Archive for the ‘Carta a Hedda y algunos cuentos’ Category

Almas hermosas

14 marzo 2020

En estos días tan raros asoman más que nunca las miserias, propias y ajenas, y el corazón a veces se contrae de tristeza, pero enseguida rememora uno las bondades que también lo expandieron, sin pagar por ellas ni dineros ni peajes. Soy, pese a los males que me aquejan, una privilegiada que ha tenido la fortuna de llorar la muerte de José Jiménez Lozano. De muy jovencita un libro suyo cayó en mis manos: lo devoré con estupor; no entendía que fuese posible escribir una prosa tan fresca y bella que luego después, estando yo algo más leída, me recordó a la de Santa Teresa. Fantaseé entonces con la idea de compartir café y tertulia con este afamado escritor en el Lyon D’Or, el café donde se “hospedaba” cuando visitaba Valladolid. Lustros después mis deseos se hicieron realidad: no sólo prologó mi primer libro, siendo yo una novata, sino que se convirtió en mi paño de lágrimas y en una especie de profesor al que consultaba las dudas literarias que con frecuencia me arredraban. Fue también don José asesor de lecturas, que yo apuntaba en papelillos que he ido, tonta de mí, extraviando entre las páginas de libros perdidos. Llegué, no obstante, a leer una parte de sus recomendaciones; sus gustos y los míos convergían de forma asombrosa. Fue, además, quien más me animó a leer y a escribir en inglés y quien me alentó a dar el salto al guión cinematográfico. Era un curioso erudito: sencillo y tan joven de espíritu que, cuando charlaba con él, me sentía en compañía de un chiquillo. Hablé con él hace apenas quince días; empeñado estaba en regalarme uno de sus últimos libros; no me atreví a llamarlo de nuevo, pese a su insistencia, por no molestarlo. No sé muy bien qué obtuvo de mí, pero no recuerdo que me exigiera favores de ninguna clase. Una persona verdaderamente inteligente  —no hablo aquí de astucia; de astutos, anda el mundo atestado— es necesariamente bondadosa y vive alojada en un alma hermosa.

cartas a hedda

22 julio 2014

Un bonito regalo veraniego de una amiga y compañera de la blogosfera.

Forgiveness

19 enero 2014

Richard Edward MillerEscribo estas líneas en casa de mi prima; mi estudio resulta demasiado frío y aterrador. Está siendo una semana muy difícil y parece que aquellos males que me asaetearon tan pronto publiqué mi primer libro, «Carta a Hedda y algunos cuentos», se obcecan en perseguirme y en entrometerse en todos y cada uno de los cajones en los que guardo mi vida. Parecen empeñados en dificultarme la escritura, que es lo que más ansío y preciso, en retomar aquellos textos que abandoné cuando me lancé a la publicación de mi segundo libro, de esos «Cuadernos Azules» recién estrenados. Uno no puede revisar galeradas, preparar conferencias, actualizar dos blogs, en inglés y en español, y a un tiempo escribir una novela. Con gran dolor, traicioné a ese manuscrito que comencé hace dos años y que luego arrinconé por otros proyectos. En julio lo rescaté del olvido, aunque no fue hasta septiembre cuando me hipnotizó al punto de vivir sólo para él. Las circunstancias en las que ahora vivo me permiten la mera supervivencia; escribir en estas condiciones sería como lograr la cuadratura del círculo. Aun siendo experta en imposibles, esta tarea que tanto bien me haría se ha convertido en una quimera y el no escribir le despoja a mi existir de sentido y sin significado, no hay felicidad posible. El corazón está, además, magullado por los desplantes y en estos últimos días una palabra hermosa, que a mí me suena mejor en inglés, me ha perseguido allá donde he ido. El perdón se hace más necesario que nunca para evitar enfangarme en lodos hediondos de cuya suciedad me costaría desprenderse y cuyos aromas apagarían hasta las más costosas esencias. Ya vendrá lo demás, lo primero es perdonar. Forgiveness, forgiveness, forgiveness.

Forgiveness is the fragrance that the violet sheds on the heel that had crushed him.

Mark Twain.

Mil cuatrocientos sesenta días de esperanza

8 diciembre 2013

Tras cuatro años de andadura, sigo aquí, pese a que los deseos de abandonar este espacio hayan sido constantes a lo largo de estos mil cuatrocientos sesenta días. read_cornerSoy muy consciente de lo que este blog ha significado para mí. Sin él, jamás habría publicado un libro ni habría convertido este oficio de hilar palabras en una profesión a la que todo he dado, pese a las pocas satisfacciones que de momento me ha deparado; sé, no obstante, que un tropel de bendiciones caerá sobre mí y que pronto quedaré sepultada bajo un mogote de éxitos y de tiernas dulzuras. Este espacio me ha permitido conocerme hasta extremos insospechados, me ha ayudado a acogerme y a aceptar mi historia y aun abrazar aquellos dolores que antaño me zaherían como afiladas y envenenadas espinas; aunque a ratos me arañen por dentro, ya no me impiden caminar. Me he asombrado ante mi propia fortaleza: creí que no era más que un frágil pajarillo al que los vaivenes de la vida acabarían despedazando. A ratos me rompo, pero siempre me recompongo y los ánimos son cada vez más vigorosos. Aunque haya entrado de lleno en la madurez, me sorprendo a mí misma con risas y gestos de niña, con esa mirada inocente que una vez perdí pero que la vida me devolvió gracias a unos cuantos milagros y a un poquito de tesón, y con esos anhelos de la infancia que van siempre ligados a la magia de vivir. Esta mañana salí a la terraza a contemplar la niebla y la helada; nada se ha salvado de la escarcha y hasta algún rincón se decora con hermosas y plateadas telarañas, en las que de seguro algún duendecillo se ha columpiado de madrugada. He vislumbrado entre el vaho las ramas de los arces, siempre caprichosas, y hoy brillantes como hojas de metal. En un ratín saldré a triscar por los campos, me deslizaré por esas ramas ya desnudas y daré las gracias a las hadas que anoche me resguardaron del frío y me concedieron un plácido descanso. Aquel día de la Inmaculada, en el que los sueños pujaron por abrirse un hueco entre miedos y temblores, cambió para siempre mi vida.

P.D.:  ¡Este post es mi entrada número quinientos!

Dédalo

25 octubre 2013

El cansancio de la semana despunta a lo largo del viernes y la jornada cunde menos quizá por andar la cabeza saturada de proyectos y de fracasos. A veces las frustraciones desbordan y a una le entra como debilidad. A veces dejo que se prenda en el alma un ratito para descansar, para no idear más pero siempre algo sale a su encuentro;Diane Leonard suele ser sencillo y pequeño pero con el suficiente fuste como para insuflarme alientos, para reírme de los varapalos y aceptar la fragilidad de lo que soy, de lo poco que soy, y abrazar a un tiempo esta perennidad de la que estoy hecha, pues eterna soy. En esos momentos me asemejo a los titubeos de una llama que lucha por no apagarse y que proyecta a su alrededor diminutos e inquietos resplandores que oscilan al compás de la confianza. A veces incluso el día, por ese balanceo, pareciera una continuación de la noche, pero no lo es; los sentidos engañan de continuo y detrás de todas las conspiraciones se esconde siempre un mismo culpable: el miedo. Si le otorgo poder, recorre las pulcras estancias recién aseadas con el afecto y la mirada para ensuciarlas y afearlas, para romper la armonía y trazar asimetrías en las que descuellan terribles figuras que, de prestarles atención, espeluznarían. Me adentro entonces en un dédalo de soledades y zozobras del que la voluntariosa realidad me obliga a salir con imágenes risueñas y con los trinos de los pájaros que a estas horas, ajenos a mis cavilaciones, dan lo mejor de sí mismos. Bendita y hermosa realidad.

P.D.: Desde la Librería Ébano de Valladolid se envían ejemplares de mi libro, «Carta a Hedda y algunos cuentos», a cualquier punto de España sin gastos de envío. El enlace para adquirirlo es: http://www.libreriaebano.com/carta-a-hedda

Una jornada más

10 septiembre 2013

Jornada muy intensa en la que he perdido la templanza; luego el sosiego y un ratito de descanso tras el almuerzo han venido en mi auxilio. Ando enfangada en limpiezas y no he podido siquiera acomodar la ropa. Tropiezo con bolsas y cajas aquí y allá. A ratos pierdo el hilo; acabo entonces correteando de un lado a otro con mil cosas en las manos. fixLa mente se desordena con facilidad, pero aquí estoy yo para meterla en vereda, aunque a veces se me escape por insospechados senderos y pierda el resuello tratando de alcanzarla. Un hermoso día veraniego, por otra parte, en el que he sabido que G. se ha trasladado a un coqueto y tranquilo pueblo de Long Island que espero algún día visitar y que en breve ejerceré como conferenciante, aunque todavía no sepa bien de qué. Quieren que hable sobre esas cosas que se me posan en la mente y al pensarlo, me da la risa; ir visitando colegios, centros cívicos o cenáculos con mi batiburrillo de ideas y murmullos a cuestas no deja de ser pintoresco. No he reparado en los nervios que sufriré ni en los posibles ataques de pánico; haré lo que pueda, lo que buenamente pueda. El proyecto que más ansío y añoro no acaba de salir; es lo que tiene depender de terceros. Estoy deseando retomar ese manuscrito que, pese a las mudanzas, he alargado y aquilatado en menos de tres semanas. De momento, hay que abrirse paso entre el desbarajuste que aquí impera; espero ir poco a poco colocando y aseando. Sólo Dios sabe si podré seguir aquí después del verano. A pesar de ello, acicalo. Me gustaría intercalar entre mis tareas un ratito de lectura, a ver si mañana resulta posible. Sé que ha sido un día bueno porque los deseos de ser quien no soy y de estar donde no me hallo han languidecido y porque he aceptado con gratitud cuanto me ha acontecido.

P.D.:Parece que algunos no habéis podido escuchar la entrevista que me hicieron a finales de agosto en Cope Valladolid. Instrucciones: Al pinchar en el link, se ve una página con el logotipo de COPE. Bajad hasta el final de la misma, debajo del calendario. Aparece en rojo la fecha, 28/08/2013 y debajo y subrayado en azul La Mañana de Cope en Castilla y León-1. Pinchad allí; sale un audio. Moved el cursor hasta el minuto 37. Tras la música, se escucha la entrevista.

Sábana azul

13 agosto 2013

Días atrás me refugié  en casa de una amiga. Volví ayer, pero no he regresado a la rutina, sino a un nuevo traslado que hace ya unos días dejé de temer. Como siempre, no habrá Internet y buscaré, si las cervicales me lo permiten, algún bar en el que consultar el correo electrónico desde este baqueteado portátil mío.Silla vintage de playa con cojín Lejos de destabilizarme, esta mudanza apresurada me está proporcionando paz, pese a los dolores y a las contracturas.  La aceptación del destino, por descabellado que parezca, me hunde en aguas tranquilas. Cada vez paladeo más esa eternidad en la que ya moro; ya no es una entelequia sino una bella realidad que me recuerda a una sábana agitada por el viento, por estas brisas que nos regala agosto y que a mí me saben a gloria; una sábana azul lavanda que describe ondas perfectas y que emana frescos aromas. Aunque las horas y el espacio compartimenten el existir, el asidero está en mí, en mi interior al igual que los miedos o la inestabilidad. Va a ser un mes precioso y fructífero, aunque todo lo desconozca y no haya razones que sustenten esta esperanza mía que rejuvenece día a día como si no contaran los desplantes, la enfermedad, la escasez y toda la retahíla de padeceres que llevan acosándome durante meses. Nada ni nadie lograrán hundirme en el fango de los lamentos, en la desconfianza hacia un porvenir que se ennegrece a cada rato, pese a que yo lo intuya luminoso. Estoy contenta, serena; si se vive el momento, el sufrimiento desaparece y la vida se torna en una apasionante aventura con la que ni la muerte arrambla, pues somos inmortales y poseemos ascendencia divina, aunque a veces vivamos como pobres y asustados animalillos. Me faltaban todavía por vivir algunas cosas para que un puñado de líneas de  «Carta a Hedda y algunos cuentos » se convirtieran en testimonio de mi propia vida, aun siendo pequeñaja y deficiente, aun no contando con aliados. Las brisas corren de nuevo para ondear más mi sábana azul, para mostrarme si cabe más belleza.

P.D. :  Creo que a J., que falleció el viernes pasado, le habría gustado este post. Ella ejemplarizó como pocos esa esperanza perpetua que tanto J. como su marido, uno de los muchos bomberos que perecieron en el atentado de las Torres Gemelas, transmitieron a su numerosa progenie. J. dejó huella en cuantos tuvimos el privilegio de conocerla o en los muchos que se asombraron de su actitud ante la muerte de F., al que amaba con verdadera locura, incluido  R. Guiliani, el por entonces alcalde de Nueva York. Sus hijos toman ahora el testigo. 

Ristras

28 junio 2013

Al mediodía me derrumbé, nada ya podía. M. me llamó para interesarse por mí y la serenidad se asentó en esta disparatada mente mía. Hasta ese momento sólo había sentido deseos de dormir, de no vivir. Emil Nolde Flores blancasPreparé un gazpacho, recogí un poco y hablé con C., meses hacía que no sabía de ella. Su idea de pasar unos días de verano en Valladolid me pareció fantástica; le prometí que de seguir en esta casa, tendría rosas frescas en la mesilla. Nos conocimos años atrás en un supermercado de NYC, mientras ella se sobreponía a un desencanto y yo pergeñaba en un apartamento de Manhattan el que luego sería mi primer libro. Recuerdo aún ese almuerzo en Bryant Park, comida japonesa y té helado. Mentiría si dijera que nuestra relación ha sido idílica. Ha habido tensiones y desacuerdos; las dos expresábamos nuestras emociones sin tapujos, aunque ella me adelantara un buen trecho, de ahí que un día le enviara un correo tremebundo en el que afloró la ristra de reproches acumulados. Supo leer mi dolor en esas insensatas líneas y me mostró su rostro más amable. Tengo buenos amigos y me ha costado verlo. M. quiere comprarme unos cristales nuevos; según ella, es ridículo que una escritora abandone sus escritos por falta de visión y de dinero. Esperaré a un nuevo veredicto médico y a la vez ejercitaré los ojos, aunque resulte agotador. Estoy deseando estrenar el vestido añil que ella misma me regaló tras una comida con un amigo madrileño que corrió hacia el AVE sin café ni postre, con un «tupper» de arroz con langosta y un ejemplar dedicado de «Carta a Hedda y algunos cuentos». Es un atuendo sencillo, campestre y provenzal, casa bien con mis sombreros veraniegos y conmigo. Me ha dolido el brazo derecho a causa de los pinchazos del martes; me he mirado los diminutos hematomas con desconsuelo y he hecho cómo los niños, me he besado mí misma, a las marcas que dejaron las agujas, la impotencia, el desamparo, la soledad.., a esa mujer que ríe y llora a un tiempo y a la que todavía se le resisten el amor y la frustración.

Hechizos

25 junio 2013

Cada cierto tiempo se recuerda lo vivido, aunque cada vez se haga de un modo distinto, de ahí la asombrosa exhibición de matices que ofrecen la vida y la memoria. 334px-Herbert_James_Draper_-_Day_and_the_Dawnstar_(1906)He rememorado aquellos días en los que un diligente practicante hundía agujas en mis carnes, mientras para engañar los sentidos, yo soplaba o cantaba; tras largos años de temibles inyecciones, aborrezco las jeringuillas. Después de seis extracciones de sangre repartidas entre la mañana y la tarde y dos amagos de desmayo, me ha sobrevenido el desánimo. Me he encogido en el sofá y he llorado como una niña a cuenta de las venas doloridas, del cansancio y del inquietante aderezo de ese no ser consciente del legítimo mal que lo aqueja a uno; he reparado en ello cuando podaba los rosales. Lejos de desalentarme, esta revelación me ha insuflado bríos; la verdad apacigua, pese a que raramente reciba la bienvenida que merece; las argucias de la mente para esquivar pesares y manipular realidades no favorecen a este cometido. He tratado de ver una película sin éxito; la tele está tan escacharrada que la pantalla luce rosa, verde o naranja. He salido a dar un paseo: las rosas eclosionaron días atrás dejando su estela de fragancias y colores, algunas campanillas butano se han abierto en los granados, la madreselva ha escalado muros con delicadeza y sus frescos y penetrantes aromas se mezclan con los de las flores de aligustre. La pierna derecha, que últimamente ignora mis ayes, empezó a torturarme y llegó un momento en el que en vez de caminar me arrastraba; regresé a casa. Me he topado con algunos vecinos: siempre sorprendo tristeza y amargura en los que evitan el saludo; si supieran lo mucho que engalanan las sonrisas, las exhibirían sin recato. He superado el drama del día con unas pocas rosas secas y un renqueante paseo. La neurosis, por otra parte, parece superada. Conociendo su tenacidad, volverá a engatusarme con sus cantos de sirena y sucumbiré a su mendacidad y a sus procaces hechizos. Sin remedio, pues.

P.D.: No logro convertir la reseña que me hizo en su día la revista cultural de la universidad Abat Oliba de Barcelona en un archivo independiente. Para aquellos que estén interesados, dejo el enlace del número de abril de Letras de Batalla. El artículo abarca las páginas 14 y 15. Si alguien supiese cómo desgajar estas cuartillas del «todo», le estaría muy, muy agradecido.

My English blog

9 junio 2013

240868_10150610324550646_2089382_oPaseé justo antes del aguacero. Los cielos grises realzan el colorido de Castilla y permiten caminar al mediodía sin sofocos. Días atrás me faltaba el resuello y el cansancio me impedía acometer demasiadas tareas. Tal vez me haya vuelto medio inglesa pues la lluvia apenas me importuna y cuando el sol se abre paso, como ahora, se saborea de otra manera; los campos de cebada, que van ya amarilleando, esplenden y los humildes guisantes se han cubierto de pétalos blancos, rosados y púrpuras. El descanso regala una mirada mas compasiva y benévola; la vida no acobarda aun siendo a veces imposible. Los viejos pantalones agujereados se me iban escurriendo por los caminos; perdí el cordón y perdí también peso, esos kilos que he ido acumulando a lo largo de año y medio se me han ido en unas semanas a cuenta del estrés y de los dormires incompletos que a ratos frecuento. Luzco ojeras, pero estoy contenta. Días atrás me lancé a un proyecto que ni había madurado; al igual que este espacio, fue fruto de un impulso y de un sueño que siempre acaricié: escribir en inglés. Es una osadía pues no domino el idioma; mis conocimientos proceden de algunas estancias cortas, muy cortas, en Estados Unidos, pero sobre todo de mi perseverancia, de mi anhelo de aprenderlo y de mejorarlo durante largos años. Un buen día, pese a no entender casi nada, me lancé a leer en inglés. Tuve que recorrer muchas páginas antes de que las palabras cobraran sentido; una proeza, ahora que lo pienso. Recuerdo que en el pasado disfrutaba redactando cartas y correos electrónicos en esa lengua extraña que desde jovencita me cautivó. Siempre soñé con residir una temporada en Estados Unidos, para embeberme de su lengua, de su cultura, de su historia. Nunca pudo ser; tal vez algún día sea posible o tal vez cuando sea posible, no me interese. Entretanto, cultivaré «My English Blog».

P.D.: Una lectora de Murcia me cuenta que se lee a diario el capítulo dos de «Carta a Hedda y algunos cuentos». Perdió a un ser querido hace poco y esas líneas la ayudan, supongo, a lidiar son su dolor. Tan pronto lo he sabido, he abierto un ejemplar y he dado cuenta de esas líneas que escribí hace más de un lustro; me han servido.