Corazón roto

Ayer me levanté contenta, llamé a varias editoriales, escribí cartas de presentación y mandé el manuscrito a dos de ellas. Fue al llegar la tarde, al terminar el trabajo, cuando me llené de zozobra. La compañía de mis semejantes, a veces huidiza, me era vital. Llamé a varias personas ( a muchos no podría calificarlos de amigos, pero de algún modo tenía que librarme de la inquietud) envié mensajes, pero no sirvió de nada.  Mi prima, mi gran consuelo en estos casos, estaba de viaje. No podía soportar el desasosiego y, sin avisar, me presenté en casa de mi hermano a eso de las 9 y media de la noche. Sabía que no iba a recibirme con los brazos abiertos, pues mi presencia, lejos de alegrarle, le incomoda. Conforme me dirigía al portal, pensé que tal vez esa noche se produciría el milagro y que, aunque llegara sin avisar, a la hora de los baños y de las cenas, me acogería con el mismo cariño con el que mi prima me recibe en su casa cuando está ajetreada en mil y una tareas. Estos días de frío, en los que no apetece ni coger el coche, los he pasado en su casa: allí ceno ( a veces me llevo mi propia cena, a veces comparto la suya) sin tiritonas, hago mis estiramientos en su cálida alfombra y, si se tercia, me veo una película con su marido. En esa casa, en la siempre hay montañas de ropa por doblar y de calcetines desparejados, hay tanto amor  que uno se siente reconfortado y muy, muy a gusto. Todos los que allí habitan son entrañables: mi prima, su marido, sus tres hijos y hasta el pequeño, que se quejaba de mis visitas, se ha acostumbrado a mi presencia.  En esa acogedora casa, dentro de ese desorden que a mí me parece bello, existen también horarios; pero,   por encima de los horarios, están las personas. Recuerdo una vez, pasada la medianoche, a mi prima ayudándome a achicar agua del cuarto de la lavadora. Recuerdo también que una noche la llamé al móvil a las cuatro de la mañana.  Ella supo que algo grave me ocurría para atreverme a interrumpir su descanso: charló conmigo, me invitó a  irme a dormir a su casa, pero sus dulces palabras bastaron para sacarme de la angustia en la que me hallaba sumida aquella terrrible madrugada. Fue colgar e invadirme una gran paz que me llevó a dormir con una placidez que ya ni recordaba.

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5 comentarios to “Corazón roto”

  1. ana Says:

    Hay personas, que por sí solas son hogar… qué curioso, este comentario lo he dejado en dos blogs. Personas-hogar. Es un privilegio que la vida nos coloque al lado de ellas. Enhorabuena.

  2. LAMBERTUS Says:

    ZAMBULLIDA TE QUIERO VER ESCRIBIR COSAS ALEGRES, ALEJA DE TI LOS FANTASMAS INOPORTUNOS QUE NO TE HAGAN FALTA Y EXPULSALOS CON LA GRANDEZA QUE TE CARACTERIZA Y QUE DESCUBRO A TRAVES DE TUS ESCRITOS.
    UN FUERTE ABARAZO Y COMO DECIMOS LOS VALENCIANO “”ENDAVANT””

  3. rafa Says:

    Estoy tonto ,cuando fuy a guardarlo lo tenia en favoritos ,me gusta tu blog ,gracias amiga y me marcho a doblar calcetines sin pareja ,yo tanbien tengo unos cuantos por estos sitios .
    Cuidate y un beso.

    Y la libertad muchas veces nos hace menos libres ,que palabras mas contradictorias no ,pero es verdad.

  4. zambullida Says:

    @ Ana: sí, es un privilegio tener a mi prima tan cerca.

    @ Lambertus: la tristeza forma también parte de la vida y uno debe expresar sus emociones. Es mejor vivirlas, aun cuando sean dolorosas, que suprimirlas. El objetivo de este blog no es otro que el de expresarme en libertad. Habrá, como ya dije aquí una vez, días de risas y días de lágrimas. Gracias por estar ahí.

    @ Rafa: Tal vez podamos algún día casar todos nuestros calcetines desparejados ¡Bienvenido a mi blog!

    @ PUPLE: Si bien es cierto que esa “empatía moral” a la que te refieres se puede dar con “extraños”, para mí, los lazos sanguíneos son importantes y, al menos yo, no creo que pudiera amar a otros más de lo que ya amo a mi familia, aunque no sea perfecta.

  5. PiensoLuegoPiensoLuegoExisto (PLPLE) Says:

    Muy cierto, algunas personas más lejanas a veces suelen aportar más que las que tenemos muy cercanas.
    Yo creo más en una especie de ‘empatía moral’ (o de alma, si se prefiere) que los lazos sanguíneos en sí.

    Pero lo bueno de todo, es que siempre encontramos a nuestra horma, ya sea dentro de la familia, a la vuelta de la esquina o al otro lado del mundo (y hoy hasta ese contacto es posible).

    Saludos y suerte!
    PLPLE

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