Archive for the ‘Arte’ Category

Sospechas

10 diciembre 2017

WordPress me recuerda que hace ocho años me registré por vez primera en la blogosfera. Ni yo misma pensé que mantendría un blog a lo largo de tantos años. Rememoro los nervios, los sarpullidos, el insomnio y la vergüenza que me provocaba ese desgranar mis vivencias en Internet. Al mes, por ello, me propuse dejarlo; ninguna empresa merecía semejante precio. Perseveré, sin embargo, y tras un par de meses de ausencia durante un largo verano, regresé a esta casa celeste donde se volcaban penas, alegrías, miedos y esas inseguridades que aún me persiguen. Aquí descubrí algunos de mis talentos y este espacio me ayudó a airearlos y aun a acometer proyectos que ni en el mejor de mis sueños habría yo imaginado. Y desde entonces he recorrido un interminable camino de obstáculos; la vida me mostró su cara más amarga y la adversidad me golpeó con furia y sigue, en su perversidad y obcecación, haciéndolo con contumacia, aun cuando raras veces logre mellarme. He aprendido es que soy valiosa, pese a las muchas debilidades que acarreo, que mi existencia está dotada de sentido de comienzo a fin, que nada acontece porque sí, que el azar es un engaño y que la vida, en medio de las vicisitudes y a pesar de ellas, es arrebatadoramente bella y saludablemente interesante. Son tantos los descubrimientos que he hecho en estos años que no dispongo de tiempo ni de manos para escribir los libros y guiones cinematográficos que albergo en el magín. Necesitaría de unos cien años, más o menos, para poder plasmar mis anhelos, para expresar cuanto llevo dentro. Al menos tuve una vez el coraje de hacerlo y de ponerle música a esa melodía que me ronroneaba. Las sospechas de la infancia, gracias a este blog, fueron poco a poco corroborándose y cobrando cuerpo. Los sueños fueron reales, pese a todo.

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Esperas

4 diciembre 2017

Los dramas de la vida me espolean cuando permito que me arrastren los malos augurios, que se apilan cuando dejo de crear. Sin creatividad, la vida se vuelve tan áspera que todo roza y daña. Si soy fiel a mis textos, a mis proyectos o a ese manuscrito que un día abandoné, nada temeré, aun cuando tornados arrasen la humanidad. Los miedos no se asientan en un corazón traspasado por la belleza, sobrecogido por la conmoción que provoca el saberse instrumento de Altas Instancias a fin de franquear otras almas y de llevar esperanza a un mundo alicaído que sólo se aparta de su apatía para consumir de forma desenfrenada pretextando, ahora, la cercanía de las Navidades, esas fiestas tan hermosas y coloridas que ya carecen de consistencia y significado. Y en medio de este falso jolgorio hace su presencia el Adviento con su estela de serena y jubilosa espera. Hay que suavizar los engranajes del alma, pulirla y aquilatarla para que en sus resquicios halle acomodo la verdadera paz que no abandona cuando la adversidad llama a la puerta. He de acicalarme para recibir los dones que preciso, que se derramarán si estoy atenta, si busco el bien y la justicia. Por este sendero, nada se me negará y los malos ratos se convertirán en anécdotas que engordarán mis ya suculentas memorias. Espera confiada, espera dichosa, espera que también aguarda con paciencia a que yo sea capaz de creer que sólo el bien acecha.

Vientos iracundos

29 octubre 2017

Paseo poco antes del anochecer; las copas de los árboles se contonean y agitan, a mi paso, sus coloridas hojas. La climatología ha marcado las idas y venidas de esta caprichosa semana. Hace apenas tres noches deambulaba yo bajo uno de esos cielos estrellados que sólo se contemplan en el campo. Entre árbol y árbol, asomaba un paño aterciopelado tan terso y perfecto que asemejaba al decorado de las películas de antaño, ésas que con pocos artificios nos trasladaban a mundos mágicos para soñar y creer más en nosotros mismos. Cuando el arte alienta la esperanza, nos sentimos más dichosos y los miedos se arredran ante el ímpetu de ilusiones que brincan como niños y esparcen purpurina por doquier, de suerte que la vida pierde grisura y adquiere brillos que reflejan cuanto el corazón anhela. Y esto acontece también cuando el drama invade el vivir, sazonándolo con tantas especias que uno teme intoxicarse de aromas y sabores. Entonces, para sobrevivir, se aguzan la observación y la escucha a fin de que nada se escabulla, para que lo bello conmueva, para que lo dramático de la existencia ni atosigue ni encubra el horizonte en tanto vientos iracundos azotan puertas y persianas.

Sorpresas y hallazgos

22 octubre 2017

Este mes de octubre, plagado como está de complicaciones, me depara también bonitas sorpresas. Un proyecto por el que llevaba años peleando y al que daba ya por perdido podría ser iluminado de tal modo que otros puedan contemplarlo tal y como yo lo concebí. Por otra parte, me siguen rodeando maldades, pero pierden bríos y la realidad podría abofetearlas y ponerlas del revés; estoy al respecto tranquila. Anteayer regresé a una capilla presidida por un Cristo románico. Siempre lo había admirado desde el lado derecho. Me había resultado feo; no entendía las razones del artista para esculpirlo tan mal parecido. El otro día lo contemplé desde el lado izquierdo, desde el banco en el que me aposenté; el Cristo dolorido cobró vida y belleza. Llevaba en el rostro la angustia, pero también los rasgos de alguien a quien conozco apenas hace unas semanas. Me pareció entonces hermoso y el descubrimiento me llenó de estupor; sabía que aquel hallazgo algo significaba y voy vislumbrándolo con más y más claridad; este sorprendente encuentro ha sido cualquier cosa excepto casual. La realidad, si se contempla desde todos los ángulos, aun desde los, en apariencia, más descabellados cobra un sentido que llena el corazón de paz. Bendita paz. Bendita realidad. Bendito otoño.

Bienvenido agosto

3 agosto 2017

Julio, siempre antojadizo, se fue con sus alocados caprichos, con sus ardores y ardides. Y vino agosto, que es más sosegado y limpio por esa frescura que regalan madrugadas y mañanas, por ese corretear de las horas ligero y considerado, dejando atrás ímpetus y empellones. Es como si el verano, una vez encauzado su camino, se hubiese finalmente enraizado en cuantos aborrecemos la canícula, pues ya el cuerpo se ha acostumbrado al calor y hasta agradece los guiños veraniegos. Agosto anuncia ya el nuevo curso y, aunque se descansa, también se espolean proyectos arrinconados por hacer un poco de limpieza y por confiar en posibles oportunidades. Pese a estar un poco averiada a causa de desbarajustes varios, mi espíritu, meses atrás alicaído, se expande y robustece sin pausa. Y creo que estoy moralmente obligada a luchar por mis sueños, encuentre o no apoyos; las zancadillas, lejos de amedrentarme, me insuflan alientos. Sigo, pues, a mi destino, que es, por otra pare, la única manera de no extraviar el camino. Este mes de agosto, intuyo, va a ser benévolo conmigo. La alfombra roja la desplegué tan pronto pasé la hoja del calendario. Sembrar y cosechar, como siempre; no hay senderos alternativos.

Endemoniados

18 junio 2017

Lidio con el endemoniado calor y con temores que me hacen aúllar de dolor, de tanto cómo me encogen el corazón. No voy a permitir que se enseñoreen de mí; haré lo imposible para que se vayan por donde vinieron. Me he rodeado en unos meses de unos malvados que no reparan en daños con tal de alcanzar sus descabelladas metas. Dañar al otro no proporciona satisfacciones y acaba, como es lógico, pasando factura. Prefiero que me tomen por tonta a embrollarme en galimatías o a embadurnarme de lodo. Lo que me asusta es que veo estos comportamientos en gente muy joven, en apenas niños, capaces de todo con tal de enterrar al otro bajo el peso de sus frustraciones y de su escasa autoestima. El desconocimiento de uno mismo no provoca sino desaguisados que afectan a tirios y troyanos. Me salvan mi fe y la maravillosa prosa de Thomas Wolfe, que degusto como si se tratase de ambrosía. Confiemos en que la Belleza barnice todas las fealdades que me afligen hasta imponerse sobre quienes se obcecan en el mal. No puede ser de otro modo. El Bien y sus esplendores vencerán a las tinieblas. Lo harán, lo harán, lo harán.

A vida o muerte

15 mayo 2017

Dos métodos infalibles para expulsar la ira son la natación y la escritura. Nadar exige que todas y cada una de las fibras de mi anatomía lloren por los poros las congojas. La escritura es también terapéutica: uno, además, no ha de escribir barbaridades o recrearse en las fealdades que nos adornan; puede, si así lo desea, transformar la rabia en hermosura y dar vida a criaturas celestiales o demoníacas, según su preferencia. Es maravilloso inventar historias sin cesar y hasta conseguir que los personajes alcancen las metas soñadas, aunque tropiecen y luchen sin descanso. Pueden aquéllos ser rubios, morenos, pelirrojos o castaños; las tonalidades de ojos y cabellos se eligen a capricho, pese a que el autor sepa que detrás de cada detalle, hasta del tejido de una prenda o de una nube caprichosa que se prende en las alturas, hay un porqué y aun un para qué. Cada escena enlaza con la siguiente y es tan bello componer estos tapices que uno se emociona y llora. Y si no fuese por este costante idear no podría yo existir; la vida sería un erial preñado de amenazas y oscuridades donde el miedo camparía a sus anchas. Si no escribiera a diario, si no inventara identidades, sucumbiría o acabaría creyéndome Juana de Arco o Agustina de Aragón. Algunos estamos tan chalados que para asimilar las sutilezas que la vida regala, tenemos que pergeñar historias. Es una lucha a vida a muerte la que algunos libramos a diario.

Compostura

28 marzo 2017

Los días son largos y claros, pero cunden poco; la luz es muy traicionera y distorsiona tiempos y tareas. Escribo a diario, pues no escribir sería como no vivir. El proyecto que hace más de un año acaricié va creciendo a lo alto y a lo ancho; no sé si lo hace deprisa o despacio: sólo importa la expansión de esa locura que tantos codician y pocos arriesgan. Para eso estamos los lunáticos, los que sueñan con mundos hermosos que parecen lejanos pero que, de tanto soñarlos, van sigilosamente acercándose. Si los ojos se prestan a ello, intercalo también lecturas. Me emborraché con la prosa de Thomas Wolfe, que cincela el alma humana con un amplio muestrario de vocablos, me acarició la brisa de de Willa Cather y me conmovió, como siempre, Jiménez Lozano. “Se llamaba Carolina” me ha arrancado risas y lágrimas; esa melodía tan suya convierte hasta la barbarie en una hermosura por esas palabras que se enroscan aquí y allá y que tornan cualquier vivencia, por menuda que parezca, en un tratado de filosofía, pues cada gesto cuenta. Así vivimos algunos, en un mundo en el que sólo pelean los personajes de ficción, en el que no hay palabras malsonantes, en el que  la realidad se convierte en ensueño y el ensueño en realidad. Es bonito sentir así, abarcarlo todo sin perder resuello, anotando cada compostura. Es bonito estar chiflado.

Marzo

5 marzo 2017

Marzo hizo su entrada tan de repente que pensé que seguíamos recorriendo los meses invernales, hasta que me topé con un almendro floreado. img_1196La primavera pronto llegará: se aprecia ya en vientos, en lluvias y en esos arrestos que le llevan a uno a soñar más, a convertir el día a día en una hermosa realidad en la que caben sólo las fantasías que extienden lo que la vista contempla hacia límites inconcebibles. Lo imposible se acaba imponiendo a fuerza de rondarlo, de acariciarlo y también de trabajarlo. Anoche una idea que llevaba más de un año cortejándome cobró tal verosimilitud que me asusté, pues el reto que conlleva el proyecto, ya iniciado, me sumergerá en una vorágine de quehaceres sin fin. De todos modos, el tiempo ya no es lo que era; las horas de trabajo son tan intensas que se apropian de todos mis alientos y apenas un soplido me resta. Este laborar mío siempre me entusiasma. No se trata tanto de alcanzar una meta, que también, como de ese pergeñar magia a base de derrochar pinceladas de imaginación. Tal vez no llegue a ningún puerto, pero concibo esta empresa mía como la octava maravilla del mundo y eso es lo que cuenta. Podría quedar en agua de borrajas – no sería la primera vez-, pero la pasión que le echo cada día es vivificante y llena mi vida de un sentido muy bello que sabe a Eternidad y que me aproxima más y más a la realidad. Darle la espalda sería una necedad, en cualquier caso.

Neurótico romanticismo

12 febrero 2017

Me he habituado a convivir con esas neurosis que a ratos me aquejan; algunos las encuentran tan divertidas que, cuando las confieso, sufren estrafalarios ataques de risa. img_1121Podría, como Woody Allen, ser cómica -no me falta talento-, elaborar monólogos con mi descabellada existencia y recorrerme garitos relatando mi locura. Mr. Allen, junto con un nutrido grupo de artistas, es un gran neurótico y, en ocasiones, mis desvaríos no distan mucho de los suyos. Las obsesiones se ceban conmigo y ahora trato de desprenderme de una que no hay manera de expulsar. Soy demasiado creativa, pero no puedo ser mil cosas a un tiempo; me hundo, por ello, en terribles crisis de estrés pues mi estimado TDAH me recuerda que perpetrar varias tareas a un tiempo sólo conduce al extravío. Soy buena en lo que hago por mi intensidad, por la pasión que le echo, por la constancia y también por la cabezonería. Sólo quiero un día, para variar, de santa paz, en el que los pensamientos de ser esto o aquello no me bombardeen. Es cierto que  hay trabazón entre los oficios por los que me decanto, pero hay que elegir. Y hoy lo he hecho y lloro por ello, porque he dejado ir una parte de mí a la que me aferraba por puro romanticismo. Vuelvo al trabajo, al que temo: si lo concluyo batallaré de nuevo para convertir mi hermoso proyecto en tangible realidad. Así que me desvío por exóticos vericuetos para eludir mi propio destino.

P.D.: Admito voluntarios que me inviten a su casa el próximo 26 de febrero a ver la Gala de los Óscar.