Alma esponjada

Aun cuando eludamos la reflexión, siempre hay una parte de nosotros que advierte que la vida  no le satisface y que ansía más y más, pese a que sepamos por experiencia que las necesidades raras veces se ven satisfechas y que, aunque lo sean, el vacío no se ausenta. Es lógico: fuimos creados para el Infinito y aquí todo es finito y limitado de suerte que a ratos el corazón se ahoga porque requiere un espacio que no encuentra por mucho que busque y ahonde. Para llenar esos huecos, vagamos a la espera de reconocimiento; nos devora el anhelo  de ser amados, lo cual no deja de ser una trampa, a veces mortal, que nos lleva a complacer a cuantos nos rodean con toda suerte de lisonjas y a fingir ser quien no somos para evitar el rechazo. Es una especie de prostitución en la que vendemos nuestra esencia a cambio de un puñado de elogios y de ese cariño siempre añorado. Solamente cuando somos capaces de mirarnos, aunque ello nos provoque algún que otro sobresalto, vemos nuestra pequeñez y nuestra impotencia. Entonces, desde la verdad de lo que podemos ofrecer, desde la pobreza y despojados de vanidades y oropeles, podemos relacionarnos con el otro a sabiendas de que siempre toparemos con limitaciones, las nuestras y las del prójimo, y de que nada será perfecto. El otro dejará de ser enemigo, pues sabremos que carga con los mismos miedos, titubeos, confusiones y con esa soledad con la que todos nacemos, vivimos y morimos. Es en este no ser nada o casi nada donde de veras se goza del vivir, donde empapamos el alma de belleza, al igual que las hojas se cubren de rocío con la aurora, donde, esponjados, la esperanza nos embriaga.

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15 comentarios to “Alma esponjada”

  1. winnie0 Says:

    No entiendo de orgullo ni de vanidad Zambu…..me inclino desde ya hace unos años a cuidar la TOLERANCIA que creo que es fundamental para convivir. Un besote

  2. Alan Rulf Says:

    Muy bonito y muy bien dicho. Es difícil añadir algo a estas reflexiones.

    Saludos.

  3. José Ramón Says:

    La capacidad de alcanzar la humildad, haciendo un esfuerzo por conocerse a si mismo, es la prueba de la limitación. La superioridad del amar al prójimo sobre la sensación de sentirse amado es la constatación del infinito. Bello texto Zambu…!

  4. LAMBERTUS CEGATUS Says:

    CUANTA RAZON TIENES EN LO QUE, COMO SIEMPRE RELATAS TAN BIEN, LA VIDA ES ASI. UN ABRAZO

  5. joaquinsarabia Says:

    Hermano toma conciencia de tu valía y después podrás valorar a los demas ¡es el camino para sentirnos hermanos!.
    Precioso escrito, un abrazo amiga 🙂 .

  6. jusamawi Says:

    Reconocer que uno es nada no creo que sea la solución. Me parece más lógico reconocernos como un todo. Compartir desde el todo tiene más mérito que compartir nadas. Lo que hace grande y execrable al ser humano son sus infinitas posibilidades. El resultado en demasiadas ocasiones es deplorable. El consuelo es pensar que somos débiles, poca cosa y, lo peor de todo, caer en la resignación es el mayor de los errores y, a pesar de veinte siglos de cultura occidental, el mayor de los pecados.

    • zambullida Says:

      Ciertamente, el hombre está lleno de posibilidades, de muchas más de las que él mismo es capaz de vislumbrar, y puede conseguir cuanto se proponga. Luego, nada no es, pero tampoco lo es todo; si así lo fuera, seríamos dioses invulnerables incapaces de errar y nos bastaríamos a nosotros mismos puesto que no tendríamos necesidad de nada al ser nosotros un todo. No he hablado en ningún momento de resignación. Ésta puede ser útil cuando uno frente a una determinada situación no pueda hacer nada humanamente , frente a la muerte, por ejemplo. Sin embargo, en el día a día, la lucha, la determinación y la perseverancia son los que van a decidir qué tipo de vida vamos a tener. Ese no ser nada del que hablaba se refería más a ser uno mismo sin artificios ni pretensiones; así siempre resulta sencillo relacionarse con el otro.

  7. zambullida Says:

    Si tolerancia, Winnie, es muy difícil convivir; estás en lo cierto. En cualquier caso, mi texto iba por otros derroteros.

    Gracias, Alan. Pásate cuando quieras y más si vienes a decir cosas como éstas, ¡ja,ja,ja!

    Interesante reflexión, J. Ramón. Ese conocerse a sí mismo, esa humildad, en mi opinión, más que prueba de nuestra limitación, lo es de nuestra grandeza, puesto que el hombre, aun limitado, es increíblemente bello y puede alcanzar cotas insospechadas.

  8. zambullida Says:

    LA VIDA ES ASÍ, LAMBERTUS, PERO LA PENA ES QUE NO NOS PAREMOS A REFLEXIONAR SOBRE ELLO.

    Tomar conciencia de nuestra valía, Joaquín, pero también de nuestra pequeñez. Sólo desde ésta, se mira al otro con compasión.

  9. Solsticio Says:

    Coincido contigo en que lo mejor es partir desde quien uno es, “sin artificios ni pretensiones”, lo cual no quita que el hombre, aparte de miserias, tenga grandezas.

    • zambullida Says:

      Cierto, Solsticio. Sin embargo, el llegar a saber lo que uno es resulta más complicado de lo que parece; el ego, siempre presente, se mete por medio y no nos dejar ver. Gracias por pasarte por mi espacio. Sé bienvenido/a.

  10. Karen Says:

    Todo y nada son dos caras de una misma moneda, por lo que he aprendido. La prostitución es inaceptable en cualquiera de sus manifestaciones. Sólo conduce a la degradación para todos los implicados en ella, no sólo para quien la ejerce, cualquiera que sea la “razón” que le impulse a ella.

    • zambullida Says:

      La prostitución degrada, tanto si se vende el cuerpo como el alma; estoy de acuerdo contigo. Tan pronto uno parece tenerlo todo como quedarse sin nada, pero yo creo que es una percepción subjetiva en la que los sentidos nos engañan. En cualquier caso, tenemos y somos más de lo que creemos, lo cual no implica que la humildad tenga que ser desterrada; muy al contrario: nos engrandece y nos acaba colocando en el lugar que nos corresponde; el ego tiende a desviarnos del camino.

  11. Pedro Says:

    Mi querida Zambullida, todo un tratado de psicoterapia en un puñado de palabras. Es un texto muy chulo. Me ha gustado: las polaridades de las que hablas en los comentarios, el conocerse a uno mismo como principio de la salvación del hombre, la pequeñez de lo limitados y la grandeza de la dignidad humana. Fíjate que yo pienso que, aún sin alcanzar cotas insospechadas, el ser humano, hombre, mujer, es el infinito mismo. Te felicito.

    • zambullida Says:

      Me has hecho pensar, Pedro. Iba a escribir que llevamos parte del infinito, sólo parte, pero, reflexionando sobre ello, he llegado a la conclusión de que tal vez seamos ya el infinito mismo. No hago más que editar el comentario. Rectifico: no somos el infinito, aunque llevamos en nosotros parte de él.

      Por cierto, cualquier día de éstos me monto una consulta pirata, para las tardecitas, y ejerzo de terapeuta, así sin titulación ni nada.

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