Laborar y zanganear

Cuando permito que el caos se adueñe de mi entorno, mi mente pulula a la deriva y una nube de azufre envuelve mis pensamientos; todo parece feo y tenebroso y temo que una lluvia de males me acabe sepultando. Si limpio acá y allá, si coloco lo que llevo tiempo postponiendo, la mente se asienta y despeja y el vivir se recubre de destellos que alumbran detalles que había, en mi ceguera, ninguneado. Todo resulta entonces amable y cada vivencia parece encaminada a forjar mi destino, a alcanzar los fines que codicio. Eso sí: si me impongo muchas tareas, me hundo también en el caos. Se precisa un equilibrio, un poquito de esto y otro de aquello. El tumbarse a la bartola cunde tanto como horas y horas de trabajo; la holganza, bien llevada, procura bienes y beneficios. Suelo olvidarlo por esa manía mía de producir a toda costa, por esa mentalidad anglosajona que considera casi un pecado el contemplar las musarañas, pese a lo enriquecedor que resulta el zanganeo. Recrearse en lo pequeño da paz y alegría y regala flamantes ideas que esperan ser vislumbrarlas en medio del frenesí en el que a veces habito. Gandulear un poco será mi objetivo para septiembre, el mes más dulce y hermoso y entre cuyas bondades siempre he hallado mullido acomodo. Dulce septiembre…

2 comentarios to “Laborar y zanganear”

  1. lastravesurasde... Says:

    Que buena entrada jaa saludos

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