Archive for the ‘Escritura’ Category

A vida o muerte

15 mayo 2017

Dos métodos infalibles para expulsar la ira son la natación y la escritura. Nadar exige que todas y cada una de las fibras de mi anatomía lloren por los poros las congojas. La escritura es también terapéutica: uno, además, no ha de escribir barbaridades o recrearse en las fealdades que nos adornan; puede, si así lo desea, transformar la rabia en hermosura y dar vida a criaturas celestiales o demoníacas, según su preferencia. Es maravilloso inventar historias sin cesar y hasta conseguir que los personajes alcancen las metas soñadas, aunque tropiecen y luchen sin descanso. Pueden aquéllos ser rubios, morenos, pelirrojos o castaños; las tonalidades de ojos y cabellos se eligen a capricho, pese a que el autor sepa que detrás de cada detalle, hasta del tejido de una prenda o de una nube caprichosa que se prende en las alturas, hay un porqué y aun un para qué. Cada escena enlaza con la siguiente y es tan bello componer estos tapices que uno se emociona y llora. Y si no fuese por este costante idear no podría yo existir; la vida sería un erial preñado de amenazas y oscuridades donde el miedo camparía a sus anchas. Si no escribiera a diario, si no inventara identidades, sucumbiría o acabaría creyéndome Juana de Arco o Agustina de Aragón. Algunos estamos tan chalados que para asimilar las sutilezas que la vida regala, tenemos que pergeñar historias. Es una lucha a vida a muerte la que algunos libramos a diario.

Compostura

28 marzo 2017

Los días son largos y claros, pero cunden poco; la luz es muy traicionera y distorsiona tiempos y tareas. Escribo a diario, pues no escribir sería como no vivir. El proyecto que hace más de un año acaricié va creciendo a lo alto y a lo ancho; no sé si lo hace deprisa o despacio: sólo importa la expansión de esa locura que tantos codician y pocos arriesgan. Para eso estamos los lunáticos, los que sueñan con mundos hermosos que parecen lejanos pero que, de tanto soñarlos, van sigilosamente acercándose. Si los ojos se prestan a ello, intercalo también lecturas. Me emborraché con la prosa de Thomas Wolfe, que cincela el alma humana con un amplio muestrario de vocablos, me acarició la brisa de de Willa Cather y me conmovió, como siempre, Jiménez Lozano. “Se llamaba Carolina” me ha arrancado risas y lágrimas; esa melodía tan suya convierte hasta la barbarie en una hermosura por esas palabras que se enroscan aquí y allá y que tornan cualquier vivencia, por menuda que parezca, en un tratado de filosofía, pues cada gesto cuenta. Así vivimos algunos, en un mundo en el que sólo pelean los personajes de ficción, en el que no hay palabras malsonantes, en el que  la realidad se convierte en ensueño y el ensueño en realidad. Es bonito sentir así, abarcarlo todo sin perder resuello, anotando cada compostura. Es bonito estar chiflado.

Niebla

9 diciembre 2016

Día de niebla, de cine y de derroches de emociones; lo que parecía imposible de enderezar fue encauzándose por una senda más serena y bella: algunas almas se empeñan en escuchar y en acoger al otro con toda su carga, con sus males y bienes, para extraer de cada encuentro valiosas enseñanzas. img_0536Me di cuenta, ya de madrugada, que había extraviado la cartera. Un ángel la encontró y trató de localizarme a través de Facebook; leí su mensaje a eso de la una de la madrugada. Ya está en mi bolso junto con una participación de lotería. No creo en la suerte, pero sí en la tradición: es el único número que compro desde hace lustros. La lotería tapa agujeros, pero no arregla vidas, aunque a la mía le vendría bien un buen chapuzón al estilo del tío Gilito, entre monedas, lingotes y billetones. En realidad, me conformaría con poder escribir con un ordenador y con esa cámara que se me resiste una y otra vez; ambos cacharritos son esenciales para sacar adelante mis propósitos. A veces, la rabia me ciega por este vivir a merced de todo y de todos. Siento entonces como si me hubiesen robado la vida y lloro hasta el agotamiento. Hasta mi pobre coche me acompaña en mis desgracias: hojas en descomposición se adhieren de tal modo a sus lunas que ni los chorros a presión logran arrancarlas. Ni sé ya qué hacer ni conmigo ni con el coche, al que le llueven, como a mí, los improperios. Y me repito a mí misma: todo es posible, especialmente lo imposible. Y así lloro un poco menos.

Sobrecogedor

10 octubre 2016

He admirado hasta el último suspiro de este lunes de octubre, las variopintas tonalidades que decoran el horizonte cuando el día se va. Cada instante cuenta, en un segundo los esponjosos amelocotonados se han desvaído hasta desvanecerse en una noche que aún no es noche y que luce todavía pinceladas ambarinas, rosáceas img_0468y grises. Bella vida, bella vida. Se fueron las fiebres y vinieron molestas llagas que enrojecen mi lengua con ese rojo subido de las manzanas de caramelo. Esta mejora me llena de dicha y de fecundos propósitos, aunque los deseos vayan un día en una dirección y al día siguiente en la contraria; no hay incompatibilidades, de momento, pero llegará la hora en la que prime una u otra orientación, pues no se pueden pergeñar mil actividades a un tiempo. Voy tanteando mi propio terreno, mi alma, mi mente y esos anhelos que el corazón atesora desde siempre, sin siquiera yo saberlo; los hallazgos son tan conmemovedores como sorprendentes. La realidad me muestra que soy, como todos, portadora de un misterio y poco a poco se va desvelando un yo más artístico del que había imaginado. Es emocionante, es sobrecogedor. La vida siempre alienta nuevas posibilidades y no ceso, por ello, de dar gracias al Cielo.

Acción espiritual

7 agosto 2016

philippe-halsman-woody-allenPasada la medianoche termino la lectura de “Estambul” de Orhan Pamuk y la emoción que me transmiten sus últimas páginas me impide conciliar el sueño. De nuevo, me topo con mi propia historia, con la lucha de un artista por ejercitar los dones recibidos para sobrevivir a los sucesos que le conforman; para crear también un mundo más hermoso y colorido en el que las tonalidades evoquen ese paraíso que llevamos prendido en las entretelas, en aquel recoveco al que no nos asomamos por temor a tropezarnos con un yo que nos reproche nuestro abandono a la inercia de la vida, a ese contento burgués que apuntala seguridad y comodidades sin reparar en metas más osadas y también más bellas. De esas mentes inquietas y soñadoras, y a ratos atormentadas por ese constante runrún que les exige más y más y que nunca se da por satisfecho, salen las obras maestras. El que lleva grabado ese estigma creador jamás se librará de la desazón que provoca el renunciar a sacar afuera lo que se atesora dentro. Para eludir zozobras, no queda otra que dejar a la creatividad fluir a sus anchas. Tan pronto Spielberg o Woody Allen concluyen un proyecto, se embarcan en el siguiente para sacarse el molesto aguijón y degustar el placer que proporciona el crear algo de la nada; sin ese constante trajinar, algunos sufriríamos dolores de parto. Un artista que no crea se condena a una terrible infelicidad que puede desembocar en autodestrucción. Trabajemos, pues.

«La creatividad es una acción espiritual en la que un individuo se olvida de sí mismo, sale de sí mismo en el acto creativo y se deja absorber por la tarea.»

NIKOLAI BERDYAEV

Pasión o añoranza

1 agosto 2016

Olvidé reenviarme a mí misma mi última versión de «February», así que me encuentro con un portátil —en realidad, es mi flamante iPad—, con conexión a Internet y con la ausencia de un texto sobre el que trabajar, pese a las ganas de hacerlo. S-Eva-Marie-Saint-PAR389031La escritura es tan esclarecedora que, de faltarme, dejaría de pensar de forma ordenada pues los pensamientos se me apelotonarían hasta sumirme en un pandemónium. Es una suerte sortear obstáculos y calibrar decisiones acompañada de un teclado y de un puñadín de palabras que coloco aquí y allá, como haría con un collage, sin demasiadas cavilaciones, guiada por la intuición y por mis imperiosos deseos de liberarme de mis demonios. Andan éstos muy soliviantados y en cuanto me descuido, se amotinan. Me acorralan para hacerme temer lo peor, para inundarme con dudas y miedos, para hacerme creer que mis esfuerzos serán en vano, pues estoy condenada, según ellos, al fracaso. El luchar es ya un triunfo, aunque las metas se resistan. Si pensara en resultados, mi trabajo perdería su encanto y, sin colorido ni magia, de nada valdría ensamblar insulsos vocablos. Escribo también con imágenes que un día vislumbré, pues mis esfuerzos van más allá de la literatura. Aspiro también a adentrarme en otras artes, pues la fascinación que ejercen sobre mí es demasiado poderosa como para no prestarles atención. Voy a tientas, pero camino y sigo adelante. Lloro, pataleo, me hundo un poco en el fango y, tras el berrinche, retomo mis quehaceres como si no me hubiesen apaleado y como si el futuro de la humanidad dependiera de ello. Es lo que algunos llaman pasión, aunque para mí sea simplemente vida. De todos modos, ¿se puede vivir sin dar la vida por lo que uno anhela y añora?

El forro de mis caprichos

20 junio 2016

smith_garden2Hoy he aprendido que soy capaz de abordar más de lo que imagino y que mis miedos e inseguridades se interponen con demasiada frecuencia entre yo y mis metas. Hace apenas una semana, adquirí un iPad; creía que me venía grande, que tendría que venderlo, regalarlo o esconderlo en el interior de un armario para evitar su presencia y recordar así mi ridículo y mi derrota. Me apunté a un taller para iniciarme en el manejo del aparatito y comprobé que, sin haber empleado apenas tiempo, sabía mucho más que mi compañera de pupitre. Si he acumulado 500 páginas en un idioma extranjero, ¿cómo no voy a poder con un miserable iPad? Lo usaré para escribir, tal y como yo anhelaba, sin hacer desembolsos ni inversiones, y para muchas cosas más. Fui desde niña una aventurera que anhelaba capturar esencias y descubrir paraísos, pero soñar requiere menos bríos que vivir y quiero yo vivirlo todo, hasta mis sueños más disparatados. Mi curiosidad crece día a día y siento a menudo una sensación de hambre. Se acabó: necesito una buena indigestión de cuanto postpuse por resultar, en apariencia, extravagante, por toparme con demasiadas críticas y este nuevo cacharrito va a ser mi compañero de correrías. Como diría un castizo, me paso las opiniones ajenas por el forro de mis caprichos.

Joven, de nuevo

11 junio 2016

La noche trajo frescor y descanso y una visión de la vida más objetiva y sosegada. La fatiga cubre de negras pinceladas hasta el más luminoso de los lienzos y todo, de pronto, se oscurece y se pierde en un horizonte de sombras que engullen alientos y esperanzas. Francoise Gilot by PicassoEl calor me abruma y no hallo el modo de habituarme a él. Me condenaré a un verano de interiores para evitarme sofocos y malestares y sólo saldré cuando el sol pierda los bríos. Ingiero grandes cantidades de sal y de té helado para evitarme bajadas de tensión, pero nada palia la desazón que me provocan los ardores estivales. Podría darme de puñetazos contra la pared, pero no parece una sabia solución. Sigo, por otra parte, recolectando regalos. Hoy toca recoger mi nuevo iPad; lo haré cuando caigan las temperaturas. Ni sé si sabré manejarlo, confío en no atascarme frente a este cacharrito que codiciaba desde hace tiempo. Continúo leyendo y escribiendo en inglés y, al tiempo, barrunto otros sueños. Parece que me cuesta lanzarme a ellos, así que mañana emprenderé una cruzada para profundizar en esas habilidades artísticas que poseo y rehúyo por miedo. La escritura siempre me acompañará, pero preciso de compañeros de viaje más bullangueros; exigen éstos confianza y más comodidad, pues están agazapados por temor a los zarpazos que reciben cada vez que reclaman sus derechos. He de ver las cosas con el pensamiento y volver a ser joven de nuevo; he de hacerlo por mí y por ellos y por esas aventuras que anhelo.

«Lleva mucho tiempo llegar a ser joven.»

Picasso

Sin habla

25 marzo 2016

1_60924Salgo de Los Oficios imbuida de sosiego; me alejo del centro, de los turistas que ya toman posiciones para la gran procesión de esta noche, mientras camiones con grúas y cámaras se han apropiado de un pedacito de la Plaza de Zorrilla. Paseo sin que ningún pensamiento perturbe mi espíritu. Todo parece estar en su sitio. Sin embargo, en vísperas de la Vigilia Pascual, siempre preciso y ansío un cambio, una resurrección que se hunda en esas carnes muertas, que ya están cansadas de bregar con dificultades, para regalarles un escenario distinto. Caigo en la cuenta que no hay esperanza más fuerte que la que se arraiga en el Arte, de suerte que toda actividad artística lleva consigo el germen de una nueva vida, de un porvenir más bello y esplendoroso por el que habrá que luchar cada día y en el que algunos, como siempre, nos dejaremos la piel y lo haremos con gusto pues sabemos que este trabajo tiene el poder de cambiar el mundo y la percepción que de él poseemos. Ando entre letras y titiriteros fraguando un nuevo proyecto que ya está transformando mi vida. Es apasionante, pero sin esa resurrección, sin el socorro divino, jamás podría yo llevar a buen puerto esta aventura. Alzo los ojos al Cielo. Confío y espero. En esta espera, en la que se paladean hieles y mieles, se sabe que el bien triunfará y que los milagros me dejarán una vez más sin habla.

El sueño de los justos

19 marzo 2016

Nada está bajo control, absolutamente nada y, sin embargo, cuesta aceptarlo cuando aquello que nos sustenta se nos escapa una y otra vez.In the Beginning by Paul Klee Cuando la sensación es real y no imaginaria y se sucede a lo largo de meses, es fácil caer en el desconsuelo. Y eso me ha sucedido a mí hoy, desde que amanecí agotada, con un montón de tareas pendientes y con el deseo, además, de abordarlas; me apasiona lo que hago, aunque haya tareas engorrososas que uno postpondría hasta el fin de los tiempos. Son aquéllas, por ello, las que antes emprendo; la pereza no casa conmigo y ni siquiera la comprendo. Eso de vivir en una eterna holganza, de procrastinar lo que se puede hoy resolver no casa conmigo. Soy hiperactiva, así que tiene su lógica; me gusta, por añadidura, cumplir con mis obligaciones. Es cierto que me permito asuetos y que los disfruto tanto o más que la mayoría, pero de ahí a que la existencia se convierta en ociosidad por imposibilidad, por no contar con los medios necesarios para desarrollar el trabajo, por vivir en un ambiente en el que se suceden los ruidos, hay un trecho lo suficientemente alargado como para socavarle a uno los cimientos; los constantes zumbidos alelan y te convierten, de no ponerle remedio, en un vegetal. Hago lo imposible por adaptarme a mis circunstancias, pero hay días, como hoy, en los que todo se viene abajo, en los que se derraman lágrimas de impotencia, en los que se desea dormir para siempre el sueño de los justos.