Archive for 24 julio 2017

La audacia de vivir

24 julio 2017

La vida transcurre a un ritmo pausado y esta cadencia dota a las horas de bello contenido. Todo, aun lo diminuto, tiene cabida en lo que importa; cada gesto, cada palabra van fraguando lo que somos, lo que seremos. Según el talante de la acción o de la inacción, seremos dichosos o desventurados y nuestra existencia poseerá un cariz u otro. En circunstancias adversas tientan los atajos, las sendas en apariencia llanas que ni deparan alegrías ni tristezas. Escoger lo fácil para evitar lo que de veras ansiamos, lo que rebatimos con sesudos razonamientos para aplacar las pasiones que empujan de nosotros en otras direcciones, se ha convertido en un comportamiento tan habitual que el desafiarlo es castigado con desprecios y burlas. Me inspiran compasión quienes se mofan de sueños ajenos; sus vidas muestran ese sinsentido que defienden, un desbarajuste que achacan siempre a la suerte y a la contigencia. Si bien hay épocas gélidas que nos hielan hasta las entrañas por la frialdad con la que nos despachan, el azar jamás rige los destinos; lo hacemos nosotros cada minuto, cada hora, cada día. Y aquí seguimos algunos empuñando las riendas de la vida porque nos gusta ser felices, y cuando la dicha anda en juego, hay que ser cautos y también audaces porque vivir en plenitud exige audacia.

Equilibrismos

11 julio 2017

Cuando las rutinas se ausentan durante largo tiempo, fenezco. Necesito una estructura y sin ella, me embarullo de tal modo que me extravío en oscuras simas para ser golpeada por numerosos estímulos a los que no sé afrontar. Siento cómo si el mundo me engullera y cientos de tentáculos tiraran de mí en variadas direcciones. Y entonces me resquebrajo y luego, con mimo y paciencia, me recompongo una vez más. Es una tarea dificultosa; entraña ignorar los males que acechan, ver en ellos posibles bienes que quizá ahora no sepa vislumbrar y admirar lo que poseo, aunque sea una menudencia. Ayuda el saber que todo, hasta lo más doloroso, sirve para construir una mejor versión de lo que soy, de lo que algún día seré. Desayuda el comprobar que cada paso va cargado de congojas, pues una se ha convertido en el chivo expiatorio de frustraciones ajenas. Desalienta el apechar con las maldades de aquéllos a quienes no se puede evitar y con los que se teme dialogar por miedo a enredar aún más la madeja. Me siento como un equilibrista que se juega a diario la vida sin red, en tanto que una gran mayoría hace y deshace sin miramientos; remordimientos habrá, pero a mí esa cuestión no me concierne: las conciencias ajenas no entran en mi jurisdicción. Vuelvo a la cuerda, pues.

Risas y cantares

2 julio 2017

El trinar de los pájaros adorna el silencio y esta ausencia de sonidos me sorprende por inusual. Uno se acostumbra y se desacostumbra a casi todo; esta capacidad de adaptación es la que nos permite sobrevivir, por otra parte. Sin una cierta flexibilidad mental, estaríamos abocados a hundirnos en hediondas marismas de las que nada o nadie nos rescatarían.

Abrazo, al fin, el estío como una bendición en vez de como una plaga dispuesta a despojarme de descanso, de salud y hasta de cordura. Y en este sosiego recuerdo aquellos veranos plagados de juegos y ensueños, donde el zumbido de las moscas envolvía el alma en una placentera modorra que invitaba a contemplar las musarañas y a inventarme historias en ese mundo que, desde bien niña, me confeccioné para sobreponerme a las desdichas. Allí decidía quien vivía o sucumbía; guiada por la compasión, acababa regalando a mis ajetreados personajes un bonito final, porque tanta lucha exigía recompensa. Jamás se me ocurrió que aquellas peripecias tan rocambolescas se convertirían un día en el decorado de mi propia vida, que los obstáculos me robarían el aliento y me encerrarían en un callejón sin salida. Espero anhelante mi recompensa, pues cuanto me arrebataron sigue siendo mío y regresará a mí centuplicado. Y muy pronto, como dice el salmo, la boca se me llenará de risas y la boca de cantares.