsos vocablos. Escribo también con imágenes que un día vislumbré, pues mis esfuerzos van más allá de la literatura. Aspiro también a adentrarme en otras artes, pues la fascinación que ejercen sobre mí es demasiado poderosa como para no prestarles atención. Voy a tientas, pero camino y sigo adelante. Lloro, pataleo, me hundo un poco en el fango y, tras el berrinche, retomo mis quehaceres como si no me hubiesen apaleado y como si el futuro de la humanidad dependiera de ello. Es lo que algunos llaman pasión, aunque para mí sea simplemente vida. De todos modos, ¿se puede vivir sin dar la vida por lo que uno anhela y añora?

El forro de mis caprichos

20 junio 2016

smith_garden2Hoy he aprendido que soy capaz de abordar más de lo que imagino y que mis miedos e inseguridades se interponen con demasiada frecuencia entre yo y mis metas. Hace apenas una semana, adquirí un iPad; creía que me venía grande, que tendría que venderlo, regalarlo o esconderlo en el interior de un armario para evitar su presencia y recordar así mi ridículo y mi derrota. Me apunté a un taller para iniciarme en el manejo del aparatito y comprobé que, sin haber empleado apenas tiempo, sabía mucho más que mi compañera de pupitre. Si he acumulado 500 páginas en un idioma extranjero, ¿cómo no voy a poder con un miserable iPad? Lo usaré para escribir, tal y como yo anhelaba, sin hacer desembolsos ni inversiones, y para muchas cosas más. Fui desde niña una aventurera que anhelaba capturar esencias y descubrir paraísos, pero soñar requiere menos bríos que vivir y quiero yo vivirlo todo, hasta mis sueños más disparatados. Mi curiosidad crece día a día y siento a menudo una sensación de hambre. Se acabó: necesito una buena indigestión de cuanto postpuse por resultar, en apariencia, extravagante, por toparme con demasiadas críticas y este nuevo cacharrito va a ser mi compañero de correrías. Como diría un castizo, me paso las opiniones ajenas por el forro de mis caprichos.