Bajar la guardia

La deseada lluvia ha irrumpido en este tórrido verano para limpiarnos de malos humos, para insuflarnos alientos y redecorar el cielo con arabescos que, al atardecer, roban el aliento y le hacen a uno a detenerse a contemplar la vida, esas filigranas que componen el acontecer diario y que a ratos, por ese ir de acá para allá, pasan inadvertidas. Y en esos ornamentos uno se deleita y, al hacerlo, todo parece hermoso y el sinsentido de días atrás se arrincona por un bello presente que traerá de seguro un bello futuro, pues en todo halla el alma consenso y belleza. El estar pendiente de emails o llamadas de teléfono, como es mi caso, para sacar adelante proyectos postergados provoca crisis de ansiedad, pero este contemplar la vida despacio se ha llevado cuanto sobraba para dejar en su lugar una estela de quietud y también de raciocionio; en los momentos candentes, el miedo se apodera de la razón para campar a sus anchas. No voy a dejar resquicios al desvarío; voy a combatirlo con mis armas: una siesta sosegada, una crema de calabaza, un par de horas de lectura y un paseo que me dispongo que a dar tan pronto publique este post. Como siempre, la sencillez es lo que salva de perder la cordura, de esa sinrazón que acecha en cuanto se baja la guardia.

4 comentarios to “Bajar la guardia”

  1. Susana Says:

    Nada mejor que relajarse para ver las cosas claras. Un beso.

  2. Miss Poessía Says:

    Por mucho estrés y presión que tengamos en nuestra vida, encontrar cada día un momento de calma y conexión con una misma es imprescindible para nuestra salud mental y nuestra paz interior. Me alegro de que sepas encontrar esos momentos, a veces es necesario desconectar un poco de la vorágine de la rutina para luego volver a conectar con mucha más energía.

    ¡Saludos, Nuria! 🙂

    • zambullida Says:

      A mí la rutina me encanta. Sin ella, fenecería, y trato de abordarla de la mejor manera posible. Hay veces en los que se lucha “demasiado” porque las circunstancias lo exigen y es ahí cuando uno se desgasta y hay que recurrir a pequeños truquillos, aquellos que nos sirvan a cada uno. Un abrazo, querida.

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