Archive for the ‘Acción de Gracias’ Category

Tendedero

11 junio 2018

La vida se ha convertido en un cuadro impresionista; alegres pinceladas recaman paredes, bóvedas y suelos; el verdor abruma  y resalta entre los grisáceos que se han apoderado de esos cielos que ahora siempre lucen plomizos. Eso sí: la colada se ha convertido en tarea complicada. Aprovechando uno de esos claros que brinda el día -esplendores en los que los pájaros cantan y brincan-, se tiende la ropa con la esperanza de verla alguna vez seca. Y se va oreando hasta que la lluvia irrumpe en forma de granizo. Entonces se descuelgan las prendas a gran velocidad y la ropa regresa con lamparones al tendedero interior. Y con tanto trajín, uno se agota; se sale también a pasear a deshoras, durante los escasos ratos en los que las aguas se ausentan. Y no me quejo: adoro el olor a lluvia y contemplo a diario cómo ese incesante lloro engalana los paisajes de tal modo que hasta las cunetas rezuman poesía. Por otro lado, prefiero la gratitud al malestar que provocan los continuos lamentos. Acepto cuanto viene aunque, a ratos, duela a rabiar; contemplo la adversidad como una fase de transición que me aupará a esos collados que anhelo. He de confiar y de ignorar las negruras que envuelven los acontecimientos; la vida cambia en un plis plas, tal y como lo hace la meteorología. A diario, además de pelearme con los tendederos, espero lo imposible. Una vez más.

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Agradecimientos

20 diciembre 2017

Fregoteo un poco el suelo; es mi forma de hacer ejercicio pues estoy condenada a un semireposo a cuenta de un esguince de tobillo que me precipitó desde las alturas, de una silla a un frío suelo de baldosa; se retorció el pie con tanto brío que luzco moratones y buena inflamación; todo por tratar de apresar el pimentón dulce para las lentejas. De camino al hospital, temí matarme de nuevo; eran tales los dolores que no podía superar los 60km por hora en la autovía: mantener la atención me exigía colosal esfuerzo. Tras la valoración inicial, me informaron de que me aguardaba una noche larga; les conté mi historia, mi miedo a estazarme con el coche y a conducir de noche. Ni tiempo me dio a acomodarme; mi nombre resonó a los pocos minutos por megafonía y, en silla de ruedas, recorrí pasillos y vi en una sala de espera un dolor que me traspasó el corazón, en tanto hacía ímprobos esfuerzos por contener las lágrimas que luego, de camino a casa, fluyeron a mansalva. Me sentí, pese a mi estropicio y a un montón de males que me aquejan, afortunada y no cesé de dar gracias a Dios por cuanto a diario me regala, incluido este esguince que me tiene recluida. He comprobado que la gratitud es milagrosa; cuanto uno agradece deja de pesar y se hermosea de tal modo que hasta una bendición pareciese. La gratitud, aun en los momentos más aciagos, ha sido el mejor descubrimiento de estos últimos y áridos meses. El poder del agradecimiento trasciende todos los límites y torna lo imposible en verosímil. Así sí se puede vivir.

Sospechas

10 diciembre 2017

WordPress me recuerda que hace ocho años me registré por vez primera en la blogosfera. Ni yo misma pensé que mantendría un blog a lo largo de tantos años. Rememoro los nervios, los sarpullidos, el insomnio y la vergüenza que me provocaba ese desgranar mis vivencias en Internet. Al mes, por ello, me propuse dejarlo; ninguna empresa merecía semejante precio. Perseveré, sin embargo, y tras un par de meses de ausencia durante un largo verano, regresé a esta casa celeste donde se volcaban penas, alegrías, miedos y esas inseguridades que aún me persiguen. Aquí descubrí algunos de mis talentos y este espacio me ayudó a airearlos y aun a acometer proyectos que ni en el mejor de mis sueños habría yo imaginado. Y desde entonces he recorrido un interminable camino de obstáculos; la vida me mostró su cara más amarga y la adversidad me golpeó con furia y sigue, en su perversidad y obcecación, haciéndolo con contumacia, aun cuando raras veces logre mellarme. He aprendido es que soy valiosa, pese a las muchas debilidades que acarreo, que mi existencia está dotada de sentido de comienzo a fin, que nada acontece porque sí, que el azar es un engaño y que la vida, en medio de las vicisitudes y a pesar de ellas, es arrebatadoramente bella y saludablemente interesante. Son tantos los descubrimientos que he hecho en estos años que no dispongo de tiempo ni de manos para escribir los libros y guiones cinematográficos que albergo en el magín. Necesitaría de unos cien años, más o menos, para poder plasmar mis anhelos, para expresar cuanto llevo dentro. Al menos tuve una vez el coraje de hacerlo y de ponerle música a esa melodía que me ronroneaba. Las sospechas de la infancia, gracias a este blog, fueron poco a poco corroborándose y cobrando cuerpo. Los sueños fueron reales, pese a todo.

El don de la soledad

26 noviembre 2017

El don de la soledad es el don de la libertad, tal y como proclamaba Chesterton. No puede ser más cierta esta afirmación: Estar a solas con uno mismo permite saborear el silencio, el pasar de las horas y también desmenuzar los pensamientos que son desoídos en el bullicio que impera en el existir moderno. El vivir conmigo misma me acerca a la realidad, aun siendo a ratos puñetera y desleal. En esa materialidad cabe todo: el bullir de un guisote, una ráfaga que roba hojas a los árboles que decoran mi ventana o la conmoción que provoca una silla apoyada sobre una pared, junto a un viejo escobón. Sentir, vivir, percibir y paladear los detalles que, por tener contornos, son finitos pero que acercan a esa infinitud para la que hemos sido creados y para la que vivimos sin ser conscientes de ello. La Eternidad también se compone de garbanzos, de pelusas levantiscas que se niegan a adherirse a la mopa, de tazas de loza que brillan a la luz de un flexo, de azulejos que reflejan el contoneo de ramas otoñadas, de camas sin hacer, de pilas de cacharros que reclaman jabón y estropajo, de motas de polvo sobre las repisas, de sábanas que ondean en el tenderero. Vivir es sencillo, pero el no aceptar la sencillez complica el existir hasta el extremo de convertirlo en un tormento. Elijo sin duda la cotidianeidad, que se mezcla con la mística y la teología si se contempla con ojos de niño. Elijo también la libertad.

Hoy vivo en el Paraíso

19 noviembre 2017

Los fríos nocturnos obligan a abrigarse mucho y anoche, mientras dormía, me destapé para amanecer con tiritona y con una bonita inflamación de garganta. Por lo demás, noviembre sigue su curso: la vida se conduce con más suavidad y los sustos se han desvanecido al fin. Cuando noviembre comienza, mi mente se arrellana y se inventa a ratos otra vida en la que en octubre y noviembre, y quizá también en diciembre, resida yo de forma obligada en la Gran Manzana. Son los meses idóneos para pulular por sus calles, para visitar museos, para asistir a conciertos y para celebrar Acción de Gracias. De momento, estamos aquí y aquí también se está bien con las medias de lana, la bufanda, la mantita sobre las piernas y el caldo de pollo. El sol sigue regalando bellas estampas y si se tiene la dicha de pasear al mediodía, los esplendores otoñales se contemplan de forma tan vívida que la hermosura de la Creación sobrecoge; conmueve que alguien se afanara en obsequiarnos con un mundo tan bello, tan lleno de detalles y pinceladas que no hacen sino desvelar el temperamento bondadoso y esteta de ese Creador que disfrutó diseñando el lugar ideal para que los hombres habitásemos, de así desearlo, en el Paraíso. Y así vivo yo hoy el día de hoy, en un Paraíso de paz y belleza.

Sorpresas y hallazgos

22 octubre 2017

Este mes de octubre, plagado como está de complicaciones, me depara también bonitas sorpresas. Un proyecto por el que llevaba años peleando y al que daba ya por perdido podría ser iluminado de tal modo que otros puedan contemplarlo tal y como yo lo concebí. Por otra parte, me siguen rodeando maldades, pero pierden bríos y la realidad podría abofetearlas y ponerlas del revés; estoy al respecto tranquila. Anteayer regresé a una capilla presidida por un Cristo románico. Siempre lo había admirado desde el lado derecho. Me había resultado feo; no entendía las razones del artista para esculpirlo tan mal parecido. El otro día lo contemplé desde el lado izquierdo, desde el banco en el que me aposenté; el Cristo dolorido cobró vida y belleza. Llevaba en el rostro la angustia, pero también los rasgos de alguien a quien conozco apenas hace unas semanas. Me pareció entonces hermoso y el descubrimiento me llenó de estupor; sabía que aquel hallazgo algo significaba y voy vislumbrándolo con más y más claridad; este sorprendente encuentro ha sido cualquier cosa excepto casual. La realidad, si se contempla desde todos los ángulos, aun desde los, en apariencia, más descabellados cobra un sentido que llena el corazón de paz. Bendita paz. Bendita realidad. Bendito otoño.

Florecimiento

5 octubre 2016

Comienza octubre con luchas y traslados. Tras la batalla, los ímpetus sustentados durante mucho tiempo me han abandonado y el organismo, golpeado por tanto vaivén, se ha rebelado. Me encuentro combatiendo al tiempo bronquitis y faringitis con fiebres y nauseas. La mente, aun agotada, se expande y vuelve a explorar aquellos territorios con los que soñaba antes de que el cuerpo se pusiera del revés. Nuevo emplazamiento, nueva vida. Últimamente, no hago sino comenzar de cero. Agota, pero también abre nuevas posibilidades; todo nutre, todo sirve. La experiencia me ha demostrado que de terribles males nacen asombrosos bienes; la vida sabe más que nosotros, sólo hay que confiar, esperar y dar gracias por cuanto se recibe. La gratitud y la confianza traen consigo inesperadas bendiciones, amén de entusiasmo, pasión y alegría. Veo demasiada desesperanza a mi alrededor como para tirar la toalla y refugiarme en ese rincón en el que sólo se saborean nostalgias, amarguras y un sinfín de frustraciones. Los lamentos sólo ahondan las llagas y proporcionan la excusa perfecta para cruzarnos de brazos ante lo supuestamente irremediable, pues, en teoría, nada podemos. En realidad, todo lo podemos; es nuestra actitud la que condiciona el avance, el estancamiento o el retroceso, no los acontecimientos. Elijo avanzar para así disfrutar de cada instante y florecer tal y como merezco.

De la confusión al asombro

5 junio 2016

Y llega junio y lo hace con unos calores que considero desmedidos; cuando el verano asoma, siempre me agobia. No sé cómo comportarme frente a esas bocanadas ardientes que invaden campos y calles; hay que construir una nueva rutina para evitar que las tareas diarias se conviertan en una pesadilla, como la que anoche me estuvo rondando entre sueños y malos despertares.famous-portrait-photographers-bert-stern Encuentro el frío más limpio, sano y sensato. En esa sensatez los quehaceres se columpian sin hacer malabares, sin perderse en caminos poblados por malhechores que no quieren sino despojarte de lo que posees y, de paso, apalearte. Las estaciones intermedias son comedidas, aunque esta primavera nos está colmando de excesos; su pasión desborda a cada rato con un sinfín de tormentas. En medio del desbarajuste, un anhelo que arrastraba yo desde tiempo atrás se ha hecho realidad; una afamada retratista me regaló su antigua cámara de fotos, que sigue funcionando y que cuenta con tantos avances técnicos que me asusta el lidiar con ella. Ando a la espera; un fin de semana de éstos vendrá mi regalo de Madrid. Aún no salgo de mi asombro; el día antes había salido al campo con mi vieja Olympus a retratar el mundo y sentí un profundo deseo profundizar más. Le pedí a Dios que me enviara esa cámara que ansiaba; llegó al día siguiente, sin ponerle yo empeño. En medio de la confusión en la que vivo, doy gracias al Cielo por atender mis preces y ponerme en el camino a esta generosa mujer a quien espero algún día conocer.

Nadie

4 marzo 2016

Llevo una vida tan descabellada que olvidé que el invierno estaba dando sus últimos coletazos y me sorprendieron ayer dos ciruelos poblados de rosadas florecillas. 440px-Janet_FlannerCuando el frío comienza a recogerse, la verdina y la nueva vida prenden en cada esquina para recordarnos que el tiempo pasa, que nada y todo permanecen; los traspies forman parte de esta estancia nuestra. A ratos los tropiezos acaparan el horizonte, pero jamás logran absorberlo pues las mudanzas de la primavera y del acontecer diario acuden invariables en nuestro auxilio. El futuro podría desvanecerse de un plumazo, así que más vale estrujar el instante, sonreír y, sobre todo, dar gracias a diario. Todas las noches hago el mismo ejercicio: repaso mentalmente el día y aunque haya sido desastroso, siempre encuentro algo hermoso; una llamada, una sonrisa, un gesto de cariño… Y ese contar dádivas alegra el espíritu y el semblante y así a oscuras y a punto de dormirme o de sumirme en el insomnio, según el día, me recreo en los bonitos detalles que me sorprendieron. La belleza se empeña en cortejarme y no hay forma de esquivarla; gracias a ella, no vivo en un profundo desespero. En cualquier caso, ya nadie puede robarme la vida, así que estoy cansada pero tranquila.

Infante

6 enero 2016

Lluvias imperiosas han adornado esta jornada que, aunque se reciban o no obsequios, deja siempre una estela de magia y un poso de esperanza en el corazón, especialmente en el de aquellos más abandonados por el egoísmo, por los afanes de acumular cachivaches que sólo entontecen; diminutas gratificaciones que tan pronto pasan dejan un pavoroso vacío. Allá cada cual con su historia, con sus decisiones y «vacíos»; classical-paintings-modern-city-2-reality-alexey-kondakov-ukraine-1no son de mi incumbencia, pese a que todos afecten, pues cuanto hacemos o dejamos de hacer trae consecuencias que influyen en el devenir del otro, de un prójimo cercano o de uno desconocido que puede morar a lo mejor en otras latitudes. Me aferro a esa estrella que marcó el sendero de unos Magos que dejaron sus bienes y certidumbres para encaminarse hacia un destino lejano cargados de presentes y también de dudas, pues no sabían qué hallarían al final de aquella peregrinación. Cruzaron los Magos de Oriente tierras extrañas para postrarse ante un humilde niño al que calentaban una mula y un buey y al el que un coro de hermosos ángeles dedicaba sus mejores acordes, mientras que los atónitos testigos de aquel bello acontecimiento entonaban cánticos y se rendían ante aquel blandito infante que colmaba de alegría, de una dicha que aligeraba los pesares y robustecía los ánimos con una esperanza jamás antes vislumbrada. Feliz Epifanía.

P.D.: Verdaderamente, escribir en mi lengua materna es una pesadilla. Me sale en inglés y he de traducirlo al español. Un dislate.