Archive for the ‘Escritura’ Category

El tiempo es eternidad

9 julio 2018

Llevo tiempo queriendo recalar aquí, pero los días siguen componiéndose de horas y no hay manera de estirarlas o, al menos, de organizarlas de forma más lúcida y valiosa. Y, sin embargo, añoro pasear por esta casa virtual que, pese a mis escasos desvelos, sigue en pie; no me inquieta el cuidarla o descuidarla, pues son muchas las cosas que me ocupan y preocupan. Pero viene bien un respiro, un tenderse a retozar en un prado a contemplar la belleza de la creación: sin ese recrearme en lo creado malviviría; me perdería lo que me nutre, lo que alimenta mis sueños y guía ese peregrinar diario que es la vida. El tumbarse a la bartola durante un tiempo prudencial cunde más que una buena tanda de esforzadas horas; el trabajo fluye luego sin esfuerzo y sus frutos son tan hermosos que embellecen el resto de las tareas. He de venir aquí, a este blog, a perder un poco el tiempo. Al fin y al cabo, en esta casa virtual he resuelto muchas cuestiones, y poseo aún interrogantes que a ratos eludo por temor a nuevas empresas. Día a día voy afrontando el existir con estupor, pues mis propias iniciativas no dejan de asombrarme; soy una caja de sorpresas hasta para mí misma, de ahí que en mi vida el aburrimiento no tenga cabida. Eso sí: he de recordar que el tiempo no es oro sino eternidad para así no constreñirme en exceso y dejar también que la galbana se apropie de las estancias en las que a diario laboro. Así siempre será más fácil vivir, así la cosecha será también más abundante.

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Soledad sonora

17 mayo 2018

Trajino mucho últimamente: mis largas jornadas de lectura y escritura son cosa del pasado. Sigo disfrutando de días tranquilos en los que me envuelvo de una soledad salpicada de murmullos: el zumbido de una mosca, el triscar de unos pájaros, la algazara de los niños en un patio de recreo o los rumores de las ráfagas de viento y lluvia me sumen en una bendita modorra que me retrotrae a esas horas de la infancia en las que el no hacer nada estaba permitido y alentado. Entonces he de hacer esfuerzos por regresar a las tareas; aun así: a ratos me permito, por toda actividad, contemplar la creación, deleitarme en esta soledad sonora que tanto me llena. Otros días voy de acá para allá con la cámara a cuestas capturando miedos, esperanzas, zozobras, deseos o esos últimos clarores que hermosean los días con pinceladas que siempre subyugan y atolondran; es una belleza que inunda el alma de paz y ansias de bien. Pero es el holgazanear, el tumbarme veinte minutos a sestear, o al menos a intentarlo, lo que más réditos me otorga: hallo soluciones a todas las cuestiones que me inquietan y veo, de pronto, con claridad aquellas respuestas que mi tozuda mente esquivaba en su ceguera. En la galbana resuelvo yo el acontecer diario, limo sus aristas y me embebo a un tiempo de sosiego, de belleza y de sabiduría.

Arremetidas

14 marzo 2018

Llueve sin descanso, como si el Cielo llorase las penas que los hombres nos causamos en ese afán de codiciar metas que ni traen bienes ni contento. Antes bien, nos arrojan a un cieno de injusticia e iniquidad en el que sólo caben pesares; la zozobra nos zarandea, la inquietud arrasa certidumbres hasta dejarnos exangües. El arremeter contra el otro es la norma, sea o no sensato. No reparamos en que detrás de cada acontecimiento hay un sinfín de motivos y también de misterios. Ante lo que no entendemos, la aceptación sin enojo es la postura más sana y sabia. Y de esta guisa se pueden afrontar calamidades con descanso. Y de esta guisa se toman decisiones que, en circunstancias normales, aturdirían los sentidos. Y en este ir y venir de razonamientos, se cuela la esperanza y se sabe que todo saldrá bien: se haga lo que se haga, los frutos serán buenos aunque se recubran de espinas. Hay que perseverar en esa confianza en el bien, en la verdad y en la belleza. Los dramas de la vida dejan de serlo cuando uno se vuelca en la creatividad artística, porque pergeñando sueños nos revestimos con una capa que repele arremetidas; sólo importa entonces la historia que se quiere contar, ya sea con palabras, imágenes o pinceles. Esa historia es la que importa, la que salva de la locura, la que ilumina aun el porvenir más sombrío. La realidad se afronta, pero se hace de otra manera gracias, precisamente, a esa bendita irrealidad que a mí siempre me resulta más cuerda y competente que todas las mentiras que inventamos para dañar al otro y para eludir quiénes somos.

Sin ton

26 febrero 2018

Los calores diurnos despistan y regalan inflamaciones de garganta que yo combato con una miel tan exquisita – blanca, cruda y con aromas de lavanda- que me ha provocado adicción. La ingiero tan de seguido que en menos de diez días he dado cuenta de un tarro que debía de haber llegado a mayo o junio. Según escribo estas líneas, pienso en su delicioso sabor, en cómo se deshace en mi boca para impregnarla de inefables delicias; resisto la tentación por terminar este post y por recordarme que puedo vivir sin ella. Noto el tobillo derecho dolorido y temo un nuevo esguince. Me subí a una tapia a robar unas hojitas de laurel; tras un laborioso hurto, pues la rama se me resistía, me lancé al asfalto con demasiado ímpetu y el pie se trastabilló. Así se suceden mis jornadas, con muchas nonadas; al tiempo, se escribe y se vive y no siempre con acierto. Digo y hago cosas que luego, una vez maduradas, me espeluznan. Cuando no es posible rectificar, evito pensar en esas vergüenzas que yo misma fabrico cuando me conduzco a tontas y a locas. Procuro no fustigarme en exceso; aceptar las flaquezas es más sabio que renegar de ellas. Vuelvo, por tanto, a ese trazar la vida con menos esmero del que quisiera; los borrones, como las fotos desenfocadas, son más hermosos que esa cautela que priva de sonrisas y también de sonrojos. Hay que ser humilde y contemplar también el ridículo como una opción plausible. El quedar en evidencia supone, a fin de cuentas, mostrar lo que somos, las esmirriadas aptitudes que uno posee. Pese a todo, el día a día es generoso aun en las jornadas más aciagas. Y, ahora que lo pienso, no sé a qué ton estoy escribiendo esto. Poco importa. Lo que sí presiento es que el tobillo se ha retorcido de forma muy fea, pues el dolor ya me incomoda demasiado ¡Ay de mí!

Sin resistencias

31 enero 2018

Actualizar el blog se está convirtiendo en tarea imposible; hay demasiado que hacer. Cuando abrí este espacio, no escribía de forma regular. Ahora lo hago a diario, de manera intensa, aunque la literatura esté lejos de mis metas. El arte es muy variopinto y ofrece formas de expresión en las que las mentes inquietas hallan cobijo. Voy adentrándome en nuevos terrenos que jamás siquiera había acariciado y que se han convertido en mi día a día. A veces, cuando me escucho, no me reconozco por esos palabros que uso para describir realidades que precisan de otros embalajes y etiquetas. Escribir con un fin diferente del que la literatura ofrece es fascinante. Vivo en una constante fiesta en la que descubro cada día nuevos senderos, bellos pero también escurridizos. El principiante suele arrojarse a metas estrafalarias sin dudas ni temores y, si tropieza, lo achaca a la inexperiencia. Estoy viviendo, en mi bisoñez, una de las mejores etapas de mi vida. Hay obstáculos, ¡cómo no!, pero se sigue adelante a pesar de las zancadillas y se confía más que nunca. Sin esa esperanza que siempre acompaña, no podría ni levantarme de la cama. Con ella, todo es posible; vivo, por ello, sumergida en el mundo de los imposibles, donde ningún sueño se resiste. Vivo en la dicha de los locos que idean historietas a base de grandes dosis de entusiasmo. Vivo como una niña en un lugar donde los adultos se pelean porque no entienden que sólo con el bien se avanza.

Sospechas

10 diciembre 2017

WordPress me recuerda que hace ocho años me registré por vez primera en la blogosfera. Ni yo misma pensé que mantendría un blog a lo largo de tantos años. Rememoro los nervios, los sarpullidos, el insomnio y la vergüenza que me provocaba ese desgranar mis vivencias en Internet. Al mes, por ello, me propuse dejarlo; ninguna empresa merecía semejante precio. Perseveré, sin embargo, y tras un par de meses de ausencia durante un largo verano, regresé a esta casa celeste donde se volcaban penas, alegrías, miedos y esas inseguridades que aún me persiguen. Aquí descubrí algunos de mis talentos y este espacio me ayudó a airearlos y aun a acometer proyectos que ni en el mejor de mis sueños habría yo imaginado. Y desde entonces he recorrido un interminable camino de obstáculos; la vida me mostró su cara más amarga y la adversidad me golpeó con furia y sigue, en su perversidad y obcecación, haciéndolo con contumacia, aun cuando raras veces logre mellarme. He aprendido es que soy valiosa, pese a las muchas debilidades que acarreo, que mi existencia está dotada de sentido de comienzo a fin, que nada acontece porque sí, que el azar es un engaño y que la vida, en medio de las vicisitudes y a pesar de ellas, es arrebatadoramente bella y saludablemente interesante. Son tantos los descubrimientos que he hecho en estos años que no dispongo de tiempo ni de manos para escribir los libros y guiones cinematográficos que albergo en el magín. Necesitaría de unos cien años, más o menos, para poder plasmar mis anhelos, para expresar cuanto llevo dentro. Al menos tuve una vez el coraje de hacerlo y de ponerle música a esa melodía que me ronroneaba. Las sospechas de la infancia, gracias a este blog, fueron poco a poco corroborándose y cobrando cuerpo. Los sueños fueron reales, pese a todo.

A vida o muerte

15 mayo 2017

Dos métodos infalibles para expulsar la ira son la natación y la escritura. Nadar exige que todas y cada una de las fibras de mi anatomía lloren por los poros las congojas. La escritura es también terapéutica: uno, además, no ha de escribir barbaridades o recrearse en las fealdades que nos adornan; puede, si así lo desea, transformar la rabia en hermosura y dar vida a criaturas celestiales o demoníacas, según su preferencia. Es maravilloso inventar historias sin cesar y hasta conseguir que los personajes alcancen las metas soñadas, aunque tropiecen y luchen sin descanso. Pueden aquéllos ser rubios, morenos, pelirrojos o castaños; las tonalidades de ojos y cabellos se eligen a capricho, pese a que el autor sepa que detrás de cada detalle, hasta del tejido de una prenda o de una nube caprichosa que se prende en las alturas, hay un porqué y aun un para qué. Cada escena enlaza con la siguiente y es tan bello componer estos tapices que uno se emociona y llora. Y si no fuese por este costante idear no podría yo existir; la vida sería un erial preñado de amenazas y oscuridades donde el miedo camparía a sus anchas. Si no escribiera a diario, si no inventara identidades, sucumbiría o acabaría creyéndome Juana de Arco o Agustina de Aragón. Algunos estamos tan chalados que para asimilar las sutilezas que la vida regala, tenemos que pergeñar historias. Es una lucha a vida a muerte la que algunos libramos a diario.

Compostura

28 marzo 2017

Los días son largos y claros, pero cunden poco; la luz es muy traicionera y distorsiona tiempos y tareas. Escribo a diario, pues no escribir sería como no vivir. El proyecto que hace más de un año acaricié va creciendo a lo alto y a lo ancho; no sé si lo hace deprisa o despacio: sólo importa la expansión de esa locura que tantos codician y pocos arriesgan. Para eso estamos los lunáticos, los que sueñan con mundos hermosos que parecen lejanos pero que, de tanto soñarlos, van sigilosamente acercándose. Si los ojos se prestan a ello, intercalo también lecturas. Me emborraché con la prosa de Thomas Wolfe, que cincela el alma humana con un amplio muestrario de vocablos, me acarició la brisa de de Willa Cather y me conmovió, como siempre, Jiménez Lozano. “Se llamaba Carolina” me ha arrancado risas y lágrimas; esa melodía tan suya convierte hasta la barbarie en una hermosura por esas palabras que se enroscan aquí y allá y que tornan cualquier vivencia, por menuda que parezca, en un tratado de filosofía, pues cada gesto cuenta. Así vivimos algunos, en un mundo en el que sólo pelean los personajes de ficción, en el que no hay palabras malsonantes, en el que  la realidad se convierte en ensueño y el ensueño en realidad. Es bonito sentir así, abarcarlo todo sin perder resuello, anotando cada compostura. Es bonito estar chiflado.

Niebla

9 diciembre 2016

Día de niebla, de cine y de derroches de emociones; lo que parecía imposible de enderezar fue encauzándose por una senda más serena y bella: algunas almas se empeñan en escuchar y en acoger al otro con toda su carga, con sus males y bienes, para extraer de cada encuentro valiosas enseñanzas. img_0536Me di cuenta, ya de madrugada, que había extraviado la cartera. Un ángel la encontró y trató de localizarme a través de Facebook; leí su mensaje a eso de la una de la madrugada. Ya está en mi bolso junto con una participación de lotería. No creo en la suerte, pero sí en la tradición: es el único número que compro desde hace lustros. La lotería tapa agujeros, pero no arregla vidas, aunque a la mía le vendría bien un buen chapuzón al estilo del tío Gilito, entre monedas, lingotes y billetones. En realidad, me conformaría con poder escribir con un ordenador y con esa cámara que se me resiste una y otra vez; ambos cacharritos son esenciales para sacar adelante mis propósitos. A veces, la rabia me ciega por este vivir a merced de todo y de todos. Siento entonces como si me hubiesen robado la vida y lloro hasta el agotamiento. Hasta mi pobre coche me acompaña en mis desgracias: hojas en descomposición se adhieren de tal modo a sus lunas que ni los chorros a presión logran arrancarlas. Ni sé ya qué hacer ni conmigo ni con el coche, al que le llueven, como a mí, los improperios. Y me repito a mí misma: todo es posible, especialmente lo imposible. Y así lloro un poco menos.

Sobrecogedor

10 octubre 2016

He admirado hasta el último suspiro de este lunes de octubre, las variopintas tonalidades que decoran el horizonte cuando el día se va. Cada instante cuenta, en un segundo los esponjosos amelocotonados se han desvaído hasta desvanecerse en una noche que aún no es noche y que luce todavía pinceladas ambarinas, rosáceas img_0468y grises. Bella vida, bella vida. Se fueron las fiebres y vinieron molestas llagas que enrojecen mi lengua con ese rojo subido de las manzanas de caramelo. Esta mejora me llena de dicha y de fecundos propósitos, aunque los deseos vayan un día en una dirección y al día siguiente en la contraria; no hay incompatibilidades, de momento, pero llegará la hora en la que prime una u otra orientación, pues no se pueden pergeñar mil actividades a un tiempo. Voy tanteando mi propio terreno, mi alma, mi mente y esos anhelos que el corazón atesora desde siempre, sin siquiera yo saberlo; los hallazgos son tan conmemovedores como sorprendentes. La realidad me muestra que soy, como todos, portadora de un misterio y poco a poco se va desvelando un yo más artístico del que había imaginado. Es emocionante, es sobrecogedor. La vida siempre alienta nuevas posibilidades y no ceso, por ello, de dar gracias al Cielo.