Archive for the ‘Climaterio’ Category

La perfección de la percepción

29 agosto 2015

6174dc_9be1ab5345eb4dfba8edf6d81da979d8La calima emborrona el horizonte en tanto que el paisaje se muestra alicaído, a cuenta de la aridez de los campos y de su insulso color pajizo. Alzo la vista y descubro  un inusual espectáculo de danza y magia que las nubes se sacaron de la manga, gracias a su natural pericia. Seguimos con los baños y, para repeler la gelidez del agua, me sumerjo en la piscina con camiseta de surf. He intentado sin éxito sustituir la natación por los paseos, pero no saben igual; el placer de danzar en el agua es demasiado tentador y acabo casi siempre sucumbiendo, pese a los riesgos que a mi garganta entraña. Continúo trabajando en «February»; tras los trompicones del comienzo, las páginas se acumulan sin esfuerzo. Este manuscrito me está descubriendo un nuevo yo; los recuerdos ya no dañan, sólo me hacen más sabia. Ha surgido de la nada un apasionante proyecto que, pese a mis dudas iniciales, voy a abrazar con el alma y los sentidos. Esta inusitada empresa me ha abierto los ojos de par en par; veo tales maravillas que me estremezco de placer y a veces me cuesta conciliar el sueño, pues la emoción me desborda y la mente, por su causa, elucubra sin descanso. La vida es intensa y hermosa, pese a vaivenes y zarpazos. La madurez es un tesoro que regala una conciencia más certera y sutil.

«La perfección de la percepción nos descubre los mejores sabores de lo inefable».

Jorge Marugán

Meditaciones nocturnas

26 mayo 2014

Los campos ya se han dorado, aunque todavía algunas espigas conserven un verde desvaído; son como esas hojas que en otoño se niegan a amarillecer. Entre la cebada, surgen amapolas como acalorados centinelas, mientras en las cunetas se apiñan flores silvestres de variados colores y multitud de gramíneas salvajes que ahora cobran una tonalidad berenjena. E. VuillardAl subir la cuesta y con esa luz crepuscular que esplende justo antes de irse el día, un humilde campo de guisantes ha asemejado a un preciado y exótico cultivo. Son, por otra parte, días confusos en los que estornudo mucho y descanso poco. A eso de las tres y media, me despierto con el ardor propio del Séptimo de Caballería y a veces hasta pasadas las cinco, el ojo sigue abierto mientras mascullo barbaridades. Anoche recurrí a la meditación que hace años me recomendó un trapense; sólo me acuerdo de ella cuando la desesperación me hace presa. Ni siquiera me incorporé, seguí acurrucada entre las sábanas mientras me dejaba acariciar y arrullar. Me dormí muy tarde y cuando esta mañana me levanté, supe que iba a ser un mal día, que nada podría acometer por falta de energías. Sin embargo, la meditación hizo su efecto mientras la hacía, mientras dormía o mientras la hacía en tanto dormía. Pese apenas haber descansado, he revisado un relato y he concluido ese libro de Thomas Hardy que ya daba por imposible, por la dificultad que entraña leer a este caballero en su lengua materna, a causa de la riqueza de su prosa y de la profusión de métaforas, modismos decimonónicos, alusiones bíblicas y mitológicas. Había decidido hace unos días no regresar a él hasta pasado al menos un lustro. Esta tarde, sin embargo, animada por los bríos de la meditación nocturna he decidido comenzar «The Mayor of Casterbridge» al tiempo que releo los hermosos diarios de Thomas Merton. En un rato, me sumergiré en una nueva meditación nocturna.

Renovarse con zapatos sucios

5 septiembre 2013

Mi perpetua desorganización me impide llegar a tiempo a muchas cosas, así que tras una caminata fallida hacia la biblioteca y después de «Las uvas de la ira», regreso a los Diarios de T. Merton que me traje a mi destierro y cuya lectura abandoné a comienzos de abril cuando las hormonas me embistieron con inusual crudeza. Carl Vilhelm Holsøe, Interior With Cello. DanishLloro al leerlos porque noto cómo me libero de mi propio peso, de esas angustias que parten de problemas reales y serios y que tan pronto bajo la guardia, se convierten en terribles servidumbres. Antes, en cambio, no perseguía sino la libertad y la liberadora alegría que aquélla trae consigo. Retorno, pues, a las profundidades del alma; están húmedas a cuenta de las lágrimas que he vertido a lo largo del verano. Nada más provechoso en este tiempo que las reflexiones de un escritor contemplativo para recuperar la mirada sobre lo ordinario y convertir cada día en un acontecimiento extraordinario en el que la belleza y el gozo dancen al unísono, en el que el silencio interior imponga su dominio sobre tantas voces dañinas e innecesarias que claman por ser escuchadas. Tanta palabrería me ha ido despojando de vida y sumiendo en un pozo oscuro y espeluznante; hacía tiempo que el miedo no se paseaba por mi alma con tanta anchura, con tanto desparpajo. Espero que este comienzo de otoño sea una etapa de reconciliación, de recogimiento y también de limpieza; el aseo se me hace muy necesario, parece que llevara meses sin bañarme, sin cambiarme de ropa. Es tal mi pobreza moral que ni sé cómo he recorrido el camino; no lo hice sola, aunque a ratos sentí la soledad como una losa. Tal vez empiece el curso con los zapatos sucios y la falda del uniforme sin planchar. No importa, no importa. Aun cuando vaya desastrada, tendré la oportunidad de renovar el mundo; todos la tenemos. Es un pensamiento hermoso y esperanzador por el que voy a luchar.

La salvación potencial del mundo reside en el hecho mismo de que la humanidad se regenera constantemente y por siempre jamás.

Sobre la revolución de Hanna Arendt.

Hogares y neurosis

19 junio 2013

Armand PointLlevo dos días con el pie cambiado y nada hago a derechas; las pocas horas de descanso sirven de poco y mis pobres ojos hacen grandes esfuerzos frente al portátil. He aumentado el tamaño de la letra, pero sigue costando. Ayer nada podía y me tragué casi tres películas seguidas con bolsa y media de palomitas. Mis deseos de abandonar España aumentan día a día, aunque no sé si se trata de una neurosis o de un anhelo genuino de abandonar un país que amo pese a no proporcionarme la vida que ansío. Como siempre, la vista se me va hacia el otro lado del Atlántico; no puedo remediarlo. A veces pienso en mis cuatro enseres y me apena dejarlos… No sé. Sólo viajo mentalmente así que no hay riesgo de cometer tonterías, aun cuando esos disparates me hayan reportado buenas experiencias y una pizca de sabiduría. Esta mañana en la panadería se montó una bonita tertulia acerca de esta santa crisis que nos asola. Al analizar con frialdad las diferencias entre Estados Unidos y España, la razón me hablaba en inglés y con acento americano. Sin embargo, no todo son bondades en América, no todo. Me he acordado de un texto que escribí en este espacio muy al comienzo, cuando ni sabía si el blog persistiría:

«Ayer cuando llegué a casa me encontré con que el corcho que tapiza mi ventana- me resguarda del frío y me obliga a habitar en la penumbra- se había desprendido. Vivo en una casa destartalada, llena de humedades y donde el frío se cuela por todas las rendijas. No voy a quejarme: es mi elección. Podría estar en la ciudad, en un piso compartido; sin embargo, esta pobre casa, que tanto me recuerda a mi desvencijada familia, es lo que más se aproxima a lo que yo considero un hogar. Sé que mi hogar estará allá donde yo vaya y no necesitará de alfombras, lámparas o cortinas; un hogar se construye con amor, con amor a uno mismo, y con la aceptación de lo que uno es.»

Antes del verano

14 junio 2013

En breve, precisaré de lentes progresivas. Entretanto, leeré inundada de luz y los ojos habrán de esforzarse más; añado una buena lámpara de lectura a mi nutrida lista de deseos. Laurits Andersen Ring (1854-1933) El desayuno (1898)El calor es el protagonista de estos días: aun así, corren buenas brisas y las noches son frescas; las temperaturas son veleidosas y el cuerpo no se habitúa. Los sonidos son ya más propios del verano y como todos los años, me sorprendo a mí misma escuchándolos con deleite. Vi anteayer una película inglesa por televisión. Me sobrecogió la hermosura del paisaje: verdes ricos en matices y esplendor, jardines de ensueño, cielos encapotados, brumas y esa polvareda de gotas con que la lluvia persistente decora el horizonte. Cuando los días son más largos, adoro las jornadas frescas y húmedas. Me encuentro, por otra parte, mejor. Mi cuerpo no me da tantos quebraderos de cabeza; estoy más ágil, más fuerte y más relajadaHace unos diez días volví a mis pelotitas de «bodyrolling», a esos estiramientos tan fatigosos que en el pasado me aliviaron dolores y contracturas. El cuerpo luce más tonificado, con los contornos más definidos y la ansiedad y el estrés apenas me inquietan. Creí que no sería capaz, que no me acordaría… La vida me demuestra una vez más que los límites que se alojan en mi mente son pura fantasía: siempre puedo más de lo que piensa mi aturdida cabecita y visto lo visto, me he ensimismado en los imposibles. Cuando descanso bien, me levanto pletórica; los malos pensamientos, los miedos que se van asentando sin darme cuenta se desvanecen durante la noche. Tal vez haya aprendido a reordenar la mente, tal y como hacía Mrs. Darling con Wendy, John y Michael, y a prescindir de innecesarias maledicencias. Vivo el momento y nada me planteo; hay sueños y anhelos y procuro laborar para que pronto dejen de serlo y se tornen en bellas realidades que se acomoden a quien soy, a mi hermoso y conmovedor existir. 

Climaterio

4 junio 2013

Jean_Paul_Gaultier_26Ayer bajé a la ciudad y me arreglé un poco más de lo habitual. Estrené un vestido-capa que escondía en un rincón del armario desde hacia tiempo; lo combiné con botas, bolso de terciopelo y pamela de fieltro rosa. Mientras caminaba por una céntrica calle, una chiquilla que acompañaba a su madre exclamó: «Mira qué guapa»; me sentí en la gloria. Últimamente, evito el espejo. El cansancio que arrastro, las ojeras y la edad se notan, pese a que anteayer fuera todavía una niña, y son muchos los días en los que medito sobre esta madurez que ha irrumpido en mi vida con rudeza. He leído sobre el climaterio, pero una cosa es leerlo y otra convivir con él.  Me impide dormir,  leer, escribir y hasta pensar, pues esa vida apresurada que ya creía abandonada se ha impuesto a la cordura: la aceleración mental me agota y me imposibilita la ejecución de tareas muy nimias. Los ataques de angustia me sorprenden en cualquier sitio y para evitarme males mayores, me veo obligada a dejarlo todo y salir corriendo; nunca pensé que a estas alturas me golpearía una hiperactividad tan brutal, tan dañina. No hallo el modo de aquietar la mente y de vivir de un modo razonable; la irracionalidad campa a sus anchas y deshace lo logrado durante años de logros y esfuerzos. De nada me sirven los trucos de antaño, cuando para desprenderme de zozobras hacía fotos, paseaba o me aprovisionaba de flores. En esta nueva etapa, uno sólo desea que el día se acabe para hallar sosiego y liberarse de dolores. Sé que preciso de paciencia, de mucha más paciencia y sobre todo de aceptación. Hay, sin embargo, momentos en los que me encuentro con esa mujer con la que fantaseé siendo jovencita, con rasgos firmes que hablan de fortaleza, de determinación y de ese puñado de sueños que llevo aún prendidos en el corazón. Hasta mi destartalado dormitorio me parece al fin hermoso y esos escasos enseres que he acumulado a lo largo del tiempo son algo más que objetos, llevan vida, mi propia vida y cada día me resultan más bellos.