Almendros en flor

He comenzado la semana llena de agujetas, en brazos, piernas y abdomen. El aspirador me mata. Me agota más aspirar la casa que 40 minutos de natación. Las tareas del hogar me horrripilan y cada vez se me hacen más cuesta arriba. El caso es que me gusta tener las cosas en orden, pero entre mi caos, la escritura, que absorbe gran parte de mis energías, la lectura y la vida social ( en mi caso esencial, puesto que vivo sola y en una zona poco habitada) apenas queda tiempo para la limpieza. Mantengo acicalados el baño y la cocina; el resto está más o menos decoroso. Lo que raras veces hago es pasar el polvo. Lo detesto. Una se esmera y al día siguiente vuelve a estar prácticamente igual. El polvo y yo convivimos alegremente, pese a que de vez en cuando, coja la gamuza y me recorra con ella una parte de la casa ( vivo en más de 200m2), pero como me disgusta, lo hago muy deprisa, para quitármelo de encima cuanto antes, y acabo derrengadita, como si me hubiera corrido los 100 metros lisos. Me gusta, en cambio, poner lavadoras, tender la ropa, sobre todo ahora que viene el buen tiempo, porque hasta la fecha aquí no hemos disfrutado aún de la primavera, sólo saboreado pequeñas ráfagas, y coger ramas de almendro con las que decoro las diferentes estancias de la casa.  Y si tengo que barrer pétalos u hojas, me da igual; el placer que me proporcionan esas ramos es superior al esfuerzo de limpiar. Dentro de nada, habrá flores silvestres y yo, pese a que este año el polen va a causar estragos a cuenta de las copiosas lluvias, voy a a aventurarme por los campos, aunque sea con mascarilla, para robar unas pocas flores y llenar mi casa de primavera.

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9 comentarios to “Almendros en flor”

  1. jaimemarlow Says:

    Yo en breve tengo previsto irme a ver cerezos en flor… ya te contaré

  2. zambullida Says:

    @ Marlow: Envidia me das, ¡serás bandido!

    @ Novalis: Es curioso: te fijas en unos detalles en los que yo, conforme escribo, apenas reparo. Gracias por leerme y gracias por la anécdota del afeitado.

    @ ana: La lavadora termina sus tareas justo en el momento en el ya uno se había sentado y olvidado un poco de la casa ( a mí me suele pillar escribiendo). En eso coincido contigo. Sin embargo, prefiero mil veces tender lavadoras que pasar el aspirador. Por cierto, tengo encima de la mesa del comedor unos cuantos calcetines por doblar y me temo que uno de ellos está desparejado.

    @ Giancarlo: No es tan pacífica como parece. De hecho, me acerco a diario a la ciudad. Así que tengo un poco de todo: la tranquilidad del campo y la eferverfescencia de la ciudad.

    @ Dimas: ¡Ay, las temibles bolas de pelusas! Nacen, crecen, se reproducen y nunca, nunca mueren. Son inmortales. Invade mi espacio siempre que quieras; ésta es tu casa ¡Bienvenido a mi blog!

    @ Emily: ¡Viejos tiempos, viejos recuerdos! No sé si estaré aquí en la época de los almendrucos, pero si estoy, me acordaré de ti.

  3. Novalis Says:

    Interesante post el de hoy y muy divertido,has empleado palabras de una hermosura poco reconocida (no se porque?) como:
    “Horripilar,gamuza y derrengada” ,muy bonitas sí señor.
    Entiendo tu aversión al polvo (por otro lado en el campo es normal que te suceda eso,es más abundante que en las ciudadades)
    Tu aversión al polvo es análogo a mi aversión al afeitado puesto que bien mirado para que demonios nos afeitamos los hombres si al día siguiente volvemos a tener barba?a mi al menos el afeitado me horripila!

  4. ana Says:

    Creo que tenemos la misma pereza para las mismas labores… hogareñas. 😉 Me identifico con tu post… excepto en lo de tender la ropa. A mí siempre me pilla mal. Supongo que es porque cuando termina la lavadora siempre coincide con ese momento en que creía que ya todo estaba terminado… justo en ese instante en que me iba a poner a leer, o a escribir, o a escuchar música… es entonces cuando algo me dice… ainsssss…. ¡¡¡terminó la lavadora!!!
    Y me mata… no veas lo que me mata… jajajajaja.

  5. Giancarlo Says:

    Que vida para mas pacifica Zambullida, a veces me gustaria tenerlo…pero me he acostumbrado a la urbe y toda su flora y fauna…

    Saludos

  6. Dimas Says:

    Perdona por invadir tu intimidad, pero no te preocupes , entro de puntillas y procurare no recargar la limpieza con mis torpes huellas.Me ha encantado el post porque hablas de lo cotidiano y nada hay mas hermoso que lo nos ocurre en esta vida que nos ha tocado vivir a cada uno. Adivino en ti una gran sensibilidad y por el polvo no sufras, el que te falta a tí , lo tengo yo en casa, aveces me atacan bolas de pelo enormes que se ocultan detras de la puerta ja,ja.

    En la vida mía: contemplo, escucho;

    lo que hacen y dicen: héroes y vagabundos.

    Las voces perduran en el tiempo,

    los actos, te convierten en algo.

  7. Emily Says:

    Que razón tienes en lo de la limpieza y yo, conociendo tu casa, te entiendo perfectamente. Me has hecho recordar el camino de los almendros que se ponía precioso en primavera. Aprovecha dentro de un par de meses para coger almendrucos… ¿ Te acuerdas?

  8. demiannicolas Says:

    Los almendros han acompañado mi vista y han sido aliados de juego desde la infancia. Subir a sus ramas, cortar los frutos maduros, comerlos con sal, chile y limón. Atar el mono araña de la abuela al pie del almendro. Y también tarea ardua recoger sus hojas a cambio de tanto placer!!

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