Miserias

Anoche, de madrugada, tuve que abandonar la cama: la angustia me impedía respirar y, pese a mis esfuerzos por relajarme, mis músculos no dejaban de tensarse. Temía que esas contracturas acabaran inmovilizándome —no sería la primera vez— o degenerando en una cojera. Decidí levantarme y, a falta de lectura (me había terminado mi último libro horas antes), encendí el ordenador, pese a que me lo tengo prohibido. De todos modos, ahora, al carecer de acceso a Internet, mis impulsos son más controlables. No había sido un día fantástico pero tampoco funesto. Llegué a casa más pronto de lo habitual.  Aquí, para no ser acosada por sobresaltos, hay que llegar pasadas las once de la noche, de ahí que me pase el día deambulando, con el portátil a cuestas, para eludir posibles peligros, de la mañana a la noche. El enemigo volvió al ataque, pero como ya no se atreve a dirigirse a mí directamente utiliza intermediarios, que en vez de tranquilizarme me confunden más pues este nuevo portavoz, a causa de los estragos de la enfermedad, apenas retiene los datos de suerte que tengo que repetirle la misma historia, la única que hay, muchas, muchas veces, lo que no hace sino me alterarme más de tal manera que últimamente, tras nuestras conversaciones, acabo hecha un guiñapo. Me veo obligada,  sin desearlo, a sacar de nuevo el hacha de guerra y las palabras, aun desordenadas y carentes de fundamento, hacen mella en mí. Me hieren y me reabren las heridas del pasado, aquellas que ya creía olvidadas.

Esta lucha parece no tener fin y me está minando más que las visitas a los hospitales de meses atrás. Tal vez ahora no tenga infecciones, pero es tal la presión a la que me veo sometida que temo acabar cayendo en la desesperación y tomando decisiones precipitadas que me hagan más mal que bien. Con el dolor se despierta la memoria y las infamias del pasado desfilan una a una frente a mi airada mirada, mientras la cólera se enciende en las entrañas, y el perdón, por el que tanto me había afanado, cede su lugar al resentimiento, lo que me atormenta y, a mayores, acrecienta la angustia hasta lacerarme por dentro. Hoy he leído algo que me ha ayudado a sentirme menos miserable. Parece que el perdón no consiste en el olvido, sino en la aceptación de la ofensa. Esa amnesia, por el contrario, puede resultar contraproducente porque para perdonar hay que recordar: no hay que esconder la herida, sino airearla y exponerla a la luz del día porque, de no hacerlo, ésta podría infectarse y destilar veneno de por vida ¿Quién querría algo así? Yo, desde luego, no. Es preciso, por tanto, que se la vea, que se la escuche para convertirse en fuente de vida y de esperanza. Sin ésta, además, ( esa cosa con plumas que se posa en el alma, en palabras de E. Dickinson ), nos volvemos mentirosos ante lo verdadero y si perseveramos en esta actitud, llega un momento en el que no podemos discernir lo bueno de lo malo. En consecuencia, al menos en lo que a mí respecta, tendré que renovar mi perdón una y otra vez hasta el fin de mis días. Me agoto sólo de pensarlo, pero confío en que Dios, conociendo mi debilidad, obre el milagro.

P.D.: Remedio casero para desesperados: lectura reiterada, hasta la extenuación, del último párrafo del Salmo 138:

Si camino entre angustias, me das vida
ante la cólera del enemigo extiendes tu mano
y tu diestra me salva.
Yahvé todo lo hará por mí…

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17 comentarios to “Miserias”

  1. joaquinsarabia Says:

    No olvides que por la época de los Salmos, Yahvé exterminaba pueblos con mujeres, hombres, niños y bestias incluidos y todo con mucha mucha sangre. El Dios del Antiguo Testamento era muy duro. A veces no tenemos más remedio que recurrir a él.
    Precioso escrito, ma ha gustado mucho 🙂 .

  2. María del Carmen Rodríguez de Arce Rubira Says:

    !Perdonar y olvidar!!!..Mas fácil es perdorar, el olvido ya es otra cosa, pero si no se olvida, el rencor se mantine en el alma y hace mucho daño.
    Sólo Dios da la fuerza para ambas cosa,

    Te queremos mucho, pero Dios te quiere mucho más, te quiere y sin medida, cada instante de tu vida.

    Me gustó, como todo lo que sale de esa maravillosa pluma y de tu alma tan especial.

  3. LAMBERTUS CEGATUS Says:

    NECESITAMOS UNA RENOVACION COMO SEA Y AL PRECIO QUE SEA, DIOS TIENE QUE APOYAR A LAS PERSONAS CON SENTIMIENTOS Y NO DEJARLAS ANTE LA DESVENTURA, ME HA GUSTADO TU RELATO, PERO NO NOS HAGAS SUFRIR, PUES SUGRIMOS CONTIGO, UNA BARAZO ZAMBULLIDA

  4. winnie0 Says:

    Si tú supieras cómo agradezco ahora mi memoria selectiva que me hace olvidar las ofensas….fíjate tú. Besos

  5. Dimas Says:

    Dios nos mira con ojos amorosos , pero nosotros estamos pagando el precio de nuestra libertad.Hay muchos mas motivos de felicidad que de angustia y uno de ellos es descubrir a gente tan maravillosa como la que encuentro cada dia en blogosfera , gente que expresa sus temores y gente que tiene una palabra de consuelo para ellos.Yo por mi parte pido a Dios por todos y cada uno de vosotros.

    Besos

  6. tomae Says:

    …y yo que pensaba en lo de setenta veces siete, sólo que cada una de ellas lo hiciéramos así, a lo mejor no sería necesario perderse en que si sumas, multiplicaciones o exponentes a la n potencia; bastaría con repetir la secuencia de la vida con ese manual de instrucciones que nos mandas. En los n intentos que siempre serían fallidos ( Es difícil perdonar de la forma más pura) sólo que hubiera un grano de buena intención algo aprenderíamos de nosotros y de ellos …ya no te cuento si ese grano fuera de mostaza.

    Gracias por dos Zambu! 😉

  7. ana Says:

    Volver a empezar. Resilencia. Capacidad de perdón. Perdonarse.

    Agotamiento.

    Deseo para tí un trozo de “claro del bosque”. Un pedazo de Luz y de descanso.

    Un abrazo fuerte.

  8. zambullida Says:

    @ Joaquín: El Dios del A. Testamento actuaba acorde con la época que se describe. Eran tiempos oscuros en los que sólo los profetas hablaban de esa luz que habría de venir para salvar al mundo. La Biblia, sobre todo la primera parte, es compleja y para adentrarse en ella hace falta un profundo conocimiento de la historia, del judaísmo y del Cristianismo (no dudo que tú no lo tengas, ¡líbreme Dios!). De hecho, dentro de la iglesia, hay grupos que se dedican a su lectura e interpretación: Lectio Divina. Pero, sobre todo, la clarividencia que sólo concede el Espíritu es la que acaba desvelando los misterios que encierran las Sagradas Escrituras. A mí, personalmente, me gustan los Salmos, el Cantar de los Cantares, el Libro de Job, los profetas (especialmente Isaías), Eclesiastés y Sabiduría. De todos modos, mis conocimientos bíblicos son muy de andar por casa.

    @ Mª del Carmen: Gracias por recordarme el amor de Dios, amiga; se me olvida con tanta frecuencia… Es cierto: sólo con la ayuda de Dios se pueda llegar al perdón. Humanamente, no es posible.

    @ LAMBERTUS: NADA MÁS LEJOS DE MI INTENCIÓN QUE HACERTE SUFRIR, AMIGO. LA VIDA A VECES PARECE IMCOMPRENSIBLE, PERO TODO TIENE SU PORQUÉ O, SI LO PREFIERES, SU PARA QUÉ ¡¡¡RENACEREMOS, RENACEREMOS!!! GRACIAS POR TU EMPATÍA Y POR ESTAR AHÍ.

  9. zambullida Says:

    @ Winnie: No sé si tengo memoria selectiva, pero suelo quedarme con lo mejor de cuantos se cruzan en mi camino. Lo negativo, de lo nadie nos libramos, procuro obviarlo. Ya que estamos hechos de luces y sombras, quedémonos con las luces.

    @ Dimas: Gracias por tus oraciones, amigo. Me da la impresión de que a todos nos van a venir de perlas. Gracias de nuevo. Como dice una amiga pañamena, bendiciones.

    @ tomae: Me ha emocionado tu comentario; he tenido que contener las lágrimas (recuerda que escribo desde un Cyber Café). Veremos a ver si ese grano, aunque no sea de mostaza, o tal vez sí, fructifica.

    @ ana: ¡Qué bien suena lo del claro del bosque! Me afincaría allí con mi portátil, mis libretas y mis libros. Podrías venir a visitarme con tu peque.

  10. lelapinamoureux Says:

    take care. 😉

  11. Emily Says:

    En unos días volverás a la tranquilidad y se acabarán tus angustias, me refiero a las que te provocan los demás, pasearás por el campo y nos hablarás del otoño, barrerás las hojas de la entrada y adornarás tu casa con plantas como solías hacer….ves? poco a poco las aguas vuelven a su cauce. Un beso

  12. zambullida Says:

    @ lelapin: I will, I will. I promise. Thanks!!

    @ Emily: En este blog he aprendido muchas cosas, pero uno de mis mayores descubrimientos has sido tú. Me siento muy afortunada por tenerte como amiga. Eres un verdadero regalo, un tesoro. Ayer quise decírtelo, pero… Sabía que te ibas a acordar de las hojas ¡Qué ganas tengo de que los campos se vistan de otoño!

  13. Novalis Says:

    Zambullida tu post me ha traído a la memoria el Salmo 27,el cual probablemente conozcas,pero que te dedico igualmente.Por cierto creo conveniente aclarar que Yahvé jamás se ha dedicado a exterminar pueblos etc….
    La única guerra que nos consta libró Yahvé,fue contra Satán de la cual este salió derrotado,por aquel entonces ni siquiera la tierra había sido creada y el hombre era tan solo un proyecto.
    Más tarde el hombre se ha dedicado a exterminar a sus semejantes,eso es cierto.
    Empero recuerdo a un tal Moloch o Baal el cual dedicaba sus ratos libres a zamparse niños (Esto es históricamente constatable),es más esta angelito (nunca mejor dicho) no es obviamente el único Dios pagano,es uno más,que se dedicaba a estos menesteres.
    Estos dioses no eran duros… iban de buen rollito.

  14. sunsi Says:

    Querida Zambullida… Hablas de sufrimiento interior por causas ajenas a tu voluntad…Y te remite al perdón,al olvido.

    “Jefe…Zambullida necesita un poco de paz. Tú que conoces su corazón generoso… regálasela.”

    Un beso. Cuídate, cuídate mucho, amiga.

  15. Emily Says:

    Gracias !!

  16. zambullida Says:

    @ sunsi: Al Jefe le tengo frito, pero últimamente se está portando muy, muy bien; voy de milagro en milagro. Eso sí: hay algunos flecos sueltos que no hay por donde cogerlos. Todo se andará, amiga. Besos.

    @ Emily: A ti, amiga, a ti.

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