Coffee Charger

El mal, aun siendo un conocido habitual, sigue asombrándome, pese a tender yo también a él. Eso sí: al ser consciente de ello, hago lo imposible para expulsar a esos feos pensamientos que a ratos enturbian mi mente.image Por otro lado, prefiero reservar mis bríos para fines más sensatos. Requieren las maldades de malsanas habladurías y de complejas y agotadoras maquinaciones; de emplear mi tiempo en complots, mis proyectos quedarían huérfanos de padre y madre y yo misma, sin intercesión de nadie, me despojaría de esa dicha que acaricia el alma, de esa esperanza que anima a confiar en el resto de la humanidad, en la capacidad del hombre para crear y amar y no para odiar ni atesorar venganzas o rencillas que carcomen sueños y entrañas. Me hallo en un café rodeada de solícitas camareras que sonríen sin parar porque la vida lo merece y cuando las observo trajinar e intercambiar confidencias y risas, me lleno de alborozo. Hay más bien que mal y éste, pese a sus cambalaches, jamás logra imponerse. Descanso en la confianza, en ese mullido sofá que conforman la fe y el amor, en el único en el que se reposa, pues aquí la paz envuelve en una plácida modorra… Me quedo en este lugar.

2 comentarios to “Coffee Charger”

  1. winnie0 Says:

    Y es que ese lugar donde te quedas es el mejor y donde mejor se está… un abrazo Zambu

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