Reflejo

Ayer quedé por la tarde quedé con una chica a la que  conocí casualmente el verano pasado en la consulta de un hospital. Me sobrecogió su tristeza, su desamparo. Entablé conversación con ella y me enteré, entre otras cosas, que residía, desde hacia varios años, en el ala psiquiátrica del sanatorio. Un buen día la llamé y la pregunté si podía visitarla.  Era verano, pero la temperatura era agradable y estuvimos paseando por el jardín. Sin embargo, hubo un momento en el que su inquietud llegó a tal extremo que decidió refugiarse en su habitación; me pidió que la acompañara. Estaba desencajada y le temblaban las piernas;  se abrazaba a sí misma para tal vez darse ánimos o tratar de contener el espanto que le causaba la vida. Allí estuve con ella hasta la hora de la cena. Apenas hablé, tenía ganas de desahogarse y, por alguna razón, le inspiré confianza.  Me fui de allí contenta y desde entonces no he dejado de rezar por ella. A mediados de septiembre, me trasladé a lo que ahora es mi hogar y entre la escritura de la novela, las distancias y la incompatibilidad de horarios me fue imposible localizarla. La llamé varias veces, pero siempre estaba fuera. Buena señal, pensé: si los médicos la permitían abandonar el centro durante el día sería porque habría experimentado una notable mejoría. Un día  me topé con ella; iba con un chico (deduje que era su novio) y parecía otra: iba  arreglada ( yo la había conocido muy descuidada),  estaba más serena y el temblor de las piernas había desaparecido. Me alegré por ella. Volví a llamarla pasado un tiempo y, de nuevo, no pude hablar con ella. Me limité a enviarla una felicitación por Navidad. Ayer me acordé de ella y se me ocurrió llamarla.  No sólo estaba sino que insistió mucho en quedar conmigo; no tenía pensado ir a la ciudad, o al menos no tan pronto, pero accedí a sus ruegos. Estaba mejor que aquella tarde de verano que compartimos, pero peor que cuando la vi con aquel chico; resultó, tal y como imaginé, ser su novio y tras seis meses de noviazgo, habían roto, pese a que ella le seguía amando.  Al verla comencé a sentirme mal, muy mal. Me entró cierta angustia y sólo ansiaba salir corriendo. Pero ¿cómo iba a abandonarla? Tomamos un café, fuimos a misa ( la pobre, que raras veces frecuenta las iglesias, ya había ido por la mañana), era día de precepto, y luego con la excusa de mis molestias en el estómago, decidimos ir a por mi coche para llevarla de vuelta al centro. Fuimos paseando y de camino, entramos en una exposición de fotografía. Parece que la Eucaristía me había insuflado nuevas fuerzas. Luego, ya en el sanatorio, se empeñó en que la diera mi número de móvil. No quería hacerlo, pero fui incapaz de negarme. En ese momento, ya dirigiéndome a casa, me vino otra vez la angustia. No hacía sino preguntarme qué era lo que me había incomodado de ella teniendo en cuenta que la había conocido en circunstancias mucho peores. Muy sencillo: vi en ella mi propio desamparo,  mi soledad, mi impotencia, mi fragilidad, mi incapacidad para sortear los obstáculos de la vida… Supongo que el pasado verano, cuando la acompañé durante más de dos horas, encontrándose ella en un estado mucho más lastimoso que el de ayer, estaba yo más fuerte y me sentía más segura de mis capacidades.  Ahora, en cambio, aunque estoy levantando el vuelo, no hace mucho que estuve bajo tierra. No obstante, estoy viva y ella también.

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10 comentarios to “Reflejo”

  1. ana Says:

    Mi palabra es de silencio y mi mueca una sonrisa ante el corazón tan inmenso que te habita. Gracias Zambullida.

  2. GvA Says:

    Es lógico que el desamparo, la infelicidad, la fragilidad, etc. produzcan rechazo, y mucho más si nos sentimos identificados con la persona que los experimenta como si estuviéramos ante un espejo. Superar ese recelo implica, como ha dicho Ana, grandeza del alma, y por ella te felicito.
    No obstante, en mi opinión, la actitud más beneficiosa para ambas sería preguntarse qué puedes hacer por ella, qué le aconsejarías para superar su estado… seguramente al analizar la situación “desde fuera” hallarás “soluciones” que no se te ocurrirían si pensaras directamente en ti… Y si lograras aplicártelas, e intentaras (en la medida de tus posibilidades) que ella las aplique, podríais levantar el vuelo juntas y con la ventaja de un apoyo mutuo ante posibles recaídas…
    Ya sé que esto es más fácil de decir que de hacer, pero también creo que los pasos más difíciles (el primer contacto y la toma de conciencia de la similitud de los problemas) ya están hechos…
    Además, todos los que leemos el blog nos beneficiaríamos puesto que, conociendo tu generosidad, es seguro que compartirías los avances y las estrategias para conseguirlos…

    Saludos a tod@s.

  3. lqpons Says:

    EN TODOS LOS ESTAMENTOS DE LA SOLEDAD, EL DESAMPARO, TODOS O CASI TOS TODOS SOMOS AVE-FENIX. SALUDOS ZAMBULLIDA

  4. zambullida Says:

    @ ana y Lambertus: Gracias a los dos. Es cierto: todos tenemos la capacidad de resurgir. Todos.

    @ GvA: Una cosa es que yo me vea reflejada en esta chica y otra bien distinta que, en realidad, tengamos que ver la una con la otra. Simplemente, en un momento dado, vi en ella mi propia soledad y algo de mi desamparo, pero ni yo estoy ingresada en una institución psiquiátrica ni necesito ningún tipo de medicación. Aparte de mi déficit de atención y de mi hiperactividad cognitiva, no tengo ni enfermedades ni recaídas. Si a veces me hundo es porque estoy pasando por una etapa muy, muy dolorosa y porque estoy cansada de no dormir y de estar sola. Nada más. Por otra parte, nadie puede salvar a nadie, sólo Dios puede hacerlo. Como mucho, uno puede acompañar, dar una palabra de aliento, rezar… No tengo que buscar soluciones ni para ella ni para nadie ( aparte de para mí misma); si lo hiciera, no sólo estaría condenada al fracaso, sino que me estaría arrogando funciones que no me corresponden. Ella, afortunadamente, cuenta con el apoyo de buenos profesionales que velan por su salud física y mental y, viendo su evolución, me consta que están haciendo un gran trabajo. Además, a mí ni el desamparo ni la fragilidad me producen rechazo; pero a veces las circunstancias provocan emociones negativas que le sirven a uno para conocerse mejor. Eso es todo. Gracias por participar. Todas las opiniones son bienvenidas. Muchas gracias. Da gusto con vosotros, la verdad. No podría tener mejores lectores.

    @ Hesiquia: Gracias por pasarte por aquí y ¡ánimo con ese nuevo proyecto!

    @ Giancarlo: El fruto del servicio es la paz, la verdadera paz. No obstante, no soy tan buena como crees.

    @ NYC 1989: Probaré tu remedio casero, pero, por el momento, parece que no hace falta. Llevo dos días durmiendo a pierna suelta. Más de nueve horitas seguidas. Estoy como nueva.

    @ sunsi: En este caso me da la impresión de que no puedo aplicarme la bienaventuranza. Eso sí: los que bendicen, como tú estás haciendo conmigo, son a su vez bendecidos.

  5. Hesiquia Says:

    Querida amiga, he pasado a visitarte un minutito, como si comprara una baguette, solo para saludarte.
    No he tenido tiempo de leer tus dos últimos post por un proyecto nuevo en el que ando que me esta insumiendo mucha energía. Pero es expresarte el afecto y que pronto regresaré a solazarme con tus escritos.
    Un abrazo fraterno.

  6. Giancarlo Says:

    Habia leido una vez en el Talmud: “Quien salva a una persona, ha salvado al mundo”, hermoso acto de desprendimiento hacia los demas el que hicistes, lo que demuestra la gran persona que eres. en verdad ambas ganaron pues consiguieron fuerzas para seguir adelante.

    Saludos

  7. NYC 1989 Says:

    te he buscado un remedio casero de las abuelas para que puedas dormir, no pierdes nada y a lo mejor de ayuda: mete dentro de la almohada productos naturales como azahar, manzanilla y eucalipto. y antes de acostarte tomate una infusion de hierbabuena. no es dificil encontrar estos productos en cualquier supermercado. ya me contarás….. un besote

  8. GvA Says:

    No fue mi intención hacer un paralelismo tan extremo como el que has interpretado (institución psiquiátrica, medicación, etc).
    Ahora me doy cuenta que expresiones del tipo: “soluciones que no se te ocurrirían si pensaras directamente en ti…”; “podríais levantar el vuelo juntas y con la ventaja de un apoyo mutuo ante posibles recaídas…”; “la toma de conciencia de la similitud de los problemas…”, etc. no son suficientemente claras al respecto; pero te aseguro que me refería exclusivamente a los aspectos de soledad, desamparo o fragilidad… y nada más.

    Siento mucho el malestar que te haya provocado y espero que perdones mi torpeza.

    • zambullida Says:

      Estate tranquilo. GvA. Es normal que a través de este medio haya, de vez en cuando, malentendidos. Tu intención ha sido buena y eso es lo que cuenta. En cuanto a las torpezas, en eso soy la reina, créeme. Tranquilo. Gracias por leerme y por participar en este blog. Es un placer tenerte aquí.

  9. sunsi Says:

    Zambullida… He estado leyendo todas las entradas y pensaba comentar en la última. Después de leer “Reflejo”, no puedo dejar pasar la oportunidad de decirte felicidades. Felicidades por que ella te necesitaba y acudiste…porque no te apetecía darle el nº de móvil y se lo diste…porque hubieras salido corriendo y te quedaste. ¿Te das cuenta de que la Bienaventuranzas están tocando tu alma?… “Porque estuve desnudo y me vestite; enfermo y me visitaste…” …a pesar de que yo me siento desnuda y enferma…

    Dios te bendiga, querida Zambullida.

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