La imperfección es saludable

Hoy ya no es pasado, sino lunes. Ayer decidí tomarme un respiro y volcarme en la novela. Es lo mismo que he estado haciendo a lo largo de esta mañana, ignorando el cansancio, porque anoche, como viene siendo habitual en estas últimas semanas, no dormí lo suficiente. Me he despertado agotada, pero aún así he terminado de editarla (debe de ser, como mínimo, la quinta o sexta revisión). Estoy convencida de que si le diera una nueva pasada, aún encontraría errores. Ninguna empresa humana es perfecta y, por ello, hace tiempo que lucho por arrinconar mi  perfeccionismo. Al escribir esto, me ha venido a la mente una anécdota que me ocurrió hace unos meses. Llevé el coche al taller del concesionario: al repararme un pequeño golpecillo, me llenaron el coche de polvo y barro; tal vez por el exceso de trabajo, olvidaron protegerme el volante y las alfombrillas con plásticos.  De paso, le pedí al encargado que me recolocara la matrícula delantera; desde que me lo vendieran, a comienzos de verano, la  había notado ladeada. Me llevé un libro para hacer mi espera más llevadera.  Sin embargo, no podía concentrarme en la lectura: no hacía más que pensar en esa matrícula con la que había sobrevivido tres meses sin ningún problema; no estaba perfectamente alineada, como la trasera, pero era mi matrícula y mi flamante coche nuevo no iba a afearse por esa ligera imperfección. Todos dicen que mi pequeño utilitario refleja muy bien mi personalidad. Entonces, siendo yo imperfecta, ¿para qué afanarme en poseer un vehículo perfecto? Me dirigí a la oficina del  jefe del taller. Estaba atendiendo a unos clientes acalorado, sudoroso; se le veía abrumado de quehaceres. Le dejé una nota sobre su mesa: “La imperfección es saludable, olvídate de la matrícula”.  Al rato, se acercó a la sala donde yo estaba esperando, me sonrió y me dio las gracias. Sólo tenían que acicalar el interior, pero, como muestra de agradecimiento, me limpiaron también el coche por fuera.

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Una respuesta to “La imperfección es saludable”

  1. Holle Frank Says:

    Esta vez el desafio idiomatico ha terminado en el entender de la historia.
    La historia es un buen exemplo de la vida cotidiana de las consequenzias buenas que pueden sequir por la imperfecion acceptada. Tratar de llevar este exemplo a cosas mas profundas es otra desafio. Que bien que sigas con tu novella!!!

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