Broccoli

En contra de mis costumbres, me he tumbado un rato después de comer. No sé si he llegado a dormirme, pero noto la mente más ligera; la pobre ha amanecido un poco enmarañada. Todo es por el cansancio. Ayer estuve nadando mis 30 minutos de rigor: durante media hora no paro ni un solo instante;  nado a un ritmo constante, más bien pausado, porque mi intención no es batir ningún record sino relajarme y disfrutar del momento, aunque haya ratos en los que, sin darme cuenta, me acelere. Luego, ya en casa, hice los dichosos estiramientos (me llevan tanto tiempo…). Me metí en la cama baldada y recuerdo que no tardé en dormirme, pero me desperté antes de tiempo y con el cuerpo dolorido del esfuerzo. A duras penas he logrado leer esta mañana y si he trabajado en mi nuevo relato ha sido por pura cabezonería porque, al principio, ni las letras veía. Mientras escribo estas líneas tengo en el fuego broccoli y unas patatas que pelé y lavé tras la siesta; son para mañana. Me había prometido a mí misma no volver a hacer dos cosas a un tiempo para evitarme tensiones y desastres innecesarios. Parece que no soy capaz de cumplir mis promesas. En cuanto termine este «post», me ducharé y me iré a casa de mi prima, la hermana de la que vive cerca de mi casa, a pasar el resto de la tarde. Mi intención inicial había sido echarle una mano a su hija con el inglés, pero no me veo con fuerzas; no obstante, por si acaso le surge alguna duda, me llevaré las gafas. También había barajado la posibilidad de ir al cine, pero las colas serán hoy inmensas, por ser festivo, y me ha dado pereza;  me esperaré a la semana que viene.

El broccoli está en su punto: tiene la textura pefecta y un color precioso que me recuerda  a la exuberante vegetación que esta primavera invade los campos y aun la ciudad. La lluvia sigue cayendo, incesante. Ya ni me molesta; ahora, cuando al levantarme, veo las terrazas mojadas, pienso en mi jardín: en las rosas que poco a poco empiezan a asomar, en los árboles que cada día se cubren de más y más verdor y que por la noche adquieren formas fantasmagóricas, en ese ciprés que se pavonea entre el lilo y las adelfas, y al que no hay forma de podar sin recurrir a una grúa, en la hiedra, cuyas poderosas raíces delatan su vejez, en la lavanda, la retama, el tomillo, el romero, el tamarindo, en esos setos que con la edad han ido perdiendo el espesor de la juventud…, en los aromas que deja la lluvia y que inundan la casa en cuanto abro una puerta o una ventana. Desde que la primavera irrumpió, he prescindido de mi ambientador de lavanda.

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4 comentarios to “Broccoli”

  1. ana Says:

    Me dejas un estupendo cuadro en los ojos, y aromas primaverales en el olfato. Y también siento el equilibrio del agua y el cuerpo a cada brazada.

    En tu entrada de hoy, la primavera… casi se puede tocar.

    Un beso.

  2. LQPONS Says:

    ES LA PRIMAVERA, LA EPOCA DEL AÑO QUE MAS ME AGRADA, YA NO LOVEO PERO LO SIENTO, TODAVIA HACE UN POCO DE FRESCO AQUI EN JARAFUEL, VALENCIÀ: XARAFULL, PERO ME ABRIGO Y ALLA VOY YO, HOY HE ESTADO EN AIORA, ME HA LLEVADO MI MUJER, HE NOTADO MUY BIEN LA PROMAVERA.
    BONITO PERO QUE MUY BONITO RELATO ZAMBULLIDA
    UN ABRAZO

  3. NYC,1989 Says:

    bonita descripcion¡¡¡¡¡¡¡ …. como siempre. esta noche me he acordado de ti porque fijate que hora es y estoy como el dos de oros, sin pegar ojo. las puñeteras coca-colas que me tomé por la tarde me ha pasado factura, en fin, intentaré dormir ahora un rato para no levantarme fatal. ah, recuerda que tienes ambientadores naturales en tu jardin, utiliza el tomillo, romero y la lavanda, es gratis y muy comodo. un besazo

  4. zambullida Says:

    @ ana: Gracias por tus palabras. Sólo escribo lo que hago, lo que siento, lo que veo. Me alegro que te fueras de aquí con un retazo de primavera.

    @ Lambertus: Prefiero el otoño, pero la primavera también me gusta y este año más que nunca; ¡estoy disfrutando de lo lindo! Aquí no sólo llueve, sino que hace fresco, muy fresco. Me alegra que te haya gustado el “post”. Muchas gracias.

    @ NYC: Lo del Dos de Oros no lo había oído nunca; no he podido evitar esbozar una sonrisa al leer tu comentario, curiosa expresión. Déjate de coca-colas y pásate a la mirinda o a las cañitas. Espero que puedas dormirte una buena siesta.

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