Humus

Una conversación telefónica ha avivado ciertos malos recuerdos, pero, a diferencia de en otras ocasiones, no ha logrado descomponerme ni estropearme el día. He releído, además, un correo electrónico de una amiga y no me ha costado identificarme con ella, con su rabia, con su dolor, con su impotencia, con ese saberse injustamente tratado, con ese observar con estupor cómo quien sembró el mal hace ya tiempo, persiste en hacerlo, porque tal vez ya no sepa encarar la vida de otro modo. Lo peor: lejos de enmendar los errores, se aferra a su necedad y arrambla con cuanto le rodea con tal de alcanzar sus fines. Ese egoísmo feroz, que revuelve las entrañas, le obliga a uno a apartarse de quien para sí todo lo quisiera, aun cuando su codicia provoque daños, en apariencia, irreparables. Sé por experiencia que, en estos casos,  sólo hay dos caminos para vivir con paz los inevitables acontecimientos que jalonan la existencia: el perdón, capaz de suavizar las heridas, pese a que  a veces dejen huella, y la humildad, esa «humilitas» que procede del humus, de esa materia que nos recuerda nuestra terrenalidad y la ristra de bajas pasiones, de maldades y de debilidades que cuelgan de ella, como esas esas latas que se atan a los coches de los recién casados y que bailotean contra el asfalto. Es difícil empatizar con esa voracidad destructora, pero no imposible. Detrás de cada comportamiento, por obsceno que resulte, hay siempre una explicación que, si bien no lo justifica, al menos lo hace más inteligible, de suerte que uno, si se empeña en ejercitarse en la tarea, acaba poniéndose en el lugar de cualquiera, por muchas que sean las infamias. De ese modo, se puede dejar de lado el pasado, aunque de rato en rato, cuando la adversidad nos golpee, venga a visitarnos. Pese a que la oscuridad cubra la tierra, no se tiene por qué andar en tinieblas; la luz y la belleza brillan incluso en la noche más negra y todo lo alumbran en eterna lozanía y uno, aun cuando el mundo parezca derrumbarse, se siente tranquilo y a salvo porque tiene por gobierno a la Justicia y a la Paz por gobernantes.

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31 comentarios to “Humus”

  1. tomae Says:

    ¡pues nunca hubiera pensado que la humildad viene de humus! …pues si no mal recuerdo el humus es la primera capa donde se asienta la corteza (la terrestre) y como que esa “humilitas” tiene que salir de mas adentro. De todas forma Zambu, no te avives con malos recuerdos, entiérralos hasta el fondo del núcleo, que ni la fuerza de un volcán pueda arrojarlos… es cuestión de geología. 🙂

  2. tomae Says:

    ah! y me encantó esa peli…

  3. tomae Says:

    …porque mira que está Ormond! la tal Julia…

    • zambullida Says:

      J. Ormond está guapísima, pero el reparto masculino tampoco desmerece, ehhh??? En la peli, se ven muchas de esas pasiones que agitan al hombre y al final, tras muchas vicisitudes, se produce la ansiada reconciliación. La banda sonora es, además, estupenda.

  4. LAMBERTUS CEGATUS Says:

    LOS MALOS RECUERDOS SOLO SIRVEN PARA PONER EN AVISO A LAS PERSONAS SOBRE OTRAS QUE LES INVADE LA MALDAD, HAY INTENTAR OLVIDAR Y RECHAZAR, ESOS PENSAMIENTOS CUANDO VIENEN A LA MENTE, UN ABRAZO ZAMBULLIDA

  5. winnie0 Says:

    La luz y la belleza!!! siempre pueden triunfar Zambu, no lo dudes. Un beso grande

    • tomae Says:

      ¡Hola Winniecero! (me permites Zambu?) ¿qué tal por tu Isla?…Saludos!… Gracias Zambu..¡oye! no será esa Julia Ormond la que te llamó por teléfono eh?…¿tienes su móvil? …bueno, luego Zambu, y también tú W…

    • tomae Says:

      …quería decir ¡hasta luego! bueno, ya paro…¡ Adios !

      • zambullida Says:

        La que me llamó por teléfono no fue, me temo, Julia Ormond, pero si logro hacerme con su móvil, no dudaré en pasártelo, ¡faltaría más! Winnie está encantada en su isla, todo el día en barquito tumbada a la bartola.

        Comprendo que te cueste despedirte, tomae; este lugar, por algún motivo desconocido, magnetiza ¡Ja,ja,ja!

        Besos desde mi isla meseteña. Aquí no hay mar, pero, como estamos a 700 metros de altitud, el cielo se ve más bonito y más azul, sin calimas ni nada que se le parezca.

    • zambullida Says:

      Ya ves, Winnie, aquí tenemos a tomae interesándose por ti. Estoy de acuerdo contigo: luz y belleza acaban siempre triunfando.

  6. Juana Gil Says:

    Estoy contigo, Zambu. El perdón lleva consigo semillas de esperanza. Perdonar no significa excusar el comportamiento de quienes nos han herido, es tomar la decisión de desprendernos del pasado para obtener paz en el presente. Nos conduce hacia una vida más armoniosa, libres de rencores y angustias. Aunque a veces es tan difícil perdonar…
    Que tengas un feliz domingo.

    • zambullida Says:

      Una bonita descripción del perdón la tuya, Juana. El rencor emponzoña el alma y con él a cuestas resulta muy difícil disfrutar de nada. Perdonar, coincido contigo, no siempre es fácil.

      ¡Feliz semana!

  7. enfilando Says:

    Muy acertada tu apreciación, Zambu, respecto a los dos caminos (perdón y humildad) para vivir los acontecimientos de cada día. Pero hay un tercero, compatible con los otros dos, que es alejarse, siempre que ello sea posible, de quien perturba tu condición de persona y todo lo que de esta condición se desprende. Ni como personas ni como cristianos estamos obligados a soportar la presencia de otras personas que ponen en peligro nuestra paz interior (siempre que no existan otras razones que te obliguen a ello). Si puedes evitarlas, evítalas. Si tienes que cortar, hazlo radicalmente, sin miedos y sin remordimientos.

    ¡¡Qué bien escribes!! Gracias.

    • zambullida Says:

      A veces no queda más remedio que alejarse; es más: hacerlo es lo más recomendable. No obstante, el poner tierra de por medio no es incompatible con el perdón; éste permite emprender una nueva vida libre de ataduras, de lo contrario, los males siguen persiguiendo allá donde vayamos.

      ¡Gracias a ti, enfilando!

  8. joaquinsarabia Says:

    Puede ser dificil bregar con los recuerdos ésos amigos que nos visitan regularmente de vez en cuando haciendo que nos demos cuenta de lo frágiles que somos. Lograr perdonar es la solución que nos reconcilia con el mundo.

    • zambullida Says:

      Nuestra fragilidad es innegable, Joaquín, aun cuando también guardemos en nuestro interior tesoros de los que ni somos conscientes. El rencor es, sin duda, un mal compañero de viaje.

      Encantada de tenerte de vuelta 🙂 🙂 🙂

  9. mercedesmolinerom Says:

    Cierto es que intentas olvidar y olvidas, pero hay momentos en que, de alguna manera, la vida te golpea y esos recuerdos parecen volver a florecer torpemente, en tu vida.
    Un abrazo

    • zambullida Says:

      Sí, pese a nuestros esfuerzos, vuelven a aparecer. Lo mejor: no prestarles demasiada atención y si, pese a ello, persisten, tratar de enfocarlos desde otro prisma; tal vez descubramos algo importante que hasta ese momento se nos había escapado. Un abrazo, amiga.

  10. Marisa Rubio Says:

    Lamentable circunstancia cotidiana, esa la de aquellos vampiros del bien que acaban emponzañado y dejando EL MAL como escenario que retroalimenta al individuo adbsurdo pero peligroso, el HOMO-insaciable.
    Ascendente esperanza de herramientas de lucha para paliar tamaña adversidad …. el perdón y la humildad…las uso muy poco y sólo en casos desapercibidos….pero si de sabios es rectificar; lo empleo SIEMPRE y funcionA!.

    • zambullida Says:

      El mal nunca acaba triunfando; nunca, aunque, en apariencia, parezca hacerlo. El perdón y la humildad no vienen así como así; hay que ejercitarlos y sufrir antes muchos fracasos.

  11. guelgar Says:

    Los malos recuerdos siempre vienen a la mente cuando nos sentimos vacíos y desanimados ,pero lo importante no es que vengan, pues lo importante es que seamos capaces de superarlos y de olvidadlos o apartarlos de nuestra mente,y dejar que fluya la parte positiva que tienes pues todos tenemos cosas buenas y malas ,pero lo importante es que busquemos ampliar las buena y reducir o anular las malas,eliminar los miedos o dominarlos,creer que si queremos podremos superarlos, la mayoría de la gente que le gusta fastidiar a los demás es la que no sabe como ser feliz y en vez de buscar que es lo que le gustaría hacer para ser feliz ,prefiere desgraciarle la vida a quien cree que es feliz ,por eso en el fondo hay que tenerles pena pues quien no sabe ser feliz ,no sabe disfrutar de la vida.

    • zambullida Says:

      En realidad, a no ser que uno sea un niño indefenso, es difícil que te desgracien la vida ( siempre hay excepciones) a no ser que te prestes a ello, muchas veces de modo inconsciente, por miedo a decir no, a no ser querido, a mostrar los verdaderos deseos y emociones. Lo mejor, como tú dices, es dejar que fluya la parte positiva y recurrir a todo cuanto nos hace sonreír, a esos pequeños placeres que cada cual posee.

  12. Concha Huerta Says:

    No sabía que la humildad viene de la tierra, muy bien traido a colación. Contigo siempre se aprende algo nuevo. saludos

  13. susana Says:

    Es cierto. Yo también aprendí a la fuerza que todo se puede justificar si te pones en el lugar del otro y eso es lo único que te devuelve la paz. Un beso.

  14. Alan Rulf Says:

    Apunta uno más a la lista de los que han aprendido en esta entrada la etimología de “humildad”.

    Me alegro de que la llamada no te haya estropeado el día. Es cierto que empatizar por costumbre ayuda bastante a no sentirse tan mal. Supongo que de esa forma es más fácil no caer en ese error que los psicólogos llaman “cargar de intención”, que consiste en pensar que los demás hacen las cosas para fastidiarnos.

    Saludos.

    • zambullida Says:

      Normalmente, salvo casos excepcionales, actuamos en función de nuestras necesidades y de aquello que guardamos en el corazón (deseos, inquietudes, frustraciones).

      Gracias por pasarte, Alan.

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