Conforme iba leyendo «The Chosen», las lágrimas se me iban cayendo. Compasión, amor, perdón, respeto y una preciosa amistad, que sobrevive a las difíciles circunstancias que les tocan vivir a sus protagonistas. Eran tiempos bien distintos: el esfuerzo era el único modo de alcanzar las metas, así que no quedaba otra que asumir las responsabilidades y trabajar, trabajar mucho.
En aras de una causa justa, uno sacrificaba hasta la propia vida; poco se sabía de ideologías porque los principios morales todo lo envolvían y se temía alejarse de ellos por miedo a perder el rumbo, mientras las tradiciones eran respetadas hasta por los más jóvenes, por aquellos que aun cuando ya pensasen por sí mismos, sabían que había barreras que nunca deberían ser derribadas a fin de evitar que el caos y esa maldad, que tanto espacio ocupa en el corazón humano, acabasen venciendo a esas chispas de bondad que también se llevaban prendidas en el alma. Porque entonces se cuidaba el alma y se sabía que la satisfacciones carnales, aun siendo necesarias, no colmaban un vida de sentido y el existir precisa, por encima de todo, de significado. Y esa inquebrantable amistad me fascinó y, al tiempo, me entristeció pues el panorama es tan desolador… Sólo atendemos a lo que nos satisface de forma inmediata, a aquello de lo que extraemos provecho y en cuanto alguien deja de servirnos, lo desechamos como a un trasto viejo. Miro a mi alrededor y raras veces veo a alguien: mentiría si dijera que no ha habido manos amigas, pero en el día a día, cuando te entra la llantina, sólo hay vacío y silencio, de cuyas texturas podría escribir un tratado ¿Cómo puede uno vivir ignorando al otro?, ¿cómo? Y luego está la envidia, que todo lo emponzoña ¿Quién en su sano juicio podría envidiar a quien, como yo, nada tiene, NADA? Pues los hay, ante mi asombro, y me castigan con ausencias y desprecios. El Amor, tal y como demuestra esta bella historia, es indestructible, de ahí que uno, según va leyendo, se conmueva ante tanta belleza, ante esas relaciones humanas tan complejas que no tienen por qué acabar en dolorosas bofetadas. Algún día, tal vez no muy lejano, pueda yo también saborear una amistad así, tan pura y desinteresada.
P.D.: La novela a la que me refiero se puede encontrar en español en Ediciones Encuentro: «Los Elegidos» de Chaim Potok.
8 julio 2012 en 19:06 |
Ojalá y pronto, puedas saborear una amistad que te compense de todos los sinsabores sufridos en su búsqueda.
Un abrazo
12 julio 2012 en 22:56 |
Ojalá, ojalá. Hay amigos, pero viven fuera y los que están aquí andan liados con los hijos, el colegio, el trabajo…
8 julio 2012 en 19:26 |
HABLAS DE LOS PRICIPIOS MORALES QUE TE MUESTRA ESE LIVRO,NOTE GUSTARIA QUE EL MUNDO FUERA ASI, LA GENTE CADA UNO AS MARCHA Y AYUNDANDO A TODOS, LO SIENTO PERO ESO ES JOY UNA UTOPIA. POR OTRO LADO COMO NUY BIEN DICES LA ENVIDIA ES MUY MALA, TE LO DIGO POR EXPERIENCIA, ME LLEGAROS A ROBAR DELANTE MIS NARICES PARA HACERMO MICHO MAL, CLARO ESTA QUE SIEMPRE LO HE PUESTO ALDESCUEBIERTO, ANIMO NURIA TODOS HEMOS DE SOPORTAR LOS CAIVENES QUE NOS DA LA ESTA VIDA GALTA DE MORAL. UN ABRAZO.
PD. BARBRA HENIAL
12 julio 2012 en 22:58 |
EL CAMBIO QUE HA EXPERIMENTADO LA SOCIEDAD ES BRUTAL. TANTA OPULENCIA HA HECHO QUE NOS OLVIDEMOS DE LO QUE DE VERDAD IMPORTA. LA CRISIS, AUNQUE NOS ESTÉ MACHACANDO, ESTÁ IMPONIENDO UNA VUELTA A LO QUE ÉRAMOS ANTES.
8 julio 2012 en 21:02 |
Hablas de muchos defectos humanos, que conozco y comparto tus palabras.
Lo que no comprendo es tu afirmación de que ” ¿Quién en su sano juicio podría envidiar a quien, como yo, nada tiene, NADA?
Pues los hay, ante mi asombro, y me castigan con ausencias y desprecios.”
No lo veo así, y sé es así, nada valen los mismos. Nadie te va a poder quitar lo que sabes, lo que trasmites, la riqueza de tu espíritud…Nadie…
Si estuvieras cerca trataría de enseñarte una técnica de filtros, que se ponen a las fotos, ésas que tanto te agradan. Llevan tiempo, dan mucho trabajo, pero las satisfacciones son parejas. La técnica que deja trasparente la imágenes se llama.. Conversión.. Estupendo el nombre
No te parece ?
Un abrazo muy fuerte.
Hasta pronto.
12 julio 2012 en 23:01 |
Agradezco sinceramente tus palabras, Stella. Independientemente de lo que haga cada cual, de la misión que tenga encomendada, todos aportamos algo; nadie es mejor que nadie.
Para las técnicas, soy un desastre; me costaría un triunfo aprender. Me gusta lo de las transparencias y lo de la conversión. Interesante.
Gracias por pasarte, amiga.
9 julio 2012 en 11:41 |
Te comprendo. Yo no he podido o sabido conservar mis amistades y nunca he comprendido por qué se olvidan de mí con tanta facilidad. Un beso.
12 julio 2012 en 23:03 |
La amistad verdadera exige tiempo, paciencia, compromiso…, y esas cosas ya no se llevan. El caso es que luego dedicamos un montón de tiempo a esas redes sociales que no aplacan la soledad. Una pena.
9 julio 2012 en 11:42 |
Quizás todos necesitemos sentirnos valorados y valorarnos nosotros mismos, porque sentirnos importantes es un gran remedio contra las envidias a otros.
.
Si supieramos que cada vida y cada ser humano es importante, quizás odiariamos menos y nos valorariamos más a nosotros mismos.
Estupendo escrito, claro y bello, como siempre.
Un Abrazo
12 julio 2012 en 23:04 |
Supongo que detrás de la envidia, hay una baja autoestima. Si nos valoráramos en la justa medida, ni más ni menos, nos ahorraríamos un sinfín de sinsabores.
9 julio 2012 en 16:53 |
Que importante la amistad verdadera y que dificil de conseguir. Te deseo la mejor suerte en este terreno. Un saludo
12 julio 2012 en 23:04 |
Ciertamente difícil, Concha.
9 julio 2012 en 17:46 |
Mi abuelo me decía : ” A los buenos amigos, ya los conocerás” Y es que la amistad ( de la buena ) es un tesoro valioso que descubrimos en la adversidad.En los buenos tiempos, tenemos overbooking .En los malos, los verdaderos se descubren.
Un abrazo.
12 julio 2012 en 23:05 |
En los malos, salen todos como cohetes, ¿verdad’ Muy buena la frase de tu abuelo, Bypils.
9 julio 2012 en 19:48 |
La amistad… siempre me traé quebraderos de cabeza… para mi es el mayor tesoro!!!
Un abrazo
12 julio 2012 en 23:06 |
Es un tesoro; supongo que por eso cuesta tanto saborearla.
10 julio 2012 en 13:15 |
La envidia es terrible! y encontrar amigos de verdad es difícil.
12 julio 2012 en 23:07 |
La envidia, como dices, es terrible para el que la practica, que vive en un sinvivir, como para el que la padece. Me da la impresión de que el verdugo, en este caso, padece más que la víctima. Odiar siempre pasa factura.
10 julio 2012 en 13:38 |
Me parece estar leyendo un página de Carta a Hedda. Me refiero a la primera parte del post. Es un libro maravilloso.
12 julio 2012 en 23:08 |
¡¡¡ Gracias, mara !!! Me alegra saber que estás disfrutando con su lectura.
10 julio 2012 en 23:59 |
Las personas que pueden contar en todo momento con verdaderas amistades son muy, muy afortunadas aunque creo que no demasiado numerosas. El enloquecido ritmo de la vida moderna, sin tiempo para cultivar valores ni principios, puede tener algo que ver.
Nuria, ojalá todo cambie pronto y encuentres lo que mereces. Un abrazo.
12 julio 2012 en 23:09 |
Has dado en el clavo, juana. Antes era más fácil tener un amigo, aunque sólo fuese uno, ahora es casi un milagro.
Ojalá, juana, que tú también halles aquello que ansías. Besos.
12 julio 2012 en 22:41 |
Tiene buena pinta el libro que recomiendas. Voy a comprarlo, pero en español y este verano leeré The Chosen y Carta a Hedda.
12 julio 2012 en 23:10 |
Estar entre tus lecturas del verano es un placer. Gracias, Leticia.