Sin miedo II

Una de las cosas que más pavor me inspira es la tecnología y, pese a todo, he sido capaz de montar este blog sin tener a un amigo a mi vera y sé que si me pusiera a ello, podría hacer mucho más. Para superar un miedo,  no hay más que enfrentarse a él, aunque a uno le tiemblen las piernas. Recuerdo mi primer ordenador: me lo regaló una amiga, era de tercera mano, un cacharro enorme que caminaba a velocidad de tortuga. No obstante, nunca antes había tenido uno, así que para mí era perfecto; estaba emocionada. Pasaron los años, y su “perfección” empezó a exasperarme. Cuando cerraba una ventana en “Windows” y para evitar que mi impaciencia me alterase los nervios, me tenía que dar un paseo por la casa o aprovechaba para ir al baño, beber agua o hacer cualquier otra cosa; el viejo cacharro se tomaba su tiempo. A mi regreso, la dichosa ventana seguía sin cerrarse. Pasaron los años y me compré un portátil, un flamante y nuevo portátil. Era tal el miedo que me inspiraba que estuve tiempo sin sacarlo de la caja, postponiendo el momento de encararle. Finalmente, me decidí a encenderlo, pero eran tantas sus exigencias, que temí no poder satisfacerlas, así que decidí envolverlo en su bolsa, empaquetarlo y guardarlo bajo la cama para evitar su mirada insidiosa, ésa que me recordaba mi ineptitud. A los tres años, superados ya mis miedos, cambié de portátil ( el viejo dejó de encenderse un buen día; no tuve más remedio), regresaron los sudores, las inseguridades. Llamaba a una amiga, a la que suelo recurrir en estos casos, y mientras se ponía al teléfono, yo misma era capaz de resolver aquel inexplicable misterio que había osado cambiar, sin mi permiso,  la configuración de mi pantalla. Del mismo modo, me ocurrió cuando monté el blog. Tan pronto me surgía una duda, saltaba la alarma y me dirigía presurosa al foro de ayuda. Cuando me llegaba la aclaración del moderador o de cualquier otro “blogger”, en la mayoría de los casos, ya había logrado resolverlo por mí misma. El pasado miércoles escribí un mensaje a WordPress: debía de haberse producido una pequeña catástrofe para que mi post del día saliera publicada con fecha 9 de marzo, siendo como era 8 de marzo. Según lo estaba escribiendo, se me ocurrió conectarme a un periódico digital y comprobé que verdaderamente era martes 9 de marzo y acababa de perder mi cita con el dentista.

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8 comentarios to “Sin miedo II”

  1. ana Says:

    Cuentas cosas que me resultan familiares… ;))

    Son difíciles las maquinitas… jajajajaja.

    Un abrazo.

  2. Novalis Says:

    “Para superar un miedo, no hay más que enfrentarse a él, aunque a uno le tiemblen las piernas”.

    Zambullida es por ahí.

    Cuando “un miedo” llame a tu puerta, abre gentilmente la puerta,mas si le observas y te amenaza entonces enséñale tus dientes,el miedo huirá despavorido para ocupar otra alma.

  3. Hesiquia Says:

    Escribes muy bien. Y este post, si se toma con la actitud adecuada es muy gracioso.
    Es ya una costumbre pasarme por aquí, equivale a la media cuadra que hago diariamente para comprar el pan. Hay días en que uno habla más con el panadero, otros menos; pero uno sabe que él está allí y él sabe que uno va a pasar… y en este saberse cotidiano ronda el misterio de la amistad.
    Hasta mas tarde.

  4. zambullida Says:

    @ ana: ¡ja,ja,ja!

    @ Novalis: gracias por participar; interesante aportación.

    @ Hesiquía: a mí también me gusta hablar con el panadero. Es un honor que me leas a diario.

    @ Lambertus: yo tampoco quiero tener miedos; pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Ahí estamos. Gracias.

    @ Aragón: no sé si sigo siendo la misma, la verdad. He madurado, mis prioridades han cambiado, aunque tal vez, en el fondo, sea todavía aquella chica alocada de Londres. Quedan rasgos, pero la esencia ha cambiado.

    @ vicenters: a mí me pareces muy valiente. A ti, me da la impresión, ya no hay nada que se te ponga por delante. Gracias por leerme y…, ¡bienvenido a mi blog!

    @sunsi: lo mejor es perderles el miedo, es como aprender a conducir: o el coche te lleva a ti o tú llevas al coche. La cita del dentista tuvo que postponerse; mañana por la tarde nos veremos las caras.

  5. LAMBERTUS Says:

    CUANDO VEIA BIEN, LA VERDAD ES QUE NUNCA ME DIO MIEDO MIEDO LA MAQUINA QUE ES EL ORDENADO, HE ESTADO MUCHOS AÑOS CON ELLOS Y PENSABA QUE SI SE ESTROPEABA SE VOLVIA A CARGAR OTRA VEZ Y YA ESTA, NO TENGAS MIEDO ZAMBULLIDA, PIENSA QYE HAY COPIAS DE SEGURIDAD QUE PUEDES LANZAR DE VEZ EN CUANDO Y SSI SOLO PIEDES LO ULTIMO EN EL PEOR DE LOS CASOS, NO QUIERO, NO DESEO QUE TENAGAS LOS MIEDOS PROPIOS DE LAS NOVEDADES, UN ABRAZO FUERTE

  6. Aragón Says:

    Después de leerlo y reconozco que me ha hecho gracia, he pensado, es ella, sigue siendo la misma en muchos aspectos a pesar del paso de los años, y he recordado situaciones muy graciosas que hemos vivido, fiestas, piscina, Londres…..
    Un beso.

  7. vicenters Says:

    Zambullida. He leido tu blog y me ha impresionado al máximo, hablas de miedo …..si eres una experta, ya quisiera yo tener la mitad de decisión que tu comentas y, aún que no lo dices tambien me gustaría tener un poco más de paciencia para intententar una y otra vez hasta conseguir lo que pretendo.
    Te comentaré una situación de la que no me sonrojo pero de la que en estos momentos si me arrepiento. En mi vida laboral pertenecí a la División
    General de Ingeniería y Construcción de una gran empresa eléctrica, soy un técnico que cuando empecé utilicé una regla de cálculo por la agilidad de tenerla siempre a mano en cualquier sitio, mis días profesionales terminaron con máquinas de calcular eléctronicas hay una gran diferencia. Pues bien, como cinco años antes de jubilarme me instalaron en el despacho un ordenador y en determinados momentos un monitor, me negué a utilizarlo.
    Creo que éste rello justificará lo jabata que eres. Un abrazo y mucho ánimo.
    .

  8. sunsi Says:

    Igualito, Zambullida…Hasta que mi amiga Tere, que de estos temas sabe un rato, me dijo: “He de confesarte un secreto. Estos cacharros no tienen “secretos”. Son tontos. Hacen sólo lo que tú les dices. Lo mejor es dejarse llevar por la intuición”.

    ¿Qué tal se portó el dentista? …

    Un beso, Zambullida.

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